El sepulcro y la estatua yacente

Situado sobre la puerta de entrada a la Capilla Conventual, el sepulcro y la estatua yacente de Ramón Berenguer II, conde de Barcelona, fueron obrados por el arquitecto y escultor Guillem Morell, o Morei, cuando en 1385 el rey Pedro III el Ceremonioso ordenó el traslado del viejo sepulcro de piedra, de la galilea al interior de la catedral, y que fuese forrado con sobrecubiertas marmóreas, y que esculpiese y depositase encima la estatua yacente del conde, vestido de guerrero. Por entonces Guillem Morell se encontraba ocupado en el levantamiento del primer pilar del proyecto fallido de las tres naves de la catedral.

El mismo proceso fué seguido con la bisabuela del conde, condesa Ermessenda de Carcassona; el mismo también ordenó el traslado y el embellecimiento de su sepulcro. El resultado del trabajo de Morell quedó situado delante de la tumba del Cap d'Estopes, y actualmente se puede ver en la Capilla de Santa Elena, conjuntamente con el sepulcro original en el que figura el ejemplo más antiguo conocido de los colores de Catalunya.

Relacionado con el personaje, en las arquivoltas de la puerta de San Miguel, se puede observar una imagen esculpida de halcón, recordando el papel legendario de esta ave fiel que señaló el lugar donde yacia, muerto, el Cap d'Estopes.

Ramon Berenguer II, el "Cap d'Estopes". La historia.

Nacido en 1053, era hijo de Ramón Berenguer I de Barcelona y de Almodis de la Marca, y hermano, probablemente gemelo, de Berenguer Ramón II. En el año 1076, a la muerte de su padre, recibió en herencia el condado de Barcelona conjuntamente con su hermano, dado que aquel no lo había dividido. Su sobrenombre se debe a tener una gran y espesa cabellera rubia.

Las relaciones con su hermano siempre fueron tensas, e intentó disputarle la herencia. Según el testamento de su padre, Ramón Berenguer I, los dos hermanos debían gobernar conjuntamente y en igualdad de condiciones, la situación real, no obstante, era de una cierta preeminencia de Cap d'Estopes.

Cuando estaba a punto de partir en una expedición hacia a Murcia, se vió obligado a prometer solemnemente el reparto con su hermano ante los obispos de Barcelona y Girona, y los vizcondes de estos condados y el de Cardona. A su regreso el conde dió a su hermano parte de la herencia contraída de su padre, recibiendo la paria de Lleida.

Hacia finales de 1077 el papa Gregorio VII envió a Girona su legado Amat de Oloron para dar impulso a sus ideas de reforma de la Iglesia. Éste aprovechó su estancia para intentar poner de acuerdo a los dos hermanos, que habían sido encomendados al Papa por su padre en su testamento.

Gregorio VII escribió en 1079 al obispo de Girona pidiéndole que actuase, conjuntamente con los abates de Ripoll, Sant Cugat y Sant Ponç de Tomeres, para poner fin a las discordias condales. A causa de esto, el mismo año, los dos hermanos se repartieron la ciudad de Barcelona con las tierras, castillos y casas de la comarca, del Llobregat al Besòs, Castellvell y su marca, Olèrdola, Vilafranca del Penedès, Vallmoll sus alodios, Eramprunyà, Benviure, Gavà, Pallejà, Garrosa, las Franquesas del Llobregat y otros dominios; y convinieron en que residirian alternativamente, durante seis meses, en el palacio condal o en las casas de Bernat Ramón.

En otro documento sin fecha se dividió también la residencia en el castillo de Port, y de las de Santa Perpètua, Montagut, Pontons, Vilademàger, Tamarit, Cubelles, Vilafranca del Penedès y Vallmoll. Las funciones soberanas quedaban indivisas, así como las rentas de los juicios, lezdas, mercados, moneda y unos patios en Barcelona. Pero Berenguer continuó reclamando, y en 1080 obtuvo de su hermano la definición de la mitad del castillo de Barberà, de la Bleda (Olèrdola) y de los condados de Carcasona y Rasès. Ramón prometió dividir todas las adquisiciones futuras, comprendiendo las naves que se construyesen y las que se adquiriesen. Permanecerian en indiviso las naves que entonces tenían, pero se repartirían por mitades las presas que hiciesen.

