Jacques Louis David Napoleón Bonaparte en su estudio. (Wikipèdia).


Gouvion Saint-Cyr (Wikipèdia)


Joseph Bonaparte (Wikipèdia)


Portada del catálogo editado con motivo del 150 aniversario de los sitios de Girona, 1959.


Monumento levantado en 1909 dedicado a los defensores de la ciutat durante los sitios de 1808-1809, sobre el baluarte construido en 1654 con sillares procedentes del hospital de Santa Caterina, emplazado en el mismo sitio y derruido el mismo año por razones de estrategia militar.


Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Mariscal de campo con uniforme de campaña, 1809 (Mariano Alvarez de Castro).
Dibujo de Fèlix Xunclà publicado en el Boletín nº 2 de "El Baluard", 1997.


Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Teniente general con uniforme de gala a caballo, 1809 (Joaquín Blake Joyes).
Dibujo de Fèlix Xunclà publicado en el Boletín nº 2 de "El Baluard", 1997.


Pieza de artilleria francesa. Sistema Gribeauval.


El mariscal Louis Gabriel Suchet (Wikipèdia).


Antoine-Jean Gros, La rendición de Madrid, Musée National des Châteaux de Versailles (Wikipèdia).


Charles Pierre Françoise Augereau (Wikipèdia).


El general Álvarez de Castro (CL aniversario de los Sitios de la inmortal Gerona. Breve reseña histórica).


Bando del general Àlvarez de Castro, del 1 de abril de 1809 (CL aniversario de los Sitios de la inmortal Gerona. Breve reseña histórica).


Banderín conmemorativo del 150 aniversario de los sitios de Girona. Colección particular, Girona (14 x 20,5 cm).


Lámina con uniformes del regimiento Ultónia. Zapadores y banda de tambores y pífanos. Dibujo: Joaquim Pla i Dalmau. Colección particular, Girona.


Lámina con uniformes del regimiento Ultónia. Banda de música. Dibujo: Joaquim Pla i Dalmau. Colección particular, Girona.


Lámina con uniformes del regimiento Ultónia. Tropa con banderas reglamentaria y tradicional. Dibujo: Joaquim Pla i Dalmau. Colección particular, Girona.





Anverso y reverso de una moneda obsidional emitida en Girona durante los sitios. Corresponde a un valor de un duro. 1808. Colección particular, Girona.


Edificaciones de la Torre Gironella. Estado actual.


Muro exterior de la Torre Gironella. Estado actual.

La Guerra de la Independencia

1. Los antecedentes

Después de la Gran Guerra, Girona se encontró sometida a un período de considerables dificultades derivadas del enfrentamiento de los ejércitos de la monarquía española y de la Francia revolucionaria. A pesar de no haber estado implicada de una forma directa en el aspecto bélico, sus consecuencias afectaron la población y la economía. Ramon Alberch (Girona i les guerres del Francès, en Història de Girona, ADAC), da las siguientes cifras comparativas: entre los años 1787 y 1797 en Girona se dieron 3.079 nacimientos y 3.350 defunciones, lo que da un balance negativo de 271 habitantes. En el año 1787 se contabilizaron en la ciudad 8.014 habitantes, y diez años más tarde, en 1797, 7.120; una pérdida, por tanto, de 894. La emigración hacia Girona, consecuencia del conflicto, hizo que entre el 1794 y el 1795 la ciudad aumentase su índice de natalidad y casi triplicase el de mortalidad y nupcialidad. El precio del trigo se disparó y alcanzó el nivel de carestía más alto de todo el siglo.

Este contexto se prolongó hasta inmediatamente antes de la Guerra de la Independencia, momento en el que la ciudad se encontraba con una actividad económica en clara recesión y con una buena parte de las fuentes de riqueza en manos de nobles y de la iglesia. Las tropas francesas hicieron su primera entrada en Girona el 10 de febrero de 1808, siguiendo el ideal imperial anexionista de Napoleón, tropas que, con el pretexto de pasar a Portugal, se instalaron por todo el país. En el caso de Girona, estos, después de inspeccionar las defensas de la ciudad, las consideraron ineficaces, y siguieron su camino hacia Barcelona, sin despertar inicialment demasiadas inquietudes entre los habitantes.

La práctica ocupación que los franceses llevaban ca cabo por toda Catalunya, no obstante, pronto despertó la conciencia del pueblo y provocó una mobilización general para oponerse a ella. En Girona, en junio de 1808, se creó una Junta de defensa muy influída por la clerecía y el sector más popular a pesar de las reticencias iniciales de las clases bienestantes y del propio gobierno de la ciudad.


