Luis XIV, rey de Francia, en 1648. Retrato de Henri Testelin. (Wikipedia).

El mariscal Charles de Monchy, Marqués d'Hocquincourt. (Wikipedia).

Entrada en el Salón de plenos del Ayuntamiento, en la Plaza del Vino.

Juan José de Austria (1640-1643). (Wikipedia).

Detalle de Plan de la bataille de Verges... (1694) en el que se muestra Girona; destaca el perfil del castillo de Montjuïc.

Retrato del cardenal Mazarino, uno de los firmantes del tratado de los Pirineos. 1658-1660, obra del taller de Pierre Mignard, óleo sobre tela, 65 × 55,5 cm. Musée Condé, Chantilly. (Wikipedia).

Retrato del conde-duque de Olivares. Diego de Silva y Velázquez, 1634. 313 x 239 cm. (Wikipedia).

Firma del tratado de los Pirineos en la isla de los Faisanes. (Wikipedia).

María Teresa de Austria, esposa de Luis XIV de Francia e hija de Felipe IV de España, por Charles Beaubrun. (Wikipedia).

Mariana de Austria, esposa de Felipe IV de España, y madre de Carlos II, por Diego Velàzquez, 1652. Óleo sobre tela, 231 × 131 cm. (Wikipedia).

Retrato de Anne-Jules de Noailles. (Wikipedia).

El mariscal Anne-Jules duque de Noailles. (Wikipedia).

El rey de Francia Luis XIV. Grabado de The Memoirs of the Louis XIV. and The Regency, de Elizabeth-Charlotte, Duchesse d'Orleans. (Proyecto Gutenberg).

El rey Carlos II, a los diez años. (Wikipedia).

El rey Carlos II, a los 25 años. Carreño. (Wikipedia).

Pistola de pedernal, de Ripoll. Madera recubierta de plancha de latón repujado y grabado. Siglo XVII.

La Girona del siglo XVII (III).

El sitio de 1653

En junio de 1653, un ejército de cuatro mil caballeros y más de siete mil infantes, bajo el mando del mariscal francés Charles de Monchy, Marqués d'Hocquincourt, penetró por el Empordà, y el 12 de julio puso sitio a Girona, que se había convertido en una plaza estratégicamente vital para el paso de las huestes francesas en su camino hacia Barcelona. Las peticiones económicas de Juan José de Austria, y del mismo rey, fueron atendidas generosamente por la ciudad; para pagar a la guarnición de Girona, formada básicamente por alemanes, borgoñones, napolitanos e irlandeses, que hacía catorce meses que no habían cobrado, el Común y los particulares entregaron treinta y cinco mil onzas de plata para acuñar moneda, y el Capítulo de la Catedral, dos mil onzas más.

El 22 de septiembre, Juan José de Austria se presentó en Cassà de la Selva al frente de un ejército de socorro; el 24, en la Fuente de la Pólvora, en la batalla de Vila-roja, los franceses quedaron atrapados entre el ejército español que avanzaba y los defensores de Girona. Esta acción militar libró a la ciudad y permitió al ejército español perseguir a las tropas francesas por el Empordà. Juan José de Austria fué recibido triunfalmente en la ciudad el 6 de octubre, donde se le rindió una recepción con ceremonial reservado "para Reyes o Emperadores" (Busquets y Simon, "Girona al segle XVII").

A primeros de febrero de 1653 había sido nombrado lugarteniente y capitán general de Catalunya Juan José de Austria, el hijo natural de Felipe IV y la actriz María Calderón, hombre inteligente y despierto que, a la muerte de su padre, ocupó un importante lugar en la política española, y tuvo habilidad para reconducir la reconciliación entre Catalunya y la monarquía española, durante el período entre 1653 y 1656.

Durante el periodo de gobierno de Juan José de Austria, se inició una política decidida de atracción de los catalanes, especialmente de lps considerados más afectos, la burguesía del litoral (1). No obstante, después del sitio de 1653, la relación de este con Girona fué más problemática que la que tenía con otras villas y ciudades, por causa de la numerosa guarnición que se alojaba en la ciudad.

Soldados de los Tercios españoles. Fragmento del Auto de Fe, de Francisco Rizi, 1680. (Wikipedia).

