Actual aspecte del calle de San Lorenzo, en pleno corazón del antiguo Call judío de Girona.
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Los judíos en Girona. (II) Nuevos tiempos: las primeras crisis. Con la muerte del rey Jaume I, el 6 de junio de 1276, los judíos de sus territorios perdieron un importante protector. Le sucedió en el trono Pedro III, llamado el Grande (1276-1285). Enfrentado al papa Martín IV, éste le excomulgó y dió la investidura de Aragón a Carlos de Valois, quien levantó en su contra una importante cruzada. Las guerras contra Felip el Atrevido y la coronación de la reina de Aragón Constanza, forzaron importantes contribuciones económicas de los judíos. A ésta, Pedro le otorgó como dote la ciudad de Girona, con las rentas de su Aljama. El mismo rey, cuando se refería a los habitantes de la Aljama, decía Nostra Jodaria, nostri judei. Las iras levantadas al final del reinado de Jaime I, lejos de apaciguarse, se agravaron y así, a primeros de abril de 1278, se registraron ataques contra los judíos de Girona; una parte del clero de la Seo, desde el campanario, y después desde sus própias casas, apedrearon el barrio de los judíos y a sus habitantes, talaron los frutales y arrancaron las viñas. No satisfechos, entraron a mano armada en el cementerio de Montjuic, donde profanaron y destruyeron sus sepulturas. Las quejas de los judíos llegaron al rey Pedro, quien culpó al obispo Pedro de Castellnou: Cum jam pluries super gravaminibus hujusmodi factis per Clericos et homines eorum dictis, vobiscum loquti fuerimus, et vos rogaverimus quod non sustineretis talia fieri, imo punieritis et castigaretis ea, cum videretur fieri in contemptur Nostrae Dominationis, cum jam, sicut scitis, temporibus retroactis opportuerit armari Dominum Regem inclitae recordationis, Patrem Nostrum, cum familia sua tunc existem, in Venere Sancto, manu armata expugnabant, miramur quare praedicta contingere potuerant (Habiendo Nos hablado muchas veces con vos de las vejaciones causadas por vuestros clerigos y sus gentes a los judíos, y rogandoos que no lo consintieseis, ni permitieseis de hacer tales cosas, más bien las castiguaseis, porque son en desprecio de nuestra Potestad, y tales que, como ya sabeis, forzaron a nuestro Padre, de feliz memória, a tomar las armas cuando estaba aquí con su família, para defender a los jueus, atropellados en Viernes Santo y a toque de campana por los dichos clérigos, nos maravillamos ciertamente de que estas cosas se hayan podido repetir). En unos términos parecidos, y con el objetivo de asegurar el cumplimiento de sus disposiciones, el rey se dirigió a las autoridads civiles de la ciudad -el veguer, el baile y los prohombres-, y finalizaba su misiva diciéndoles que por todo lo cual os mandamos que de aqui en adelante no consintáis que los clérigos ni otros de su família hagan daño a nuestros antedichos judíos, ni destruyan tampoco sus cosas y bienes, y [os ordenamos] en cambio que lo prohibáis varonil y poderosamente; y para que se vea que nuestro derecho está defendido por vosotros y por vuestros bienes, [os declaramos] que cualquier daño causado por los dichos clérigos a los judíos, lo conmutaremos Nos en daño vuestro y de vuestra hacienda (Mandamus vobis quatenus de cetero non sustineatis quod aliqui Clerici seu aliqui de familia eorum malum faciat, sive damnum judeis nostris praedictis, nec rebus ac bonis eorum, imo istud prohibeatis viriliter ac potenter; cum satis videatur jus nostrum per vos et bona vestra deffendi posse contra eos, alias de quocumque damno eisdem judeis, illato per Clericos supradictos, commutabimus Nos inde ad vos et bona vestra). Con esta severidad el rey cumplía un doble objetivo: asegurar su autoridad, y preservar la próspera Aljama, con el objetivo que no minvasen las rentas que de ella, y bajo múltiples formas, obtenía. En 1285, el rey tuvo que intervenir otra vez en defensa de los judíos del Call, en esta ocasión con motivo del asalto y saqueo del que fué objeto por los almogávares que iban a luchar contra Felipe III el Atrevido de Francia. A la muerte del rey Pedro en 1285, le sucedió Alfonso III llamado el Franco (1285-1291). Bajo su reinado siguió el descenso en la situación que se había conseguido durante el reinado de su abuelo, el rey