2. Girona en el año 1808 y primer sitio de Girona.

Las defensas de Girona, las muralles y los fuertes que se habian levantado a su alrededor, habian sido descuidados hasta el punto que algunas fortificaciones se habian convertido en masias y cedidas en arrendamiento a cultivadores de tierras. Durante la Gran Guerra, en 1794, y después de haberse perdido el castillo de Figueres, se realizaron diversas obras de mejora en las murallas y fortificaciones exteriores gerundenses; pero, al finalizar el conflicto bélico, se abandonó la conservación de las defensas. Los fosos estaban ocultos por la hierba, las murallas cubiertas de hiedra, y las fuerzas que guarnecian los castillos y reductos los fueron abandonando. Esta situación abocó en un estado considerablemente precario de las murallas y los fuertes de Girona el 1808. De este abandono dejó constancia el informe que emitieron los visitantes napoleónicos de la ciudad.

El fuerte que mejor estaba mantenido era el de Montjuïc; conjuntamente con los demás -Condestable, Reina Ann y de Capuchinos-, situados en la cresta de Las Pedreras-, así como los reductos de la Ciudad y del Capítulo, que aseguraban la comunicación de la ciudad con los fuertes enunciados, y el pequeño fuerte del Calvario, que dominaba el Valle de San Daniel hasta el pie de las murallas, formaban el sistema defensivo de la ciudad por la parte de la montaña.

El barrio del Mercadal, la parte situada a la izquierda del rio Oñar, estaba protegido por una muralla construida en el siglo XVI, a la que se habian adosado, más tarde, cinco baluartes y, como defensa avanzada, en el paraje de la Dehesa, un pequeño baluarte denominado Luneta de Bournonville. La muralla del Mercadal tenia numerosas torres semicirculares adosadas; el muro tenia una altura de entre seis y siete metros sobre el nivel del foso, y la muralla de los baluartes, construida según el sistema Vauban, tenia una altura menor que la de la muralla que constituía el circuito del barrio.

La dotación militar de la ciudad era, entonces, de 300 soldados del regimiento de Ultónia, comandandados por el teniente coronel Pedro O'Daly y el comandante Juan O'Donovan. Para poder disponer de un número mayor de efectivos, se organizaron compañías de Miqueletes, con los que se formaron dos Tercios (el I y el II de Girona); también se incorporaron algunos marineros de Sant Feliu de Guíxols, como artilleros, dado que habian servido en la escuadra, todos ellos bajo las órdenes del gobernador interino Julián de Bolíbar.

Mapa del sitio de Girona de 1809 (Wikipèdia).


3. El ataque del 20 de junio.

Después de haberse producido el levantamiento contra la invasión napoleónica, la ciudad consideró imprescindible y urgente poner en condiciones, si era posible, las defensas de la ciudad; nadie dudaba que pronto se produciría el ataque del ejército francés. Se constituyó una Junta de Gobierno, integrada por 31 miembros, y dividida en tres ramas -gubernativa, militar y económica-, y fué designado presidente el teniente de rey Julián de Bolíbar, gobernador interino de la plaza. Todo lo que durante tanto tiempo habia sido abandonado era necesario adecuarlo con urgencia para defenderse: se repararon las murallas y los caminos que conducian a los fuertes, se limpiaron y profundizaron los fosos de las murallas, dejándolos así en condiciones de defensa, se recogieron municiones y avituallamientos, y también se procedió a instalar hospitales para la cura de heridos.

El general francés Duhesme, entonces comandante de las fuerzas napoleónicas que ocupaban Barcelona, al enterarse del levantamiento de Girona, y en previsión de mantener las comunicaciones con la frontera francesa, decidió atacar por sorpresa la ciudad. Así, el 16 de junio de 1808, dia de Corpus, Duhesme salió de Barcelona con la división Lechi, siete batallones, cinco escuadrones y ocho piezas de artilleria, en total un ejército de 5.000 hombres, en dirección a Girona; el 20 de junio llegó a las cercanías de la ciutat, en Fornells, a primeras horas de la madrugada.

