Actual aspecte del calle de San Lorenzo, en pleno corazón del antiguo Call judío de Girona.


Alfonso III, el magnánimo (1285-1291). Wikipèdia.


El judío de los cuatro nombres, Fèlix Xunclà. Óleo sobre tela, 60 x 90 cm. Colección particular, Nueva York.


La calle de San Lorenzo, en pleno corazón del antiguo Call judío de Girona.


Escribano. Códex Amiatinus. Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia. (Wikipedia).


Escaleras de la calle de San Lorenzo, en pleno corazón del antiguo Call judío de Girona.


Página de Perush ha-Torah, Comentarios al Pentateuco, de Mossé ben Nahman, publicado en Lisboa 1489. Library of Congress.


Haggadah para el Pésah de elaboración hispana. Siglo XIV (Wikipedia).


El edicto de expulsión (Wikipedia).


Madona de los Reyes Católicos, pintada entre 1490-1495. Fernando y el infante Juan, con el inquisidor, a la derecha de la Virgen; Isabel a la izquierda. (Wikipedia).

Los judíos en Girona. (II)

Nuevos tiempos: las primeras crisis.

Con la muerte del rey Jaume I, el 6 de junio de 1276, los judíos de sus territorios perdieron un importante protector. Le sucedió en el trono Pedro III, llamado el Grande (1276-1285). Enfrentado al papa Martín IV, éste le excomulgó y dió la investidura de Aragón a Carlos de Valois, quien levantó en su contra una importante cruzada. Las guerras contra Felip el Atrevido y la coronación de la reina de Aragón Constanza, forzaron importantes contribuciones económicas de los judíos. A ésta, Pedro le otorgó como dote la ciudad de Girona, con las rentas de su Aljama. El mismo rey, cuando se refería a los habitantes de la Aljama, decía Nostra Jodaria, nostri judei.

Las iras levantadas al final del reinado de Jaime I, lejos de apaciguarse, se agravaron y así, a primeros de abril de 1278, se registraron ataques contra los judíos de Girona; una parte del clero de la Seo, desde el campanario, y después desde sus própias casas, apedrearon el barrio de los judíos y a sus habitantes, talaron los frutales y arrancaron las viñas. No satisfechos, entraron a mano armada en el cementerio de Montjuic, donde profanaron y destruyeron sus sepulturas. Las quejas de los judíos llegaron al rey Pedro, quien culpó al obispo Pedro de Castellnou: Cum jam pluries super gravaminibus hujusmodi factis per Clericos et homines eorum dictis, vobiscum loquti fuerimus, et vos rogaverimus quod non sustineretis talia fieri, imo punieritis et castigaretis ea, cum videretur fieri in contemptur Nostrae Dominationis, cum jam, sicut scitis, temporibus retroactis opportuerit armari Dominum Regem inclitae recordationis, Patrem Nostrum, cum familia sua tunc existem, in Venere Sancto, manu armata expugnabant, miramur quare praedicta contingere potuerant (Habiendo Nos hablado muchas veces con vos de las vejaciones causadas por vuestros clerigos y sus gentes a los judíos, y rogandoos que no lo consintieseis, ni permitieseis de hacer tales cosas, más bien las castiguaseis, porque son en desprecio de nuestra Potestad, y tales que, como ya sabeis, forzaron a nuestro Padre, de feliz memória, a tomar las armas cuando estaba aquí con su família, para defender a los jueus, atropellados en Viernes Santo y a toque de campana por los dichos clérigos, nos maravillamos ciertamente de que estas cosas se hayan podido repetir).

En unos términos parecidos, y con el objetivo de asegurar el cumplimiento de sus disposiciones, el rey se dirigió a las autoridads civiles de la ciudad -el veguer, el baile y los prohombres-, y finalizaba su misiva diciéndoles que por todo lo cual os mandamos que de aqui en adelante no consintáis que los clérigos ni otros de su família hagan daño a nuestros antedichos judíos, ni destruyan tampoco sus cosas y bienes, y [os ordenamos] en cambio que lo prohibáis varonil y poderosamente; y para que se vea que nuestro derecho está defendido por vosotros y por vuestros bienes, [os declaramos] que cualquier daño causado por los dichos clérigos a los judíos, lo conmutaremos Nos en daño vuestro y de vuestra hacienda (Mandamus vobis quatenus de cetero non sustineatis quod aliqui Clerici seu aliqui de familia eorum malum faciat, sive damnum judeis nostris praedictis, nec rebus ac bonis eorum, imo istud prohibeatis viriliter ac potenter; cum satis videatur jus nostrum per vos et bona vestra deffendi posse contra eos, alias de quocumque damno eisdem judeis, illato per Clericos supradictos, commutabimus Nos inde ad vos et bona vestra). Con esta severidad el rey cumplía un doble objetivo: asegurar su autoridad, y preservar la próspera Aljama, con el objetivo que no minvasen las rentas que de ella, y bajo múltiples formas, obtenía.