Busquets y Simon (op. cit.) mencionan que el úñtimo día de 1653, los jurados le enviaron una carta quejándose de los daños originados por los soldados, atribuyendo la causa a la falta de avituallamiento que sufrían (2). Estos problemas y argumentos se repetirían durante los años suguientes en la correspondencia entre los jurados y Juan José, insistiendo, además, en la falta de pago del trigo y harina que el Común y los particulares habían suministrado al ejército real, la penúria que se vivia en Girona como consecuencia de las acciones de los miqueletes de Francia que obstaculizaban la entrada de víveres en la ciudad, etc.

La situación de tensión entre los jefes militares y las autoridades militares llegó a su punto más álgido en junio de 1654: Juan del Castillo, gobernador de la plaza, reclamó dos mil libras de menuts gironins para pagar las obras de fortificación que se llevaban a cabo en las murallas. En dos ocasiones, el Consejo de la ciudad ya se había opuesto a esta demanda, exponiendo que "que el correr estos "menuts" por esta Ciudad ha de ser una gran ruina para los habitantes por la experiencia que tenemos de que causan alteración en los viveres y mercaderias, que hará también notable daño para los soldados".

La noche del 9 de junio, Juan del Castillo se presentó ante el Ayuntamiento con una compañía de soldados, y después de sacar de su domicilio el que entonces era jurado en jefe, Miquel Cerdà, le exigió la entrega de los dineros "y a la vista de la gran porfia de dicho Gobernador y para evitar un escándalo que era muy factible sucediese, por empezar a alterarse la gente de la Ciudad, hicimos que el cajero de la Mesa le entregase quinientas libras de dichos "menuts". Durante los días siguientes se tuvieron que entregar otras cantidades bajo amenazas similares, como dejaban constancia en sus misivas los jurados a Juan José de Austria.


El tratado de los Pirineos

La firma de la paz de los Pirineos entre la corona española y Francia, en 1659, que consagró la hegemonia política y militar francesa en Europa, representó para Catalunya una gran mutilación territorial. El pacto firmado por el cardenal Mazarino y Luis Menéndez de Haro establecía la cesión a la monarquía francesa de los territorios del Rosellón, el Conflent, el Vallespir, el Capcir y una parte de la Cerdanya. "Ha sido convenido y acordado que el Sr. Rey Chr. quedará posseyendo y gozará efectivamente de todo el condado y veguerias del Rosellón, y del condado y veguería del Conrflent, y al Sr. Rey católico ha de quedar el condado de Cerdaña y todo el principado de Cataluña [...]; bien entendido que si se hallasen algunos lugares de dicho condado y veguería de Conflent solamente, y no del Rosellón, que estén dentro de dichos montes Pirineos, de la parte de España, quedará a su magestad católica; como también si se hayasen algunos lugares y vegueria de Cerdaña solamente, y no de Cataluña que estén dentro de dichos montes, de la parte de Francia, quedarán a su Magestad chris." (artículo 42 del tratado de los Pirineos).

Entrevista entre Luis XIV y Felipe IV, en la Isla de los Faisanes, en 1659, para acordar el tratado de los Pirineos. Detrás del rey español se aprecia Luis Menéndez de Haro. (Wikipedia).

En el tratado se incluyó un indulto general y la restitución de bienes a todos los perseguidos durante los años de la revuelta (1640-1659). Por el lado francés, el compromiso incluyó mantener la vigencia de los Usatges de Barcelona y sus instituciones al norte de los Pirineos, con sede en Perpiñán, pero este aspecto no fué respetado por el rey francés Luis XIV; un año más tarde, en 1660, los Usatges fueron derogados, lo que comportó la abolición de las instituciones propias en la Catalunya septentrional, así como también la prohibición del uso del catalán en el ámbito público y oficial, según real decreto francés del 2 de abril de 1700, con fecha de aplicación del 1 de mayo del mismo año.

En el tratado también estaba prevista la boda de Luis XIV de Francia con María Teresa de Austria, hija de Felipe IV de España, la dote de la cual se fijó en medio millón de escudos de oro, a cambio de renunciar a sus derechos sucesorios al trono de España. Esta compensación no llegó a pagarse nunca, y sirvió de pretexto a Luis XIV para anular el tratado e iniciar nuevas hostilidades, siendo uno de los factores que llevarían a la Guerra de Sucesión en 1702.