Duhesme envió a la ciudad mensajeros para pactar una capitulación que pusiese fin al levantamiento, propuesta que fué rehusada; ante esta situación, envió un ataque contra los baluartes de la Merced y el de San Francisco. La fuerza que guarnecia la ciudad y los civiles que se acercaron, desde las murallas, rechazaron los ataques franceses. Habiendo el general francés parado el ataque durante el día, lo intentó otra vez durante la noche, momento en el que atacó el baluarte de San Pedro o Santa Maria, sin obtener ningún resultado. Paralelamente, entre las 11 y las 12 de la noche, los franceses simularon un ataque al baluarte de San Francisco y al puente sobre el Oñar. Desde las murallas y baluartes inmediados se les hizo fuego y los atacantes se retiraron; pero seguidamente unas columnas se lanzaron contra el baluarte de Santa Clara, donde conseguieron apoyar unas escalas a los muros del baluarte, entrado y avanzando. Este estaba defendido por 50 ciudadanos, una sección de Ultónia y algunos artilleros encargados de maniobrar dos cañones que habia, fuerzas que tuvieron que replegarse a la gola del baluarte. Un contingente del regimiento Ultónia, de la reserva preparada, y más ciudadanos armados, acudieron y lanzandose contra los franceses, les obligaron a retirarse causandoles pérdidas importantes.

Duhesme, viendo el nulo resultado de sus ataques por sorpresa, decidió retirarse para preparar más tropas y la artilleria suficiente para establecer un sitio en toda regla. A la madrugada siguiente, sus tropas iniciaron la marcha hacia Barcelona. Durante su retirada, fueron hostilizados por grupos de somatenes y de civiles organizados en pelotones, ataques que provocaron considerables pérdidas en hombres y, muy especialmente, en materiales.

Los gerundenses, según la documentación de la época, atribuyeron su victória, en buena parte, a la protección de San Narciso, patrón de la ciudad, que fué designado, honoríficamente, jefe de las tropas gerundenses, y con este motivo, durante una ceremonia celebrada en su capilla, fueron depositados los emblemas del mando en su sepulcro.


4. Segundo sitio de la ciudad (julio-agosto de 1808).

Después del mencionado ataque a la ciudad, el 20 de junio, llegaron a la ciudad algunas tropas para reforzar la guarnición: dos batallones del regimiento de Borbón y el segundo batallón de Voluntarios de Barcelona; todo el mundo esperaba un nuevo ataque, esta vez mucho más importante, de los franceses. El día 20 de julio, y esta vez por la zona de Palau, se presentó otra vez el general Duhesme, con más fuerzas que la ocasión anterior, y con numerosa y potente artilleria. Rápidamente dispusieron los emplazamientos de las piezas, desviaron las aguas de la acéquia Monar, y dirigieron sus ataques contra la ciudad y los fuertes.

Consiguieron abrir una brecha en uno de los muros de Montjuïc, brecha, pero, que no consiguieron pasar, y el bombardeo de la ciudad provocó graves daños y peligrosos derrumbes. Durante los ataques franceses a la ciudad, en Hostalric se iban concentrando tropas y acumulando víveres para socorrer Girona. El general Conde de Caldagués comandó la expedición y el convoyque se dirigió hacia Girona, siguiendo caminos emboscados por Cassá de la Selva, y llegar a Castellar, a pocos kilómetros de la ciudad, donde se unieron a la columna contingentes de 800 somatenes comandados por Milans del Bosch y Juan Clarós con 2.500 voluntarios y algunos destacamentos de Guardias Españolas y Valonas procedentes de la vencida Rosas. El 20 de agosto, en su via hacia Girona, atacaron por San Daniel, a la vez que los defensores de la ciudad organizaban una fuerte columna que salió de la ciudad y también atacó los sitiadores; los somatenes de la comarca de Banyoles también atacaron por la ribera izquierda del Ter, entre Salt y Sarriá. Ante el ataque múltiple y simultáneo, las tropas de Duhesme iniciaron una retirada, dejando detrás de ellos cañones, víveres y efectos diversos que habian acumulado para llevar a cabo el sitio.

La retirada de Duhesme fué difícil y peligrosa, dado que los caminos que reseguían la costa del Maresme estaban guardados por buques ingleses y españoles que les hostilizaban constantemente, mientras que en los del interior, las partidas de somatenes hacian aún más dificultosa aquella retirada.

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Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Izquierda: Mariscal de campo con uniforme de campaña (Joaquim Ibañez, barón d'Eroles, 1812). Derecha: Brigadier con uniforme de diario, con capot (Blas de Fournás, 1808-1814).
Dibujos de Fèlix Xunclà publicados en Boletín nº 4 de "El Baluard", 1998.

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Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Izquierda: Reg. de Infanteria de Borbón. Coronel con uniforme de campanya (Brigadier Conde de Caldagués, 1808). Derecha: Regimiento de infanteria de Ultónia. Coronel con uniforme de diario (1808-1814).
Dibujos de Fèlix Xunclà publicados en el Boletínbnº 5 de "El Baluard", 1999.

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Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Izquierda: Reg. Granada de infanteria de línea. Sargento mayor con uniforme de gala (1805-1811). Derecha: Regimiento Soria de infanteria de línea. Capitán de granaderos con uniforme de campaña (1805-1811).
Dibujos de Fèlix Xunclà publicados en el Boletín nº 5 de "El Baluard", 1999.