En 1285, el rey tuvo que intervenir otra vez en defensa de los judíos del Call, en esta ocasión con motivo del asalto y saqueo del que fué objeto por los almogávares que iban a luchar contra Felipe III el Atrevido de Francia.

A la muerte del rey Pedro en 1285, le sucedió Alfonso III llamado el Franco (1285-1291). Bajo su reinado siguió el descenso en la situación que se había conseguido durante el reinado de su abuelo, el rey Jaime; los judíos se vieron desposeidos de atribuciones y privilegios otorgados en aquella época. Ya no podían obtener ni servir los cargos de veguers, asesores, bailes... En Zaragoza se les prohibió desarrollar el comercio de la trapería, actividad extraordináriamente importante para la comunidad judía en aquel logar.


La actividad intelectual judía.

En el capítulo anterior se ha mencionado la que llevó a cabo la figura más importante de esta época, la del rabino Mossé ben Nahman, Bonastruc ça Porta, pero también hay que mencionar, entre otros, Jonah Megirondi (natural de Girona), nacido seguramente a principios de siglo y muerto el 1264 o 1304, según las versiones, Ionà Rabbí, Joan Rabbí, Mossé, Perez Ben R. Izchag Hacohen, conocido como Haraph... En el círculo cabalístico gerundense destacan Messulam ben Salomó de Piera, poeta, que llegó a ser líder de la Aljama de Girona, Ezra ben Salomó, el llamado Ezra de Girona, pensador tradicional, que escribió un comentario cabalístico al Cantar de los Cantares, Azriel ben Menahem, que renovó la Cábala con la introducción de elementos de la filosofia neoplatónica, Jacob ben Sheshet, autor de La puerta del cielo, Libro de la Fe y de la Confianza, y Libro de las Respuestas justas.

Además de estos cabalistas, otros pensadores compusieron obras de temática moral y ética: Ioná ben Abraham, hijo de Girona, autor de un comentario al Libro de los Proverbios y tratados de ética jurídica (El Libro de la Piedad, el Libro de las Puertas del Arrepentimiento). De una tendencia más racionalista se puede mencionar la obra de Abraham ben Ezra, Samuel Aben-Tibbon, traductor de la Guía de los extraviados de Maimónides, y Bonastruc Desmestre, rabino de Girona que participó en la disputa de Tortosa, el 1413 ante el papa Luna, Benedicto XIII. La riqueza cultural de la comunidad judía gerundense también se evidencia en la relación de los libros que los judíos del siglo XV guardaban en su (publicada por Josep M. Millàs i Vallicrosa), lista sorprendentemente considerable dado que sólo es trataba de las obras que permanecieron en las casas después de haber tenido que entregar a la Cúria de Girona todos los que hiciesen referencia al Talmud.


La comunidad judía en el siglo XIV.

Para los judíos gerundenses, este siglo vendría marcado por la continuación de la política iniciada por Alfonso y seguida por Jaime II (1291-1327) en lo que se refiere a la progresiva anulación de los privilegios otorgados por sus antepasados a los judíos, y por los terribles disturbios de 1331, y muy especialmente de 1391. En 1297 el rey otorgó a todos los judíos de Aragón y Cataluña, y también a los de Mallorca, Múrcia y Valéncia (Per Nos et omnes succesores nostros tan in Aragonia et Cathalonia quantum in regnis Maioricae, Valentiae, Murciae, ac universo dominio et jurisdictione nostra), los mismos fueros y derechos que los que gozaban los cristianos, después que hubiesen abjurado del judaismo y convertido al cistianismo.

