Los Baños Árabes son de época románica, pero siguen una estructura basada en los baños romanos y musulmanes.


Bóveda del castillo de la Torre Gironella.


Torre vizcondal. Castillo de Cabrera (denominado anteriormente de Girona, y más tarde de Requesens). Se pueden observar las dos ventanas con uso alternativo de dovelas claras y oscuras características de la obra carolíngia.


Sector de muralla a tocar la torre anterior. Abertura moderna pacticada en la muralla carolíngia, de enorme solidez.


Campanario de la catedral románica, llamado torre de Carlomagno.


Cara norte de la torre romana en la Gironella.


Puerta de la Reina Juana; al fondo, restos de la Torre del Telégrafo, de época bajo-imperial, en la Torre Gironella.


Diversos hallazgos hacen pensar que en San Martín Sacosta (el actual seminario) podría haber sido lugar de culto en época visigótica.

Girona antes del año 1000

Dominación goda

Hacia finales del siglo III o principios del IV, Girona se dotó de unas nuevas murallas, sólidas según las exigencias de defensa de la época, y que serían las defensas de la ciudad hasta bien entrada la alta edad media, y que protegerían la ciudad hasta la segunda mitad del siglo XV.

A principios del siglo V, la fragmentación del Imperio Romano de Occidente se consumaba; en el 406 una gran invasión germánica fué el primer episodio de su desaparición. No obstante, hasta el 415 en Cataluña y Girona no hubo presencia de bárbaros, momento en el que Ataulfo, sucesor de Alarico penetró en la província Tarraconense, que pasó a ser dominio de la oligarquia militar visigótica establecida en la Galia. Esta oligarquía estaba fuertemente romanizada y articularon el nuevo Poder que ellos representaban con el poder preexistente de la nobleza autóctona. En consecuencia, la ciudad de Girona entró en la órbita visigótica. Asimismo, esta substitución del Poder político y militar no afectó tan negativamente la existencia de la ciudad, como sucedió con otras antiguas ciudades romanas que quedaron abandonadas o en notable decadencia. A pesar de las plagas y calamidades que asolaron Girona durante los siglos VI y VII, la ciudad se convertió en un punto importante del noreste peninsular. Girona sufrió el proceso de ruralización que se desencadenó por todo el antiguo imperio romano a causa de la general ruina y pérdida de peso de las ciudades.

No obstante, Girona se convertió en una ceca de los reyes visigodos de relevancia en la antigua província Tarraconense, ahora encuadrada en el Reino visigodo; Girona, conjuntamente con Rosas -a pesar de que en esta última de forma muy esporádica- fué la única del noreste de Cataluña en la que se acuñó moneda entre los reinados de Leovogildo (573-586) y Ágila II (710-713), y una de las cinco de este territorio, después de la más activa metropolitana Tarragona. La difusión de la moneda gerundense fué amplia y se han encontrado muestras por toda la península.

En cuanto a los asuntos políticos del nuevo reino, Girona participó en la revuelta de Paulo -Flavius Paulus- (673), en el seno de las luchas por el poder entre facciones oligárquicas visigóticas, inicio de la descomposición del Poder visigodo. Así lo explica una de las escasas crónicas oficiales conservadas de la época, la Historia Excellentissimi Wambae regis, de Julián de Toledo; en este documento se explica la revuelta del dicho Paulo, un personaje importante en la corte, contra Wamba, pocos meses después de haber sido ungido rey en 673.

Como mencionan Amich y Nolla ("Girona goda i sarraïna"), el rey (Wamba) mientras, al frente de su ejército, luchaba, nuevamente, contra los vascones, se enteró de la revuelta, inicialmente exitosa, de los territorios de la Septimánia, que había permitido a los jefes de los rebeldes, el conde de Nimes, el obispo Gumildo, y el abad Ramiro, entre otros, controlar toda aquella zona, con el peligro que significaba para el futuro del reino, Wamba decidió enviar, para poner fin a la situación, Paulo, dux muy probablemente de la Galia Narbonense. Al llegar a la capital de aquellas tierras, Paulo, en un efecto teatral imprevisto, assumió la dirección del movimiento arrastrando en la operación el dux de la Tarraconense Ramosindus, y se hizo ungir rey de Oriente -en contraposición al de Occidente que era Wamba-, colocándose la corona votiva que Recaredo había ofrecido a la tumba del mártir Félix de Girona.