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Uniformes de la Guerra de la Independencia en Girona. Izquierda: Brigadier con uniforme de campaña y diario (Julián de Bolíbar, 1809). Derecha: Mariscal de campo de artilleria, uniforme de diario (Joaquín de Mendoza, 1808).
Dibujos de Fèlix Xunclà publicados en el Boletín nº 3 de "El Baluard", 1998.


5. El tercer sitio.

Después de los hechos de Girona, la posición de Duhesme no era firme en absoluto; haber sido rechazado dos veces por los defensores de Girona le colocaba en una situación que propiciaba la creencia que era posible la lucha contra los franceses, y que provocó la entrada de un nuevo ejército comandado por el mariscal Saint-Cyr por la frontera de La Jonquera. Atacó la plaza de Rosas, lo que hizo que pudiese disponer de un buen puerto para le provisión de su ejército, a la vez que no dejaba detrás, en su avance hacia Barcelona, ninguna plaza fuerte en manos de sus enemigos. Después de una dura defensa, las tropas francesas se apoderaron del fuerte de la Trinidad y de la villa el 6 de diciembre de 1808.

Vencida la resistencia de la población ampurdanesa, Saint-Cyr se apresuró en llegar a Barcelona, donde Duhesme se encontraba bloqueado. Para apresurarse, y pensando que pararse en Girona, que era paso natural obligatorio hacia la ciudad condal, supondria tener que vencer la resistencia de los gerundenses, eludió el paso y desvió sus tropas hacia al Bajo Ampurdán.

Cuando el ejército de Saint-Cyr entró en Cataluña por La Jonquera, el ejércit español destacó una vanguardia de observación que se instaló en la ribera derecha del Fluviá; al frente de estas tropas figuraba el general Álvarez de Castro. Este, debiendo retirarse de la línea por un ataque de los invasores, se afianzó en las defensas de Girona. El capitán General de Cataluña dió a Álvarez la orden de que uniese a su cargo de comandante de la vanguardia del ejército de Cataluña, el de gobernador de Girona y sus fuertes. Como suplente de Álvarez quedó Julián de Bolíbar, quien ostentaba este cargo de una forma provisional. Álvarez, unos meses antes, había tenido que entregar a los napoleónicos la fortaleza de Montjuïc de Barcelona, obedeciendo órdenes expresas del capitán general Ezpeleta. Cuando se vió responsable de la defensa de Girona, se propuso no rendir la ciudad bajo ningún concepto. El primero de abril de 1809 publicó un bando en el que amenazaba con la pena de muerte a todo el que hablase de rendición o capìtulación.

Saint-Cyr ordenó al general Reylle que la división que mandaba, de 10.000 hombres, se concentrase en Báscara y, desde allí se dirigiese a Girona. El 5 de mayo de 1809, aquellas fuerzas ocuparon la Costa Roja, Campdorá y la montaña de San Miguel, en los alrededores de Girona. Otras fuerzas francesas fueron llegando delante de la ciudad y se situaron a su alrededor, estableciendo un círculo completo con el objetivo de, en pocos días, rendir la ciudad. El mando general de las fuerzas francesas fué encomendado al general Verdier, quien se dispuso a instalar las piezas de artilleria para abatir las defensas de Girona.

El pla de Verdier consistía en apoderarse, primero, del castillo de Montjuïc y, desde este, atacar el sector de muralla más próximo: la torre Gironella en el sector más elevado, la cortina de San Cristóbal, la de Manegat, los muros de la parte oriental de la Seo, el baluarte de Sarracinas la muralla de Santa Lucía, al pie de la montaña de Montjuïc.

El 19 de junio fué atacada la torre de San Luís, que era la avanzada de Montjuïc por la parte noreste; ante el ataque francés fué abandonada por los escasos defensores que la guarnecían, que se refugiaron en el castillo de Montjuïc. Lo mismo sucedió con la torre de San Narciso. Unos días más tarde también fué abandonada la torre de San Daniel, otra avanzada del castillo.

El 8 de julio, por un descuido de un artillero, se produjo un incendio en el almacén de pólvora de la torre de San Juan, situada a media montaña de Montjuïc, incendio que provocó una fuerte explosión y el derrumbamiento de la defensa. Toda la guarnición quedó muerta o herida; solo se salvaron ocho hombres. La destrucción de esta torre, que aseguraba la comunicación entre la ciudad y Montjuïc, fué una pérdida muy important para los hechos que se sucedieron. Mintras, los franceses iban aumentando el número de baterías y sus piezas de artilleria.