Hacia 1077 organizó una expedición a Murcia, para ayudar al rey sarraceno de Sevilla contra los de Toledo, Valencia, Granada y Málaga, que recibían soporte de Alfonso VI de Castilla. Esta expedición resultó un fracaso. Posteriormente los condados de Barcelona y de Urgell y la ciudad de Lleida se enfrentaron al rey sarraceno de Zaragoza y a consecuencia de esto el peligro islámico retrocedió, tanto por la parte de Lleida como por la actual Conca de Barberà.

En 1081, el Cid, enemistado con su rey Alfonso VI de Castilla, acompañado de su tropa, ofreció sus servicios primero al conde de Barcelona Ramón Berenguer II y después a Berenguer Ramón II, pero al ser rechazado, decidió ayudar a al-Muqtadir, rey de Zaragoza, que era tributario del Reino de Castilla. En el año 1082 en la batalla de Almenar venció a Berenguer Ramón II y le hizo prisionero. Una vez liberado, debió sentirse frustrado y esto empeoró su carácter.

El 5 de diciembre del mismo año de 1082, yendo el Cap d'Estopes de Barcelona a Girona, al pasar por un lugar boscoso y solitario, conocido después por la Percha del Astor, en Gualba (Montnegre), fué asesinado (1) por unos desconocidos, que posiblemente eran sus mismos acompañantes. El cadáver fué lanzado al, después denominado, Gorg del Comte o de la Percha del Astor, y allí fué descubierto por el astor que llevaba la víctima, que habría guiado a los que le buscaban.

La voz popular acusó en aquel momento a su hermano como instigador de su muerte, motivo por el cual Ramón Berenguer II es conocido como el Fratricida. El cuerpo del asesinado fué llevado a Girona y sepultado en la catedral.

En 1078 se casó con Mafalda de Pulla-Calabria, hija de Robert d'Hauteville y duque de Calabria. De este matrimonio nacieron la infanta Almodis de Barcelona, casada después de 1105 con Bernat Amat, vizconde de Cardona, la infanta Mafalda de Barcelona, casada con Arnau Guillem, vizconde de Fenollet y el infante Ramón Berenguer III (1082-1131), que fué conde de Barcelona, i fué designado heredero el mismo año de su nacimiento, pero tuvo la tutela de su tio Berenguer Ramón II hasta la muerte de éste en 1097.


La leyenda. La muerte del Cap d'Estopes, de Joan Amades (1890-1959).

Ramón Berenguer II, el Cap d'Estopa, y Berenguer Ramón, el Fraticida, eran hermanos y los dos gobernaban a la vez los destinos del Estado; medio año ostentaba el poder uno de lps hermanos, y la otra mitad, el otro. El que gobernaba vivía en el Palacio condal de Barcelona, mientra que el que esperaba turno pasaba a vivir en el castillo de Port, situado en la cima de Montjuïc, en la veertiente sobre el Llobregat (castillo del cual han existido aún unas ruinas hasta hace una treintena de años y que fué totalmente destruído al ensanchar el perímetro del Cementerio Nuevo y hacer la tapia de éste por su parte más alta).

Un año, para celebrar el traspaso del gobierno del uno al otro, decidieron dar una gran cacería. El Cap d'Estopa tuvo un sueño terrible: soñó su real capa da armiño manchada de sangre y como si le arrebatasen la corona. Al iniciar la marcha y dejar el castillo, sobre éste y por la parte habitada por el Cap d'Estopa, habían unos densos nubarrones, mientras que el sol más brillante tocaba la otra parte. Todo esto fué considerado como de mal augurio, que casi indujo al conde a abandonar la cacería; pero, decidido, siguió adelante. Durante toda la marcha, el halcón que llevaba atado a la silla del caballo no paraba de saltar al suelo, como queriendo señalarle un peligro.