La reacción decidida de Wamba, quevenció rápidamente a los vascones, se dirigió a la actual Cataluña sin dar tiempo a nada al enemigo; dividió sus fuerzas en tres brazos, uno de los cuales, con Wamba al frente, penetró por la Via Pública, la antiga Via Augusta. Barcelona fué sometida rápidamente, y se presentó ante Girona defendida por el obispo Amador, que le fué entregada sin combate. Amat y Nolla mencionan que el texto de Julián narra que el obispo había recibido una carta de Paulo en la que decia que abriese las puertas de la ciudad al primer ejército que llegase, convencido que seria el suyo y no el de Wamba y que, siguiendo estas instrucciones, la plaza fué entregada sin lucha. Wamba continuó hacia el norte y, habiéndo unificado otra vez sus fuerzas, conquistó para su causa Narbona, y finalmente Nimes, donde puso fin a la rebelión capturando todos los sublevados.

Otro ámbito en el cual Girona se vió considerablemente fortalecida fué el de la organización eclesiástica. Desde principios del siglo VI y especialmente a partir del III Concilio de Toledo (589), la organización de la iglésia está bien documentada. Las tierras de la actual Cataluña correspondian a una de las cinco províncias eclesiásticas -que coincidian con las antiguas demarcaciones romanas, a las que en época visigótica se añadió una sexta, la Narbonense-, que agrupaba quince diócesis o sedes episcopales localizadas en antiguas ciudades romanas (entre otras Girona y Empúries), donde préviamente habían habido importantes núcleos cristianos, dependientes de una sede principal o metropolitana -en nuestro caso, Tarraco-.

En 517, convocado para el 8 de junio, Girona fué sede del concilio provincial, presidido por el obispo metropolitano de Tarragona Juan y que contó con la asistencia de los obispos de Girona, Empúries (representadas, respectivamente per Frontiniano y Pablo), Barcelona, Égara, Lleida y Huesca, en las actas del cual se hace referencia a diversos aspectos litúrgicos (unidad litúrgica para toda la província Tarraconense), se legisla sobre la forma de vida de los clérigos: (...) "VIII. Que no se admitan en el clero los seglares que se casen con una viuda o con una divorciada. Si algún seglar, además de su mujer, hubiese mantenido relaciones con cualquier otra mujer, no será admitido de ninguna forma en el clero". De la importancia de las funciones de los obispos en esta época, incluso en terrenos jurídicos y de administración civil, funciones que habían emanado del III Concilio de Toledo (589) se habla en el documento denominado De Fisco Barcinonensi, por el cual los obispos de Tarragona, Égara, Girona y Empúries aprobaban los impuestos que había establecido el estado visigodo para su distrito fiscal, además del compromiso que adquirian de vigilar la conducta de los recaudadores.

En esta etapa destaca como figura señera el obispo gerundense, de orígen lusitano, Juan de Bíclarum (540-621), que lo fué durante treinta años, caudal en las letras hispánicas de la época visigótica. La redacción de una importante crónica histórica (Chronicon) hizo que el mismo Isidoro de Sevilla (aprox. 560-636) le dedicase unos capítulos en el libro que había escrito a la memória de los personajes más ilustres de su época. Éste fué sucedido por Nonnit, otro obispo de gran prestigio en la época, a quien Ildefonso de Toledo (aprox. 606-667) le dedicó un capítulo en su obra "De viris illustribus". Éste, igual que su antecesor, era un gran devoto de San Félix, a quien, seguramente, potenciado por las indicaciones del IV Concilio de Toledo (633), dedicó el himno litúrgico "Fuente, oh Dios, de vida eterna", que se recitaba ante la tumba del mártir en Girona.

En esta etapa de esplendor gerundense, el culto al mártir de la ciudad, San Félix, se expandió bastante por el territorio, hasta el punto de asentarse hasta en Játiva, Guadix (Granada), Totanés y Caba (región de Toledo), y en la región del Bierzo, en la actual província de León. El testimonio más antiguo conocido sobre su culto en Girona lo contienen los versos del Peristephanon de Prudencio: "La pequeña Girona, rica en cuerpos santos, presentará la glória de Félix" (IV, 29-30), escritos en los primeros años del siglo V. El mencionado anteriormente Julián de Toledo (aprox. 649-690) también se refiere a él en la obra Historia Excellentissimi Wambae regis, en la que explica como el rey Recaredo (finales del siglo VI) había ofrecido una corona de oro a la tumba de San Félix que había en la ciudad de Girona (la del episodio de Paulo): "Este mismo Paulo (...) robó muchos vasos de plata de las posesiones del Señor y también aquella corona de oro que el rey Recaredo, de buena memoria, había ofrecido al cuerpo de San Félix, y que el mencionado Paulo se atrevió a ponersela en la cabeza trastocado. Todo esto lo recopilaría cuidadosamente y muy devotamente intentaría devolverlo, como corresponde a cada iglésia".