El 2 de julio, el mando francés envió al general Álvarez un mensaje proponiéndole entablar negociaciones para detener la lucha delante de Girona, propuesta a la que Álvarez respondió, desde su vivienda en la Casa Pastors, en la plaza de la Catedral, como en él era de esperar; que no había nada que tratar y que en adelante, no le enviasen más mensajeros, dado que estaba decidido a no recibir ni tener consideración hacia ningún parlamentario ni trompeta que el comandante francés pudiese enviarle.


5.1. Los cuerpos ciudadanos.

En esta situación de sitio, en la ciudad es organizaron, per una parte, la llamada Cruzada Gerundense, y por otra la Compañía de Damas de Santa Bárbara. La Cruzada se constituyó como un refuerzo de los cuerpos militares de la ciudad, totalmente insuficientes para guarnecer las murallas y lo diversos fuertes que rodeaban la ciudad. Reunió más de 800 hombres, y se constituyó en ocho compañías, clasificadas por oficios:había la de los clérigos seculares, la de los clérigos regulares, la de los estudiantes, y las de artesanos, gente de posición, constructores, etc. También se organizó una compañía de 60 hombres, llamada Compañía de Reserva, bajo las órdenes directas del general Álvarez de Castro. Los hombres de esta compañía le servian de escolta, y le acompañaban cuando inspeccionaba las murallas o los fuertes de los alrededores. Las mujeres de la Compañía de Santa Bárbara eran las encargadas de llevar alimentos y municiones a los que combatían en las murallas y baluartes y acompañar o transportar los heridos a los hospitales.


5.2. Ataque y toma del castillo de Montjuic.

El día 8 de julio el comandante francés emprendió un fuerte ataque contra el castillo de Montjuic, después de haberlo sometido a una intensa acción artillera, una vez abierta una brecha en uno de sus costados. 2.400 soldados franceses, especialmente entrenados en este tipo de acciones, se lanzaron contra el castillo, ataque que fué rechazado por los defensores de Montjuic. A pesar de esta victoria, se intensificaron los ataques artilleros contra la brecha abierta; desde el exterior, los tiradores franceses dominaban un gran sector de la plaza de armas y era peligroso para los defensores cruzarlo. Guillem Nash y Blas de Fournàs, responsables de la defensa del castillo, se reunieron y acordaron comunicar a Álvarez la imposibilidad de la defensa del revellin, importante obra de defensa en la parte norte de la fortaleza, y como consecuencia la del castillo. Álvarez les respondió que era necesario defender a cualquier precio Montjuic dada su importancia defensiva para la ciudad.

Finalmente, los franceses consiguieron apoderarse del revellin de Montjuic, a tocar la fortaleza; pero, ante el fuego vivo que desde el castillo hacian sus defensores, este permaneció en tierra de nadie. Los franceses, desde otros lugares ya no protegidos por la defensa inutilizada, hacian cada vez un fuego más mortífero contra los defensores de Montjuic, que finalmente, ante la imposibilidad de seguir manteniendo la resistencia, y bajo la responsabilidad de su mando, decidieron abandonar el fuerte. A la caida de la tarde del 10 de agosto, inutilizaron la artilleria que quedaba, colocaron espoletas en el almacén de pólvora, y seguidamente emprendieron la marcha hacia la ciudad, donde entraron por el portal de San Pedro.


5.3. Llegada de un convoy y preparación de nuevos ataques.

El general Blake, jefe del ejército de Cataluña concentró unos 4.000 hombres, bajo las órdenes del general García Conde, con el encargo que organizase y enviase a Girona un convoy de 1.500 mulos de abasto cargados de provisiones. A aquella columna se añadieron los somatenes mandados por Josep Bertran, ayudados por los de Clarós, Rovira y Llauder. Estos últimos, en una maniobra estratégica, atacaron los napoleónicos por la parte de la ermita de los Ángeles y la ribera izquierda del Ter, ataques destinados a distraer el comandante francés y obligarlo a enviar refuerzos a aquellos lugares, circunstancia que aprovecharia García Conde para entrar en Girona el importante convoy.

Algunas tropas de García Conde atacaron por Brunyola, y el mariscal Saint-Cyr, comandante de las tropas napoleónicas, creyó que las fuerzas eran más importantes de lo que eran en realidad, motivo por el cual, y para reforzar aquel lugar, envió una buena parte de las reservas que tenía, principalmente de Salt y de Palau Sacosta, dejando muy debilitado aquel sector. El general García Conde lo aprovechó e hizo avanzar el convoy por Bescanó y atacó las pocas tropas apostadas en Salt. Mientras, los somatenes de Rovira y Clarós atacaron las tropas francesas estacionadas en la ribera izquierda del Ter, acción que impidió que pudiesen acudir en ayuda de las de Salt.