Los primeros episodios de violencia se produjeron el 1302, con un ataque, por parte de jóvenes clérigos, contra el Call que provocó diversos heridos y numerosos destrozos; un testigo declaró que, de hecho, los acontecimientos eran indénticos a los que se habían producido en otras ciudades. Se refería al rito de mata judío, asimilable a la colophisation, el bofetón ritual que se daba a los judíos en Tolosa de Lenguadoc el viernes santo. Con el objetivo de evitarlo en el futuro, se prohibió que entre el miércoles santo y el lunes de Pascua los judíos saliesen del barrio que tenían asignado.

Durante el breve reinado de Alfonso IV (1327-1336) se produjo el disturbio de 1331, muy bien documentado por el atestado que mandó levantar al Consejero y Baile General de Cataluña Ferrer de Lillet, y a Raimundo de Prat (Comisión dada por el Rey para tomar testimonios contra algunos miembros y clérigos que habían apedreado los judíos. 1331). Pedro IV el ceremonioso (1336-1386) tuvo que poner remedio a la situación de las comunidades judías: inició una política de reformas orientada a fortalecer la autoridad real incluyendo la atención a los judíos. De esta forma restablecía la capacidad de respuesta al pago de los impuestos que aseguraban subsanar los déficits pasajeros de las finanzas reales y locales.

Persecución de judíos. Ilustración marginal de les Crónicas de Offa (British Library, Cotton Nero D. I.), folio 183v, obra de Matthew Paris (Wikipedia).

Durante el reinado del sucesor del rey Pedro, Juan I (1387-1395), se produjo el año negro para los judíos de Cataluña y de toda la península. Durante el verano del 1391 hubo vertido de sangre en Sevilla, Córdoba, Toledo, Valéncia, Mallorca. En Girona, el 10 de agosto, un tropel de payeses y menestrales de las cercanías llegaron a la ciudad con motivo de la feria de San Lorenzo. Préviamente acordados con gentes de la ciudad, quemaron el portal del Call, donde entraron, robaron, saquearon y degollaron algunos judíos. Otros escaparon para buscar refugio en las casas de los ciudadanos con los que mantenían relaciones comerciales. Unos cuantos huyeron a Castelló de Empúries o Perelada. De los que permanecieron en el Call, sólo se salvaron los que se apresuraron a pedir el bautismo, como fórmula de supervivéncia. Esta reacción ya estaba prevista: el mismo dia los baptisterios estaban abiertis y los sacerdotes preparados para administrar el sacramento.

En la comunicación de los hechos por los Jurados de la ciudad al rey, se habla de cuarenta víctimas mortales, a pesar de que los judíos afirmen que son más las personas que encuentran a faltar y que algunos se han hecho cristianos. Asimismo informan que el portal quemado era el superior sobirà, probablemente en la zona alta de la Subida de la Pera. Con estas acciones no se paró el ataque contra el Call; con fecha 18, los Jurados informaban al rey que los foráneos se estaban agrupando para entrar en la ciudad. Como medida de precaución, reunieron todos los habitantes del Call, entre 600 y 800 y los trasladaron a la Torre Gironella, donde prepararon su refugio. Los payeses y algunos malos hombres de la ciudad la sitiaron y atacaron, mientras que algunos ciudadanos, desde las murallas, disparaban sus ballestas contra los asaltantes. El miércoles 20 de septiembre, un mes más tarde, los Jurados, que aún tenien a los judíos refugiados en el castillo, escribían al rey comunicándole que habían dispuesto el cierre de las puertas de la ciudad, dejando entrar únicamente a los que transportaban víveres. La versión de acogida de todos los judíos en la Torre Gironella, hecha por los Jurados, se contrapone con la narración de los hechos de R. Hasday Cresques, quien menciona que antes de ser acordado el traslado al castillo, la mayoría de la Aljama se refugió en las casas de los vecinos cristianos.

Las consecuencias de estos hechos tuvieron diversas vertientes: por una parte, la demográfica: los muertos y los fugitivos, más los que abandonaron el Call per haberse convertido, e instalado en la ciudad (en cuatro meses sesenta y tres personas), provocó un descalabro del que ya no se recuperaria. Por otra lado, y consecuencia, en parte, de la anterior, la disminución notable de la potencia económica del Call, hechos ambos que serían el inicio de un proceso de desintegración que abocaría a finales del siglo siguiente con el edicto de expulsión.


El siglo XV: la decadencia y el fin.