Jaime; los judíos se vieron desposeidos de atribuciones y privilegios otorgados en aquella época. Ya no podían obtener ni servir los cargos de veguers, asesores, bailes... En Zaragoza se les prohibió desarrollar el comercio de la trapería, actividad extraordináriamente importante para la comunidad judía en aquel logar. La actividad intelectual judía. En el capítulo anterior se ha mencionado la que llevó a cabo la figura más importante de esta época, la del rabino Mossé ben Nahman, Bonastruc ça Porta, pero también hay que mencionar, entre otros, Jonah Megirondi (natural de Girona), nacido seguramente a principios de siglo y muerto el 1264 o 1304, según las versiones, Ionà Rabbí, Joan Rabbí, Mossé, Perez Ben R. Izchag Hacohen, conocido como Haraph... En el círculo cabalístico gerundense destacan Messulam ben Salomó de Piera, poeta, que llegó a ser líder de la Aljama de Girona, Ezra ben Salomó, el llamado Ezra de Girona, pensador tradicional, que escribió un comentario cabalístico al Cantar de los Cantares, Azriel ben Menahem, que renovó la Cábala con la introducción de elementos de la filosofia neoplatónica, Jacob ben Sheshet, autor de La puerta del cielo, Libro de la Fe y de la Confianza, y Libro de las Respuestas justas. Además de estos cabalistas, otros pensadores compusieron obras de temática moral y ética: Ioná ben Abraham, hijo de Girona, autor de un comentario al Libro de los Proverbios y tratados de ética jurídica (El Libro de la Piedad, el Libro de las Puertas del Arrepentimiento). De una tendencia más racionalista se puede mencionar la obra de Abraham ben Ezra, Samuel Aben-Tibbon, traductor de la Guía de los extraviados de Maimónides, y Bonastruc Desmestre, rabino de Girona que participó en la disputa de Tortosa, el 1413 ante el papa Luna, Benedicto XIII. La riqueza cultural de la comunidad judía gerundense también se evidencia en la relación de los libros que los judíos del siglo XV guardaban en su (publicada por Josep M. Millàs i Vallicrosa), lista sorprendentemente considerable dado que sólo es trataba de las obras que permanecieron en las casas después de haber tenido que entregar a la Cúria de Girona todos los que hiciesen referencia al Talmud. La comunidad judía en el siglo XIV. Para los judíos gerundenses, este siglo vendría marcado por la continuación de la política iniciada por Alfonso y seguida por Jaime II (1291-1327) en lo que se refiere a la progresiva anulación de los privilegios otorgados por sus antepasados a los judíos, y por los terribles disturbios de 1331, y muy especialmente de 1391. En 1297 el rey otorgó a todos los judíos de Aragón y Cataluña, y también a los de Mallorca, Múrcia y Valéncia (Per Nos et omnes succesores nostros tan in Aragonia et Cathalonia quantum in regnis Maioricae, Valentiae, Murciae, ac universo dominio et jurisdictione nostra), los mismos fueros y derechos que los que gozaban los cristianos, después que hubiesen abjurado del judaismo y convertido al cistianismo. Los primeros episodios de violencia se produjeron el 1302, con un ataque, por parte de jóvenes clérigos, contra el Call que provocó diversos heridos y numerosos destrozos; un testigo declaró que, de hecho, los acontecimientos eran indénticos a los que se habían producido en otras ciudades. Se refería al rito de mata judío, asimilable a la colophisation, el bofetón ritual que se daba a los judíos en Tolosa de Lenguadoc el viernes santo. Con el objetivo de evitarlo en el futuro, se prohibió que entre el miércoles santo y el lunes de Pascua los judíos saliesen del barrio que tenían asignado. Durante el breve reinado de Alfonso IV (1327-1336) se produjo el disturbio de 1331, muy bien documentado por el atestado que mandó levantar al Consejero y Baile General de Cataluña Ferrer de Lillet, y a Raimundo de Prat (Comisión dada por el Rey para tomar testimonios contra algunos miembros y clérigos que habían apedreado los judíos. 1331). Pedro IV el ceremonioso (1336-1386) tuvo que poner remedio a la situación de las comunidades judías: inició una política de reformas orientada a fortalecer la autoridad real incluyendo la atención a los judíos. De esta forma restablecía la capacidad de respuesta al pago de los impuestos que aseguraban subsanar los déficits pasajeros de las finanzas reales y locales.