El resultado de la operación, completada con la salida de Girona en dirección a Santa Eugenia y Salt, de un contingente de defensores, permitió la entrada en Girona, íntegro, del importante coonvoy: la alegria de la ciudad fué doble, por una parte por la llegada de provisiones, tan escasas, y por otra, por la incorporación de nuevos contingentes para la defensa de la ciudad. De las fuerzas que acompañaban García Conde, permanecieron en la ciudad el regimiento de Baza y unos tercios de Miqueletes. El resto de tropas y los animales salieron de la ciudad, consiguiendo pasar a través de las filas del ejército enemigo.

El Estado Mayor napoleónico decidió -así lo testimonian las memorias de Saint-Cyr- destruir la resistencia de la ciudad, y así preparó un fuerte ataque, preludiándolo con una fuerte acción de artilleria. Los preparativos quedaron terminados el 18 de septiembre. Ante las maniobras del ejército francés, Álvarez dió la órden a todas las tropas de la ciudad que ocupasen sus lugares en las defensas, así como también a los hombres de la Cruzada, atentos todos a la señal de alarma que darian los toques de la campana mayor de la Catedral.


5.4. El gran ataque del 19 de septiembre.

Desde las primeras horas del 19 de septiembre, las baterías francesas intensificaron aún más sus bombardeos contra las brechas abiertas en las murallas, el fuerte del Calvario y la Torre Gironella, y la muralla de Santa Lucía. Lasexplosiones ensancharon considerablemente las dos brechas de días anteriores en Alemanes, por donde ya podian pasar 40 soldados de frente. A las cuatro de la tarda, columnas escogidas de tropas francesas salieron del castillo de Montjuic y se dirigieron, una, a atacar el fuerte del Calvario, y las otras las brechas de la muralla de Alemanes y de Santa Lucía. Los ataques, que en succesivas oleadas llegaron al cuerpo a cuerpo, fueron detenidas por los defensores. Algunos atacantes se reorganizaron protegidos del fuego que se les hacía desde las murallas, la vecina torre Gironella y el baluarte de Sarraines. Un pelotón dels soldados sitiados consiguió pasar la brecha de Alemanes, y llegar hasta el patio del cuartel y entrada en la plaza dels Lledoners; un destacamento de Ultónia apostado en la plaza de los Apóstoles consiguió rechazarlos totalmente.

El general Verdier vió como su plan de ataque fracasaba estrellándose una y otra vez contra las defensas de la ciudad. Para algunos cronistas, este fué el llamado Gran Día de Girona. Dadas les dificultades en la obtención de provisiones y otros materiales que ya se estaban dando en la ciudad, los napoleónicos optaron más por el sitio que por nuevas incursiones. A primeros de octubre, aún era posible para algunos payeses de los alrededores conseguir entrar provisiones en la ciudad, por la parte montañosa de San Daniel, pero a medida que avanzaba el mes, los franceses fueron cerrando el círculo cada vez más, hasta que a finales de mes, inutilizados los caminos de las Gavarres, ya era absolutamente imposible pasar, esquivando perros entrenados y sorteando los cordeles que, atados a campanitas, habían colocado los franceses como un ingenio detector de convoys.

El general Augereau substituyó Verdier en el mando de las fuerzas sitiadoras; éste, a partir del 14 de octubre, ordenó diversos ataques contra las brechas de Alemanes y Santa Lucía; su objetivo, más que conseguir entrar en la ciudad, era el de mantener la alarma y la intranquilidad entre los defensores. Las pequeñas acciones se produjeron por los dos bandos; también desde la ciudad se hicieron algunas salidas con el objetivo de inutilizar las baterías que los franceses habían conseguido instalar muy cerca de la ciudad. Estas acciones, no obstante, producirían un desgaste constante en hombres, a una guarnición ya de per si reducida y exhausta por la falta de alimentos.


6. La capitulación.

Los franceses conseguieron apoderarse de los reductos del Capítulo y de la Ciudad, las fortificaciones de Les Pedreres, que aseguraban la comunicación de la ciudad cpn los tres fuertes que había en este lugar. El día 10 de noviembre llegó a la ciudad un mensaje de Blake, que abrió las esperanzas de los defensores; desgraciadamente, en la comunicación informaba a Álvarez de la imposibilidad de llevar a la ciudad la ayuda que necesitaba.