La conquista sarracena

A la muerte de Wítiza (710), las disputas y conflictos sucesorios hicieron que los partidarios de los hijos de éste, en lucha contra el otro bando, los partidarios de Rodrigo, hicieron entrar en juego los sarracenos, que habían conquistado Cartago (696) y avanzaban rápidamente por el Magreb, quenes les habían de ayudar militarmente a cambio de recompensas y compensaciones territoriales en lugares bajo dominación visigoda más allá del estrecho. La entrada de Tariq, la posterior en ayuda de éste del jefe árabe Musa, después de la victória de Guadalete, y el pacto sellado con los hijos de Wítiza en Damasco, delante del califa, convirtieron toda Hispánia en una província del imperio árabe y en una cabeza de puente para su avance hacia el corazón de Europa. Hasta el año 713, Ágila siguió controlando y gobernando una buena parte de Cataluña y la Septimania, hasta que entregó sus derechos al califa de Damasco a cambio que le reconociese importantes propiedades y privilegios; Ardón (713-720), que le sucedió, siguió luchando contra la expansión sarracena.

La fecha de la conquista de Girona no está clara ni documentada de forma incontestable; parece probable que ocurriese entre el otoño del 716 y el 719 (Ramon d'Abadal), en operaciones que dirigió el valí Al-Hurr. Parece que la ciudad fué ocupada sin ninguna resistencia y no sufrió, por tanto, ninguna clase de destrucción, igual que la mayoría de ciudades de la actual Cataluña, excepto Tarragona, que se resistió y fué devastada. Las élites locales capitularon y el nuevo Poder musulman impuso un tributo personal (yizya), sobre cada varón mayor de edad, siguiendo la tradición de la capitatio, y territorial. Los enfrentamientos en la Septimania, y después de su sumisión a los francos de Pipino, convirtieron los Pirineos nuevamente en frontera, y Girona en la plaza fuerte más septentional de Al-Andalus.

De la organización territorial en esta época se sabe bien poca cosa, pero todo hace suponer que en este siglo VIII habría una división territorial en cores o kures, províncias que, aproximadamente, corresponderían a los obispados visigótics. Las únicas notícias ciertas sobre esta cuestión, son que en el año 777 Sulayman ibn Yaqtan, Ibn al-Arabí era valí o gobernador de Girona y Barcelona; se había concentrado en una sola región la zona fronteriza con los francos, y que era un territorio a defender y proteger con las dos únicas ciudads fortaleza estratégicamente situadas.


La Girona carolingia

Entre el 759 y el 778, parece que hubo una larga tregua entre el emir de Córdoba y los francos de Pipino. En 777 el valí de Girona y Barcelona Sulayman visitó Carlomagno en Paderborn para asegurarse ayuda ante el emir cordobés Abd ak-Rahman I, a cambio de poner bajo la autoridad del franco sus ciudades y tierras. El objetivo de Carlomagno, pero, era la conquista de todo el territorio del Ebro hacia el norte. Así, disposo dos cuerpos de ejército, uno de los cuales atravesó los Pirineos por Panissars o el Portús. Entre este numeroso ejército cristiano había gentes de la Septimánia; éstos, y el grupo que había huido hacia el norte, y que ahora queria regresar a su casa, y que en los textos son denominados hispani, tuvieron una importancia caudal en los sucesos posteriores.

El 785 la ciudad de Girona se entregó al ejército franco; se tiene poca información sobre este hecho, y Amich y Nolla mencionan como fuentes el Cronicón de Moissac, en el que se comenta que "Eodem anno Gerundenses homines Gerumdam civitatem Carolo regi tradiderunt" (En el mismo año, los hombres de Girona entregaron la ciudad al rey Carlos), y los Anales de Barcelona, en los que se dice que Gerundam civitatem homines tradiderunt regi Karolo" (Los hombres entregaron la ciudad de Girona al rey Carlos). Así Girona se convirtió en zona fronteriza durante dieciséis años, que sólo la conquista de Barcelona el 801 alejó más al sur. Antes, pero, Girona sufrió lo que podríamos llamar los primeros sitios, en este caso, a mans de los musulmanes que deseaban recuperar la ciudad; uno de los más famosos fué el de Abd-al-Malik del 793.