A la muerte de Juan I, le sucedió su hermano Martín I el Humano (1395-1410), durante el reinado del cual la protección que había ofrecido la corona a las comunidades judías era menos enérgica, y la situación en el Call, absolutamente incierta. Los Jurados de la ciudad se encontraban entre dos fuegos: por una parte, las órdenes reales, de protección de los judíos, y por otra la posición claramente hostil por parte de la población del condado. Tal estado se agravaria con la promulgación de la bula de Benedicto XIII, Pedro de Luna, de 1415 en la que desarrollaba en trece apartados un ataque frontal contra los judíos.

El papa, satisfecho con los resultados de las acciones que había encomendado llevar a cabo (15.000 conversiones en Aragón, Valéncia y Mallorca, con el condado de Barcelona), aconsejado por el judío converso Jerónimo de Santa Fe, teólogo de la corte papal, se propuso completar la tarea convocando una disputa, como se había hecho en épocas anteriores. Así, el 25 de noviembre de 1412, envió una convocatória a los obispos con el objetivo que fuese entregada a las sinagogas y comunidades judías de sus diócesis. En Girona, el obispo Raimundo Descatllar la entregó el 8 de diciembre al Maestro ben Astruc, y a los rabinos Hasday Tarós y Nacim Ferrer. El 7 de enero del año siguiente, día designado para el inicio de la disputa, los catorce rabinos convocados eligieron como orador principal a Rabí Vidal Benvenist. El desarrollo de las discusiones eran del todo previsibles. En la clausura del congreso de Tortosa, Benedicto XIII declaró, con toda solemnidad, que, s pesar de haber deseado evidenciar su tolerancia, no podía sino mostrarse airado contra los que con rebeldía, persisitían en sus errores, errores confesados, condenados y abjurados después de meses de lucha.

El 15 de maig de 1415 promulgaba la bula en la que, por ejemplo, en la disposición octava establecía que [...]statuimus, ut in partibus, in quibus judaei tempore ut praesentis ita patens et eminens signum non portant, sicut hujusmodi Constitutione disponimus, amodo signum eminens impertiti coloris, rubei scilicet et crocei affixum deferant parenter, videlicet: mares in superiori veste super pectus; feminae vero super frontem ejus, scilicet magnitudinis atque formae, quas in praesentibus fecimus designari. (Disponemos que en aquellos lugares en los que los judíos no llevasen al presente tan claro y manifiesto el mencionado signo, como disponemos en esta Constitución, lo muestren eminente, fijo, y partido de color rojo y amarillo, los hombres en el vestido o prenda exterior, sobre el pecho, y las mujeres sobre la frente, de las dimensiones y forma que se dispone en las presentes [letras]). Asimismo prohibía el ejercicio de muchas profesiones y oficios, la construcción de nuevas o ampliación de las sinagogas existentes, y la condena del Talmud como libro peligroso para la fe cristiana.

La ejecución de las disposiciones papales, provocó la clausura de la única sinagoga que la Aljama tenia en la calle de la Força, a pesar de que el documento disponía que esto no se diese si solamente había una. Hasta 1416 no consiguieron que les fuese restituida, momento en el que su estado aconsejó edificar una de nueva, la tercera y última que tuvo la comunidad judía en Girona. De hecho, los judíos ya se habían retirado de esta parte de la calle, replegándose hacia la parte este. A partir de estos momentos de endurecimiento de las disposiciones -eclesiásticas y civiles- contra los judíos, proliferaron los disturbios y los cierres de las puertas de acceso. En 1418, los Jurados, en previsión de los habituales ataques contra judíos con ocasión de la semana santa, dispusieronn que lo divendres Sant é dissapte Sant apres següent fins á mitg jorn é lo dits juheus é juhíes estigan dins lurs cases é habitacions tencats é no estigan per les fenestres de lurs alberchs é assí mateix que tingan les portes del dit call tencades sino ten solament la portalleta del portal qui es envers la scala de la Seu[...] (el Viernes santo y el sábado santo siguiente hasta el mediodia, los dichos judíos y judías estén encerrados dentro de sus casas y viviendas y no se asomen a las ventanas de sus albergues y asimismo que tenga las puertas del dicho Call cerradas, sino que tengan solamente [abierto] el portillo del portal que da a la escalinata de la Seo).