Al empezar el mes diciembre, la situación en la ciudad era desoladora: casas arruinadas por los constantes bombardeos, ciudadanos que buscaban instalarse en cualquier rincón, alimentos cada día más escasos. Como consecuencia de los cuerpos en descomposición, dentro y fuera de las murallas, se propagaron enfermedades graves, que tampoco se podían combatir por falta de medicinas. El general Álvarez también cayó enfermo, y la Junta Gonernativa designó para substituirlo el brigadier Julián Bolíbar.

Reunido Bolíbar con la Junta Militar, decidieron enviar un representante al campo enemigo para conocer las condiciones que el mando francés impondría si decidiesen capitular. El designado fué Blas de Fournás. Éste, con el general francés Rey, expuso a la Junta la propuesta francesa, que fué acceptada y firmada por los representantes de la ciudad y el general francés Rey.

El texto de la Capitulación, tomados de Reseña Histórica de los Sitios de Gerona en 1808 y 1809, de Emilio Grahit es el siguiente:
Capitulación de la Ciudad de Gerona y fuertes correspondientes firmada el diez de diciembre de 1809 á las 7 de la noche.
Art. 1º. La guarnición saldrá con los honores de guerra, y entrará en Francia como prisionera de guerra.
Art. 2º. Todos los habitantes serán respetados.
Art. 3º. La Religión católica continuará de ser observada por los habitantes y será protegida.
Art. 4º. Mañana á las ocho y media de ella la puerta del Socorro y la de Areny serán entregadas á las tropas francesas, así como las de los fuertes.
Art. 5º. Mañana 11 de Diziembre á las 8 y media de ella la guarnición saldrá de la plaza y desfilará por la puerta del Areny. Los soldados pondrán sus armas sobre el glacis.
Art. 6º. Un oficial de Artilleria, otro de yngenieros y un comisario de guerra entrarán al momento en que se tomará posesión de las puertas de la ciudad para recibir la entrega de los Almacenes, Mapas, planos, etc.
Hecho en Gerona á las siete de la noche el 10 de Diziembre de 1809.- Julián de Bolívar.- Isidro de la Mata.- Blas de Fournás.- Joseph de Layglesia.- Guillermo Minali.- Guillermo Nash.- El General en gefe del estado mayor general del 7º cuerpo.- Rey".
Texto original en el folio 5 del Manual de Acuerdos de 1815.

Al día siguiente, 11 de diciembre, se reunieron las tropas que habían defendido Girona y las que guarnecian los fuertes de Les Pedreres, bajo las órdenes del coronel del regimiento de Borbón, Laiglésia, en la plaza de las Coles. A las 9 de la mañana emprendieron la marcha hacia las líneas francesas y salieron de la ciudad por la puerta del Areny. El ejército napoleónico estaba formado en parada a lo largo del baluarte de San Francisco y por la parte exterior de la muralla del Mercadal, cerca del camino de Sarriá. Los defensores gerundenses, al pasar delante de las tropas formadas, entregaban las armas sobre el glacis del baluarte, tal com se había acordado en los términos de capitulación.

Después de la salida de los defensores, entró en la ciudad el general Augereau, a caballo y seguido de su Estado Mayor, con una escolta de dragones. El general Anney fué designado gobernador de la plaza. Augereau envió uno de sus ayudantes a visitar a Álvarez de Castro que seguía enfermo, quien devolvió la atención al francés enviando uno de sus asistentrs a saludar al general en jefe de las tropas sitiadoras de Girona. El 21 de diciembre, Álvarez, juntamente con numerosos religiosos de los conventos de la ciudad, fueron evacuados. Álvarez fué conducido, prisionero, a Perpiñán, y se le instaló en el Castellet, donde permaneció hasta mediados de enero, momento en el que fué trasladado otra vez, en esta ocasión a Narbona. Llegó a la ciudad el día 18, y desde allí otra vez a España; el 21 de enero de 1810 fué encerrado en una habitación del castillo de Figueres, y al día siguiente, por causas desconocidas, murió.

Fuerzas que componian la guarnición de Girona,
desde el 6 de mayo de 1809 hasta la capitulación el 11 de diciembre.
Cuerpos
Hombres el 6/05
Hombres el 11/12
Regimiento de Ultónia
800
250
Regimiento de Borbón
1.330
360
2ón Batallón de Voluntarios de Barcelona
1.125
378
1er Batallón de Miqueletes de Vic
600
250
1er Batallón de Miqueletes de Girona
1.120
380

Total infantería
4.945
1.618

Escuadrón de San Narciso
108
50
Real Cuerpo de Artilleria
278
140
Miqueletes del II Tercio de Girona
(agregados a artilleria)
240
100
Marineros de la Costa
(agregados a artilleria)
130
90
Zapadores minadores
22
10

Total
5.723
2.008


7. La ocupación napoleónica.

Los ocupantes franceses se encontraron una Girona que había perdido la mitad de sus habitantes (unos 4.600 habitantes en 1812 contra 8.743 a principios de 1809), y una destrucción urbana considerable: 242 casas totalmente destruidas (111 en el interior de la ciudad y 131 en los arrabales), 48 parcialmente arruinadas (35 en la ciudad y 13 en los arrabales) y 104 casas deshabitadas (datos mencionados por Ramon Alberch, Història de Girona).