Persecución de judíos. Ilustración marginal de les Crónicas de Offa (British Library, Cotton Nero D. I.), folio 183v, obra de Matthew Paris (Wikipedia).
Durante los hechos que se produjeron entre 1461 y 1468, período en el cual la reina Juana Enríquez se refugió en la Força Vella con su hijo, el infante Fernando, el futuro Fernando el católico, mucha famílias conversas de Girona la defendieron. El pelaire Juan Vidal Sampsó fué recompensado por sus servicios durante el sitio que sufrió la ciudad como consecuencia de la Guerra Civil catalana, y su hijo fué quien descubrió una mina que los sitiadores habían perforado cerca de la puerta del Call mediante la cual se hubiesen podido apoderar del infante Fernando. Paradójicamente, el 13 de septiembre de 1491 sus bienes fueron vendidos en los encantes públices de Girona, y Vidal y su hijo, y sus respectivas famílias, tuvieron que huir de la Inquisición, apoyada por el nuevo rey Fernando. También fué objeto de una trayectória parecida el converso gerundense Lorenzo Badós quien en el año 1462, en pleno sitio de la ciudad, fué nombrado médico de la casa del príncipe Fernando, más tarde protofísico real y miembro del séquito de la corona. Cuidó de Fernando y de él recibió toda clase de mercedes en prueba de agradecimiento por su labor y dedicación. Su mujer, Juana Badossa, fué juzgada en 1488 por el tribunal de la Inquisición de Barcelona, que la declaró culpable, y la condenó a ser estrangulada y posteriormente quemada. El 10 de agosto de 1503 era condenado por el Tribunal el mismo Badós. 1492: la expulsión. El 31 de marzo de 1492, los Reyes católicos dictaron la órden de expulsión de los judíos de su territorio; no ofrecia otra alternativa que la abjuración del judaismo o la expatriación forzada. La órden real llegó a Girona a finales de abril. Los Jurados, no demasiado diligentes en su cumplimiento, publicaron el 20 de junio un bando haciendo saber que los judíos podían vendee libremente sus bienes, y que todo el mundo podía comprarlos sin transgredir ninguna disposición real. El 29 de julio menudearon las transacciones de bienes inmuebles, y el 31 el Call fué abandonado por sus últimos habitantes. El 4 de agosto, con un Call completamente vacío, los Jurados dieron licencia a los nuevos compradores para derribar los cerramientos de puertas y ventanas, y que abriesen, como en cualquier otro barrio, las entradas y salidas. Es de suponer que los fugitivos de Girona se debieron establecer cerca de la frontera, con la esperanza de un hipotético retorno, algunos de ellos -Astruc Abraham, Leví Lleó, Mossé Vidal y Esdras Bellshom- en Perpiñán, a donde trasladaron los rotlles, llibres e tots altres abillaments, objetos que una orden judicial de 27 de agosto del mismo año de 1492 obligó a depositar a las autoridades de Perpiñán, de donde también fueron expulsados. De Perpiñán fueron trasladados a Potvendres y allí, embarcados hacia las costas de Nápoles. Los que, para evitar la expulsión, optaron por la conversión, fueron objeto de un rigor muy especial de la Inquisición; de 1491 a 1505 hay constancia del procesamiento de ochenta y cuatro gerundenses como resultado de quince Autos de Fe, cuatro de ellos celebrados en la ciudad.
Bibliografía |
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