El cierre total del Call, no solo durante determinadas celebraciones religiosas, se produjo por el edicto de 19 de abril de 1442, mediante el cual los Jurados ordenaban que no habitasen en la calle de San Lorenzo, por no ser Call judío, debiendo tapiar las puertas y ventanas que diesen a ella. El replegamiento de los judíos ya era un hecho. El 10 de septiembre de 1449, los Jurados comunicaban a la reina gobernadora que habían ordenado cerrar un portal de entrada al Call, el que daba a la calle pública de San Lorenzo. En una comunicación fechada trece días más tarde mencionaban que el espacio era suficiente para diecinueve o veinte matrimonios que son [los judíos].

Durante los hechos que se produjeron entre 1461 y 1468, período en el cual la reina Juana Enríquez se refugió en la Força Vella con su hijo, el infante Fernando, el futuro Fernando el católico, mucha famílias conversas de Girona la defendieron. El pelaire Juan Vidal Sampsó fué recompensado por sus servicios durante el sitio que sufrió la ciudad como consecuencia de la Guerra Civil catalana, y su hijo fué quien descubrió una mina que los sitiadores habían perforado cerca de la puerta del Call mediante la cual se hubiesen podido apoderar del infante Fernando. Paradójicamente, el 13 de septiembre de 1491 sus bienes fueron vendidos en los encantes públices de Girona, y Vidal y su hijo, y sus respectivas famílias, tuvieron que huir de la Inquisición, apoyada por el nuevo rey Fernando. También fué objeto de una trayectória parecida el converso gerundense Lorenzo Badós quien en el año 1462, en pleno sitio de la ciudad, fué nombrado médico de la casa del príncipe Fernando, más tarde protofísico real y miembro del séquito de la corona. Cuidó de Fernando y de él recibió toda clase de mercedes en prueba de agradecimiento por su labor y dedicación. Su mujer, Juana Badossa, fué juzgada en 1488 por el tribunal de la Inquisición de Barcelona, que la declaró culpable, y la condenó a ser estrangulada y posteriormente quemada. El 10 de agosto de 1503 era condenado por el Tribunal el mismo Badós.


1492: la expulsión.

El 31 de marzo de 1492, los Reyes católicos dictaron la órden de expulsión de los judíos de su territorio; no ofrecia otra alternativa que la abjuración del judaismo o la expatriación forzada. La órden real llegó a Girona a finales de abril. Los Jurados, no demasiado diligentes en su cumplimiento, publicaron el 20 de junio un bando haciendo saber que los judíos podían vendee libremente sus bienes, y que todo el mundo podía comprarlos sin transgredir ninguna disposición real. El 29 de julio menudearon las transacciones de bienes inmuebles, y el 31 el Call fué abandonado por sus últimos habitantes. El 4 de agosto, con un Call completamente vacío, los Jurados dieron licencia a los nuevos compradores para derribar los cerramientos de puertas y ventanas, y que abriesen, como en cualquier otro barrio, las entradas y salidas.

Es de suponer que los fugitivos de Girona se debieron establecer cerca de la frontera, con la esperanza de un hipotético retorno, algunos de ellos -Astruc Abraham, Leví Lleó, Mossé Vidal y Esdras Bellshom- en Perpiñán, a donde trasladaron los rotlles, llibres e tots altres abillaments, objetos que una orden judicial de 27 de agosto del mismo año de 1492 obligó a depositar a las autoridades de Perpiñán, de donde también fueron expulsados. De Perpiñán fueron trasladados a Potvendres y allí, embarcados hacia las costas de Nápoles. Los que, para evitar la expulsión, optaron por la conversión, fueron objeto de un rigor muy especial de la Inquisición; de 1491 a 1505 hay constancia del procesamiento de ochenta y cuatro gerundenses como resultado de quince Autos de Fe, cuatro de ellos celebrados en la ciudad.


Bibliografía

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- La Càbala i su simbolismo. Gershom Scholem. Siglo XXI editores, 6ª edición, 1989. ISBN 968-23-0890-9

- La guerra civil catalana del segle XV. (2 volums). Santiago Sobrequés y Jaume Sobrequés. Edicions 62, 2ª edición, 1987. ISBN 84-297-2699-3.

- Girona. Guia del Call. Fèlix Xunclà i Tubert. Girona, 1995. GI-500-95

- El llibre de la redempció i altres escrits. Mossé ben Nahman. Universidad de Barcelona - Ayuntamiento de Girona, 1993. ISBN 84-600-8403-5

- Girona comtal i feudal. J. Canal, E. Canal, J. M. Nolla, J. Sagrera. Quaderns d'Història de Girona, 1996. ISBN 84-86812-57-7


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