Los franceses procuraron ganarse la colaboración de los ciudadanos más influyentes con el objetivo de constituir un primer gobierno municipal, mejorar el estado urbanístico y sanitario de la ciudad y rehacer la normalidad ciudadana -aprovisionamento de víveres, iluminación de calles, organización de la administración del pan, carne y venduras, venta de comestibles-, pero, sobretodo, procuraron atraerse los catalanes mediante el llamado "ensayo catalanista", propiciado por el afrancesado Tomás Puig, que consistía fundamentalmente en la oficialidad del catalán en la prensa y la administración, y la difusión de proclamas en las que se reconocía el espíritu emprendedor y la personalidad histórica de Cataluña.

La catastrófica situación económica de Girona procuró resolverse con el establecimiento de una reforma fiscal basada en presupuestos más justos donde la distribución tenía en cuenta el volumen de los bienes; durante la administración de los mariscales Augereau y Macdonald, se instauraron unas administraciones serias y eficientes, con funcionarios relevantes como el Barón de Gerando, el Prefecto Roujoux, el Intendente Chauvelin o Rouyer de Lametz, en un contexto de progresivo afrancesamiento y abandono de los postulados catalanistas en la vida de la ciudad. La materialización última de esta tendencia fué la anexión de hecho de Cataluña a Francia en 1812.

A partir de esta fecha, la organización de Girona se hizo bajo el patrón francés, basado en una nueva división administrativa en la que Girona era la capital del Departamento del Ter y que, juntamente con el Departament del Segre con capital en Puigcerdá, el Departamento de Montserrat con capital en Barcelona, y el Departamento de las Bocas del Ebro con capital en Lleida, constituían las cuatro divisiones del Principado. Los Departamentos se dividían en subprefecturas o partidos (el del Ter, se dividía en les subprefecturas de Girona, Figueres y Vic), además de la existencia de distritos y cantones. De hecho, la región de Girona, al encontrarse totalmente ocupada por los franceses, se convirtió en el período 1812-1814 en la capital real de la Cataluña francesa.

Como consecuencia, se estableció un nuevo sistema impositivo, y se formalizó un nuevo sistema legislativo, introduciendo el Código Civil napoleónico. La influencia francesa también se materializó en la formación de un cuerpo de policía, los esfuerzos por urbanizar y embellecer la ciudad, el impulso a las medidas de sanidad e higiene, el pacto con la iglésia autóctona, la creación de una prensa de calidad y la importancia que se dió al teatro como manifestación cultural de ámbito popular.

Los aspectos negativos de la dominación napoleónica se centraron en abusos de los militares en cuestiones como las requisas, los alojamientos, la desconsideración hacia los gobernantes civiles, tanto franceses como catalanes, y sus arbitrariedades con el objetivo de reafirmar el sometimiento militar del país. De hecho, algunos autores como Ramon Alberch, consideran que los gerundenses siempre percibieron la dominación napoleónica como un hecho provisional, y como tal lo consideraron. Los pocos afrancesados que se dieron en la ciudad -la mayoría de los cuales más por interés material que por convicción ideológica-, se despidieron de la ciudad en marzo de 1814 sin demasiados tumultos.


Bibliografía:

  • Reseña Histórica de los Sitios de Gerona. Emilio Grahit, 1894.
  • CL aniversario de los sitios de la inmortal Gerona. Breve reseña histórica. Joaquim Pla i Cargol. 1959. GE-90-1959.
  • Els setges de Girona el 1808 i 1809. Joaquim Pla i Cargol. Rafael Dalmau Editor, 1962. B-26405-1962.
  • História político-crítico militar de la plaza de Gerona. Manuel Cúndaro. Instituto de Estudios Gerundenses, Girona. B-26405-1962.
  • História de las fortificaciones y alojamientos militares de Girona. Carlos Díaz Capmany y Fernando Torres González. Zaragoza, 1998. ISBN 84-7820-412-1.
  • Girona i les guerres del francès. Ramon Alberch, a Història de Girona. ADAC, 1990. ISBN 84-404-7571-3.
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