Los pactos acordados en secreto por Felipe IV, a escondidas de los consistorios catalanes, levantaron protestas, que no fueron jamás contestadas por la corte. Los importantes avances conseguidos por Francia, no obstante, no detuvieron el imperialismo francés: durante las cuatro últimas décadas del siglo, los paises vecinos de Francia sufrieron las agresiones de la potencia y, especialmente, la monarquía española. Entre 1667 y 1697 los Austrias españoles mantuvieron cuatro guerras con Francia, finalizadas con las paces de Aquisgrán, en 1668, de Nimega en 1678, de Ratisbona en 1684, y de Rijswijk en 1697.

Durante estos enfrentamientos entre las dos monarquías, Catalunya fué repetidamente invadida por las huestes del Rey Sol, y se convirtió en la muralla de vanguardia de España. "La vecindad con Francia nos ocasiona el blasón de ser Catalunya la muralla incontrastable de España, donde ha irrumpido y rompe todo el ímpetu de la furia francesa, desvaneciéndose como la débil espuma en las rocas del mar [...]. Pero, también es nuestra mayor incomodidad, no tanto porqué siempre tenemos que estar con las armas en las manos, ocasionados en tiempos de guerra y prevenidos en tiempos de paz, como porquè somos el campo que tienen más cerca para sembrar sus enredos y recoger nuestras desdichas" (Busquets y Simon, op. cit.).

Girona, perdidas las fortalezas del Rosellón, se convirtió en la clave de la frontera del noreste de España y punto vital para la defensa de Catalunya (3). Así, como plaza fuerte, Girona alojaba, después de Barcelona, la guarnición más numerosa del país, dividida en dos cuerpos, las tropas de la monarquía y las milícias del municipio; normalmente, estas últimas desarrollaban tareas de vigilancia en los portales del Areny, d'en Vila y de San Agustín, y eran, cuando se necesitaba, el refuerzo de las tropas profesionales en momentos de guerra.


Los sitios de 1675: Shomberg en Girona

El primero de los sucesivos conflictos mencionados, la denominada Guerra de la Devolución de 1667-1668, por la cual Luis XIV reclamaba los pretendidos derechos de su esposa María Teresa sobre los Paises Bajos españoles, tuvo pocas consecuencias para Catalunya, situación muy diferente de la del segundo conflicto hispano-francés, la Guerra de Holanda de 1672-1678. Ésta se mezcló con una revuelta antifrancesa en el Rosellón contra el impuesto de la sal. Los guerrilleros revoltados roselloneses, los llamados "angelets" (angelitos), recibían ayudas del Principado, donde en 1674 una invasión francesa fué rechazada en las riberas del rio Muga por el virrey duque de San Germano.

La situación que inicialmente era favorable desde un punto de vista militar a los ejércitos de Carlos II, cambió cuando a finales de 1674 la insurrección de Messina obligó a desviar hacia Italia tropas del frente de Catalunya, y, aprovechando la circunstancia, el general francés Shomberg entró en el Empordà con más de 10.000 soldados de infanteria y 3.000 caballos. Después de saquear La Jonquera, Agullana y otras poblaciones empordanesas, el 27 de mayo estableció el sitio a Girona.

Como en situaciones parecidas, la payesía de los alrededores se refugió en la ciudad; las monjas del convento de San Daniel se acomodaron en la casa del conde de Solterra (4). Las fuerzas de las milícias de la ciudad, del regimiento alemán de la "Chamberga" y los tercios de la Diputación, con el virrey duque de San Germano al frente, fueron suficientes para que Shomberg desistiese de ocupar Girona, la cual se benefició de las acciones de los miqueletes "españoles", dirigidos per el olotense Blai de Trinxeria, que castigaban contínuamente las líneas de avituallamiento de los franceses, impediéndoles los necesarios abastcimientos.

Después de varios ataques por el Puente Mayor y el puig d'en Barufa, donde los franceses se apoderaron del castillo de Montjuïc, el día 29 de mayo las tropas de Shomberg se retiraron de Girona, por el Congost y la Costa Roja, camino de Verges. Girona se vió libre de cualquier otro ataque francés hasta la publicación de la paz de Nimega el 30 de enero de 1679, firmada a finales del año anterior.