Llegados al lugar de la cacería, cerca de Hostalric, todos echaron a andar cada uno por su lado. Al poco de haber empezado la caza, Berenguer Ramón ordenó comunicar a su hermano que ya había cobrado dos preciosas aves y que iba a llevarlas a su mujer en Girona. El Cap d'Estopa se encontro solo entre unos cañizales, cerca de un estanque, teniendo siempre cerca su halcón, que no paraba de revolotear y hacer cosas extrañas, que aumentaban el mal humor del conde y le hacían temer algo desagradable. De repente, le pareció ver pasar una figura cerca de él, medio oculta entre las cañas. Su halcón se le abalanzó con sus patas sobre el corazón y lo tapó con sus alas. Cuando menos lo esperaba, el conde se sintió herido por una mano misteriosa armada de un puñal. La capa del conde se manchó de sangre y también el ala del pobre y fiel halcób, que enseguida empezó a chillar y, revoloteando, huyó hacia donde se encontraban los otros caballeros cazando; no paró de llamar su atención hasta que consiguió que le siguiesen y los llevó hacia la ribera del estanque, donde encontraron muerto el conde Ramón Berenguer. Éste, durante el camino hacia la cacería, como sintiendo un extraño presentimiento, había dado su espada al vizconde Folch de Cardona encargándole que con ella le defendiese si le pasaba cualquier cosa.

Seguidamente se organizó una comitiva hacia Girona. Al presentarse el hermano de la víctima, el conde Berenguer Ramón, todos los caballeros se miraron y se entendieron sin hablar. El halcó del Cap d'Estopa, que no se había separada para nada del cuerpo de su amo, se puso a chillar, como queriendo decir que él era el asesino. Todo el mundo vió aún en la capa real el rastro de una mancha de sangre. Al cantar el responso el chantre de la seo gerundense, llevado por una fuerza irresistible e inconsciente, no pudo evitar decir: "Caín, que has hecho de tu hermano Abel?" El halcón del Cap d'Estopa, durante toda la ceremonia religiosa, no paró de revolotear por encima de la cabeza del hermano del asesinado.

En la sala del Tinell del castillo de Port de Barcelona se celebró el juicio del hecho estando sentado en su trono el conde Berenguer Ramón, presentes todos los otros magnates y nobles de la tierra. El vizconde Folch de Cardona hizo de juez, atendiendo la demanda del Cap d'Estopa. Entre muchas otras cosas, remarcó que su señor había sido muerto por mano de puñal, arma que ningún caballero de los de la cacería llevaba, solamente los dos condes; que el puñal no había podido ser el del muerto, puesto que éste lo llevaba al cinto, limpio de cualquier mancha, y que además había sido herido por la espalda, herida que él mismo no se habría podido hacer; que, en cambio, el conde Berenguer, allí presente, no llevaba su puñal real, puesto que, manchado por la sangre de su hermano, le había caído al suelo en el lugar del crimen. En efecto, el hermano, pálido, se llevó la mano al cinto y no encontró el arma. Dijo también que creía que vendría otro acusador más elocuente que él. Finalizada la acusación, nadie había dicho nada más en contra del conde; entonces el de Cardona pidió que se abriesen las ventanas, ya que del Cielo esperaba un nuevo acusador. Abiertas éstas, compareció el halcón del difunto conde, que, entrando en la sala, dió varias vueltas y acabó posándose sobre la cabeza del conde Berenguer, le arrebató con sus garras la corona y la lanzó al suelo. Todo el mundo creyó al halcón como enviado por el Cielo, representando la divina justícia. El vizconde de Cardona retó y desafió el conde Berenguer delante de la corte del rey de Castilla para pedirle cuentas de la muerte de su hermano.