Durante largo tiempo se pensó que la conquista franca fué obra personal del emperador Carlomagno. El legendario popular ha recordado esta gesta imaginaria con todo un corpus de historias relacionadas con la visita de Carlomagno a Girona; la torre románica de la catedral es denominada torre de Carlomagno, durante años se veneró San Carlomagno, y la famosa escultura de Pedro III el ceremonioso, de alabastro del siglo XIV, (obra de Aloi de Montbrai o Jaume Cascalls), durante mucho tiempo fué atribuida al emperador franco. Aún cuando éste no visitó jamás Girona, su administración emanada de la renovatio carolíngia afectó en gran manera la ciudad. Por una parte, todo el territorio al sur de los Pirineos y al noreste peninsular fué reorganizado com tierra de frontera, lo que más tarde desembocaría en la creación de la Marca hispánica.

Firma de Carlomagno.

No obstante, y durante mucho tiempo, se sucedieron las razzias y las expediciones sarracenas sobre las posesiones cristianas, de algunas de las cuales se conservan textos que lo testifican. Así, el historiador árabe Ennuguarí describe los hechos de la expedición del 793 con las siguientes palabras: "En el año 177 (de la hégira, que corresponde al 793), envió Hixem a Abdelmèlic b. Abdelgàhid b. Moguits, de expedición militar. Entró en el país de los francos y llegó a Narbona y Girona. Empezó Abdelmèlic por Girona, en la cual había defensores francos; el musulmán mató a los hombres, arruinó sus murallas y estuvo a punto de conquistar la plaza. De Girona marchó a Narbona, donde actuó de forma parecida, y se internó por los pueblos; recorrió el país de Cerdaña, del cual perdonó solamente las mujeres y los niños; mató a los combatientes, asoló la tierra durante algunos meses, destruyendo los castillos, quemando y saqueando; el enemigo huía de pavor ante él, y el musulmán se internó en las ciudades de aquellos; volvió con un botín tan cuantioso, que no sería posible contarlo. Esta expedición fué la más famosa de los musulmanes a España." Los mismos sucesos son relatados también por el historiador Abenadarí de la siguiente forma: "En el año 177 envió el Imam Hixem a Abdelmèlic b. Abdeluàhid b. Moguits, con la expedición de verano, contra la tierra de los cristianos; llegó hasta Girona; la sitió, y con máquinas de guerra agujereó los muros; [después] se aproximó al país de los Magos, y se paseó durante algunos meses por el país enemigo, donde quemó las casas de labor, arruinó los castillos y lanzó el ejército sobre la ciudad de Narbona; fué una conquista famosa. El quinto del botín llegó a 45.000 monedas de oro puro". (citas de la obra mencionada, de Narcís M. Amich y Josep M. Nolla).

Miniatura del Apocalipsis, con los cuatro jinetes. Obra de Oveco para el abad Semporio. Valladolid, Biblioteca de la Universidad, Ms 433 (ex ms 390) f°93. Fecha aprox. 970.

La organización carolíngia del territorio abocó que la ciudad se convirtiese en la sede del Condado de Girona, modelo elegido por la administración de Carlomagno para organizar los nuevos territorios de frontera. El conde era el personage que se hallaba al frente de esta entidad, cargo nombrado por el monarca, sin independencia y no hereditario en un primer momento. Asimismo, a lo largo del tiempo, come se verá más adelante, los condes catalanes fueron adquiriendo más independencia, convertieron el cargo en hereditario e incluso se desvincularon de hecho de los monarcas francos. Girona, como centro condal cumplió su papel y superó las etapas más difíciles del peligro musulmán. El viejo recinto romano fué reestructurado y ampliado y consiguió resistir los sucesivos sitios: en un momento no determinado del siglo IX, se modificó substancialmente el perímetro murado de Girona, ampliando el espacio urbano, trasladando las murallas septentrionales hacia el valle del rio Galligants, erección del castillo de la Gironella. En otros sitios no se modificó el trazado de la muralla, pero se reforzó notablemente, levantando torres redondas entre las cuadrangulares romanas.




Bibliografía

- Girona goda i sarraïna. Narcís M. Amich / Josep M. Nolla. Quaderns d'Història de Girona, 1992. ISBN 84-86812-27-5

- Girona, de Carlemany al feudalisme. J. Canal, E. Canal, J. M. Nolla, J. Sagrera. Ajuntament de Girona, 2003. ISBN 84-8496-100-1

- El sector nord de la ciutat de Girona. De l'inici al segle XV. Josep Canal, Eduard Canal, Josep M. Nolla i Jordi Sagrera, 2000. Ajuntament de Girona. ISBN 84-86837-98-7

- Història de Girona. Direcció, Lluís Costa Fernández. Ateneu d'Acció Cultural (ADAC), 1990. ISBN 84-404-7571-3


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