Los sitios de 1684: el mariscal Bellefonds

El afán expansionista de Luis XIV no se detuvo, y en 1683, las dos monarquías volvían a estar en guerra. El mariscal Bernardin Gigault marqués de Bellefonds, después de entrar por La Jonquera el 1 de mayo y atravesar el Empordà, asedió Girona el 12 de mayo de 1684, con una hueste de más de 14.000 hombres. Con previsión del ataque que los franceses preparaban contra Girona, los jurados de la ciudad pusieron este hecho en conocimiento del virrey y capitán general del Principado, duque de Bournonville, a quien solicitaron amparo y protección. Los combates fueron largos y cruentos: la artilleria francesa bombardeó la ciudad con insistencia, y el 24 de mayo se produjo un asalto. El capítulo de la Catedral contribuyó con 3.000 escudos al mantenimiento de la guarnición, y compañías de frailes cogieron las armas y dieron aliento a las tropas y a los ciudadanos para resistir al invasor.

Las tropas francesas se estrellaban ante la resistencia de la ciudad, y se atribuyó a San Narciso el triunfo sobre el poderoso ejército francés que habría sido víctima de un nuevo milagro de las moscas. En realidad, el principal artífice de la victoria fué el mismo Bellefonds, que se mostró pésimo como estratega cuando ordenó un ataque frontal a una brecha demasiado estrecha y bien defendida, sin tener aseguradas las mediaslunas que la protegían ni efectuar ataques de distracción en otros lugares de la muralla, incluso disponiendo de tropas suficientes para hacelo.

El 30 de mayo, el general francés que, intentando justificar su fracaso, elogiaba a los gerundenses diciendo que "si el rey de España tuviera este género de vasallos en Flandes, no se perderían tantas plazas", levantó el sitio, con un balance de cerca de 5.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, y se retiró por Domeny. Poco tiempo después, en agosto de 1684, el tratado de Ratisbona ponía fin a la guerra.


1694: la entrada del duque de Noailles en Girona

En 1688, cuando en Catalunya se iniciaba un importante alzamiento campesino contra los alojamientos de tropas y los impuestos extraordinarios de la guerra, denominada la guerra de los "gorretes" o "barretines", Luis XVI iniciaba un nuevo ataque contra los paises vecinos, empezando así la llamada Guerra de los Nueve Años, de 1688-1697.

En febrero de 1689, el virrey duque de Villahermosa, después de visitar la ciudad de Girona durante tres días, informaba a Madrid que la plaza se encontraba "en el más miserable estado que se puede ponderar respecto de faltarle de todo, como lo están las demás plazas de aquel Principado". Durante los primeros años de la guerra las tropas francesas del duque de Noailles saquearon el Empordà, la Garrotxa y el Ripollès, y ocuparon temporalmente Olot, Camprodón y San Juan de las Abadesas; en junio de 1693 dominaban Roses, y el 27 de mayo de 1694 el nuevo lugarteniente del Principado, el marqués de Villena, fué derrotado en la denominada batalla del Ter, donde encontraron la muerte cinco mil soldados españoles y tres mil quinientos fueron hechos prisioneros (Busquets y Simon op. cit.).

El mismo marqués de Villena, al recibir refuerzos de levas reunidas en Castilla, había manifestado que "con veinte mil soldados, todos españoles, no hay que temer". El 10 de junio el ejército francés, después de la captura de Palamós, se propuso asediar Girona, e inició las operaciones el dia 19.

El dia 24 el ejército francés había establecido sus baterías, y la artilleria empezó a disparar sobre la muralla de la puerta del Carmen; tres días más tarde, el 27, cayó el fuerte del Condestable, y las tropas de Noailles ocuparon todas las fortificaciones de las montañas próximas a la ciudad, inutilizando cualquier posibilidad de defensa. La situación en el interior de la ciudad se convirtió en dramática: faltaban toda clase de víveres, la guarnición no obedecía las órdenes de sus jefes militares, y no se tenía ninguna esperanza de recibir ayuda exterior.

El día 29 se reunieron el gobernador de la plaza, Francisco de Copula, el maestre de campo Carlos Sucre, los jurados de la ciudad encabezados por Francisco de Prats, y representantes del capítulo de la Catedral. En la sesión que llevaron a cabo se acordó la capitulación de la ciudad y, así, evitar el saqueo, que era la amenaza que habían proferido los franceses si tenian que entrar por la fuerza.