Según las costumbres de aquella época, cuando un caballero pedía a un rey un juicio contra otro, éste no podía negarse a aceptarlo, dado que, si lo hacía, se convertía él mismo en culpable del delito atribuído. Debía aceptar el duelo, y si perdía sería considerado culpable y atraería sobre sí todo el peso de la culpa y todo el rigor de la justícia, puesto que era creencia que la cosa tomaba un carácter sagrado y que Dios ayudaba y protegía el bueno y abandonaba o castigaba el malo haciéndole perder en la brega. Berenguer, forzado, tuvo que aceptar, delante de la corte de Castilla, el reto que le había lanzado Folch de Cardona. Después del primer ataque, cayó al suelo vencido; entonces el vizconde le apuntó al corazón con la espada de su hermano y le hizo confesar que él era el autor de su muerte. Después de tal afrenta y tal deshonra, el conde renunció a la corona en favor de su sobrino, hijo de Cap d'Estopa, y se fué a luichar en las cruzadas, donde mató infieles y guerreó como un sencillo caballero.


Notes:

(1) - Muerto el dicto Remon Berenguer Viello, regnó su fillo Remon Berenguer, el cual varon fué noble ét muyt ardido en armas et fué ome benigno, dulz et piadoso et alegre, et proz et fué muyt bello de cuerpo, por tal como hauía grant espesseza de cabellos á la cabeza fué clamado Cap. de estopa; et huuo por muller la filla de Rebert Guisarch, duch de Pulla et de Mecina, de la qual procreó vn fillo qui huuo nombre Ramon Berenguer. Et la ora viuía el conde Ermengon de Gerb. conte de Urgel de susodito. Et en el condado de Bisuldu Bernart Guillem, fillo Denguillem Bernart Gordo et en Cerdaña Guillem Ramon. Et regnando el dito conte Remon Berenguer en el dito condado de Barchinona, Don Berenguer Ramon su hermano mouido de grant inquidad et inuidia, porque lur padre hauíale mas honrrado que a éll, vn dia yendo el dito Conte por su camino, en vn lugar que ys clamado Peita sitiado entre Girona et Sant Celóni mató el dito Conte. De la qual cosa toda la tierra huuo gran duelo et desplacer. Mayorment como por tal razon yera muerto. Et encontinent toda la tierra se leuantó contra el dito Berenguer Ramon el qual entendia seer conte. Et muyt vilment gitáronlo del Condado. Por aquesti pecado el dito Berenguer Remon perdió la faula et fué muyt vituperado et yrado por todo el mundo et fuesen en Iherusalem et murió pelegrino. Et el dito Remon Berenguer Cap destopa regió el condado VII años et murió en edat de XXV años; en el año de nuestro Senyor MLXXXII, et fué soterrado en la Seu de Girona.

Así lo describe el capítulo XXX Del conde Remon Berenguer en la "Crónica de San Juan de la Peña", crónica historiográfica medieval escrita por iniciativa del rey Pedro IV de Aragón que comprende la historia del reino de Aragón desde sus orígenes condales y de la posterior Corona hasta la muerte de Alfonso IV (1336). Fué escrita en su primera redacción en latín hacia 1342 por el secretario real Tomás de Canelles ampliando unos anteriores anales de los reyes aragoneses y navarros. Del texto se conservan tres manuscritos. Dos se encuentran en la Biblioteca del Escorial. El primero (con la signatura L-II.13) es de finales del siglo XIV. El otro es de hacia 1470 (sign. N-I-13) que incorpora adiciones de Martín de Larraya del siglo XVI. El último, que data del siglo XVI, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid (ms. 2078).

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Plano de situación del sepulcro del Cap d'Estopa.

Detalle del sepulcro.

Detalle del sepulcro.

Estatua yacente y sepulcro de Ramón Berenguer II Cap d'estopes.

Arquivoltas exteriores de la puerta de San Miguel, con el halcón, en la parte derecha.

Imagen esculpida del halcón en las arquivoltas de la puerta de San Miguel.

Crónica denominada de San Juan de la Peña (fol. 1r). manuscrito de entre 1369 y 1372 (Wikipedia).


Bibliografia:

  • La Catedral de Girona. Joaquim Nadal i Farreras, y otros. Ayuntamiento de Girona / Lunwerg Editores, 2002. ISBN 84-7782-939-X.
  • Catedral de Girona. Marc Sureda i Jubany. Ediciones Aldeasa, 2005. ISBN 84-8003-874-8

    Fotografías tomadas por gentileza del Capítulo de la Catedral de Girona.

    Web de la Catedral


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