El 5 de julio el Consejo General designó José de Grato i Rasset, y Jerónimo Fontdevila como emisarios para tratar con Raymond Trobat, el intendente del Rosellón que acompañaba como asesor al duque de Noailles, las condiciones de la entrega de la ciudad. Raymond Trobat impuso cuatro condiciones: que se prestase sacramento y homenaje al duque de Noailles como lugarteniente y capitán general del rey Luis XIV en el Principado, que el mariscal francés entrase en Girona bajo palio hasta llegar a la Catedral, que la ciudad pagase una fuerte imposición cada mes para mantener el gobernador, los oficiales de estado mayor y la tropa que no se alojase en las casas de los particulares, y, por último, que se otorgase al rey de Francia una contribución de 50.000 libras barcelonesas.

A pesar de las protestas de los jurados Francisco de Prats, Narciso Vidal y Miguel Codina, que se oponían a rendir homenaje a Luis XIV (5) el 10 de julio el duque de Noailles entró en la ciudad y, bajo la amenaza de pena de obediencia, se hizor prestar sacramento de fidelidad y homenaje en los términos que él mismo, o el intendente, habían redactado.


La ocupación francesa

En los pactos establecidos entre el de Noailles y los jurados gerundenses, se establecía la garantía, en iniciarse el dominio francés, de la continuidad de todas las autoridades civiles y eclesiásticas en sus cargos.

En lo que se refiere a las magistraturas municipales es cumplió, pero no fué así en el caso del obispo Miguel Pontic, a quien Noailles expulsó prácticamente de Girona. El obispo, que a principios de agost de 1694 dejaba la ciudad para instalarse en el convento franciscano de Reus, escribía consternado a la Corte de Madrid comunicándoles que, a pesar de que las autoridades francesas le habían otorgado un pasaporte, durante el viaje las tropas francesas le habían robado a él y a sus acompañantes, y solicitaba del rey una pensión de 700 libras para manutención.

Constitutiones Synodales Diocesis Gerunden(sis). In unum collectae, renovatae, et anotae sub Illustrissimo et reverendissimo domino Dr. Fr. Michaele Pontich, Episcopo Gerundensi.Variis glossis exornatae a Francisco Romaguera I.C. Civeque Honorato gerundensi. Inclito Martyri D. Narciso Episcopo Patrono ac Titulari Gerundensi dicatae. Girona, Hieronymi Palol, 1691 compilación hecha por Miguel Pontic (1632-1699), con comentarios de Francisco Romaguera, editada en los talleres del impresor gerundense Jeroni Palol. (Wikipedia).

La ocupación francesa, percibida por los mismos franceses como temporal, se caracterizó por los esfuerzos empeñados en conseguir un equilibrio entre la extracción de recursos para el mantenimiento del ejército y acordar, al mismo tiempo, unas condiciones de convivencia con los gerundenses suficientes para conseguir el objetivo de no provocar revueltas abiertas contra los franceses.

El dia 11 de julio los jurados entregaron a las autoridades francesas un memorial en el que exponian sus peticiones orientadas a regular las condiciones de la presencia francesa, escrito en el que se pedía, principalmente, la confirmación de los privilegios, usos y costumbres de la ciudad, de los gremios y de los ciudadanos, que no se pidiese, por parte de los oficiales y tropa, más contribuciones que los ya acordados 18.000 francos a pagar anualmente por el Común, que se prohibiesen los juegos de los militares, por los alborotos que podían provocar -i provocaban- por las calles, que el municipio pudiese mantener los derechos de entradas sobre el vino y otros productos, que ningún francés pudiese tener panaderia, taberna, carniceria o despacho de otros víveres, y que el donativo acordado a Luis XIV se pudiese satisfacer a plazos, en base a las posibilidades de la ciudad.

Las autoridades francesas lo aceptaron sin demasiadas modificaciones y la ocupación, que duró tres años y medio, transcurrió sin demasiadas alteraciones, a pesar de las cargas fiscales, los abusos de las tropas y el entorpecimiento de la actividad mercantil debida a la inseguridad originada por la guerra, aspectos todos que fueron empobreciendo la ciudad.

En el aspecto militar, Girona constituyó una importante base para las operaciones de los franceses, que se encontraban facilitadas por la pasividad de los lugartenientes españoles el marqués de Gastaña y el conde de Melgar, que supeditaban la defensa de Catalunya a las conveniencias del partido afrancesado que en la época ganaba rápidamente adeptos en la Corte de Madrid. La toma de Barcelona por el duque de Vendôme el 10 de agosto de 1697 constituyó el momento álgido de la ocupación francesa de Catalunya y un nuevo intento, después de la acción de 1641, de integrarla en la monarquía francesa. El Principado, no obstante, era solamente una de las muchas piezas del juego, complejo, de la política exterior europea, y su suerte iba ligada a un nuevo tratado internacional.

Éste se materializó con la firma de la paz general en Rijswijk el 20 de septiembre de 1697, documento que, entre otros acuerdos, preveia la evacuación de Catalunya de las tropas francesas, evacuación que se llevó a cabo sin demasiadas dificultades. Después de abandonar Barcelona el 4 de enero de 1698, la madugrada del 10 la guarnición francesa de Girona salía hacia el Puente Mayor, en dirección al Rosellón.

A las diez de la mañana de aquel día, entraron por el portal del Areny las tropas del tercio de la ciudad de Toledo, comandadas por el marqués de la Florida, maestre de campo general del ejército español, y por Diego Salinas, gobernador interino de la plaza. La llegada de los soldados españoles fué recibida con muestras de alegria por la población gerundense, tal como describe el Manual d'Acords de aquel año: "la plaza de las Coles estaba abarrotada, donde universalmente había acudido todo el mundo que no se puede explicar el gran contento y gritos de Viva España; y luego las tres coblas de ministriles que esta Ciudad había prevenido y estaban en el balcón de encima de dicho portal, se pusieron juntas a sonar diferentes bailes". Por la tarde se celebró un solemne tedèum en la Catedral y hubo un repique de campanas de todas las iglesias de la ciudad que duró una hora.


El final del siglo: Girona y Carlos II

La reincorporación de Girona a la monarquía de Carlos II, en enero de 1698 se produjo en una situación de la ciudad bien penosa: muchas casas de la ciudad estaban destruidas o semidestruidas, la Mesa de Cambio presentaba un déficit de 34.000 libras, la situación monetaria era un desconcierto total por la gran cantidad de dinero francés de baja ley en circulación, los precios de los víveres extremadamente desproporcionados al coste de la vida, la manufactura y el comercio, abatidos, y, por tanto, ferias y mercados con muy poca concurrencia, lo que se traducia en una considerable reducción de las fuentes de recursos más importantes para la ciudad.

En el momento de producirse la entrada de las tropas españolas en la ciudad, los jurados se dirigieron al marqués de la Florida expresándole que los alojamientos de los soldados no representasen una nueva carga para una ciudad ya excesivamente castigada "por encontrarse abatida por causa del contratiempo pasado de haber sido rendida al Enemigo, y cautiva en su poder en el transcurso de tres años, seis meses y diez días, y por consiguiente como forzada, y por no llegar a su total ruina y perdición, tener los erarios vacios hasta haber tenido que gastar todos los dineros de los particulares en aquellos depositados". No obstante, el miserable estado de la guarnición que había entrado en Girona hizo exigir nuevas contribuciones. El gobernador de la plaza respondía a los jurados: "Y muchos llevan las heridas abiertas y necesitan remedios", pidiendo un subsidio de 800 libras para procurar camas e indumentaria a la tropa; a pesar de las protestas de los jurados, finalmente se entregaron, además de sábanas y mantas.

Para enderezar urbanística y económicamente la ciudad, desde el mismo 1698 las autoridades municipales pusieron en marcha una serie de medidas, como la apertura de la Mesa de Cambio, la protección del mercado de Girona ante la competencia de los de Cassà y Santa Coloma de Farners, defensa de las manufacturas propias frente a las barcelonesas, riguroso control de los gastos municipales, y, especialmente, un ambicioso proyecto para rehacer urbanísticamente la ciudad, plan planteado en el Consejo General de agosto de 1700, que pasaba por la reconstrucción del barrio del Mercadal, el más castigado por los bombardeos de los sitios, edificar al lado del portal de Figuerola un gran cuartel de caballeria para poner fin a los problemas de los alojamientos, terminar el puente de San Agustín y hacer dos puentes más entre la plaza de las Coles y el Mercadal, todo por un valor de 15.500 libras.

No obstante estos esfuerzos, la guerra volveria a planar sobre Girona en 1705 con motivo del plieto sucesorio por la corona de España que enfrentó las Casas de Austria y de Borbón.


Notas

(1) - El príncipe aprovechaba todas las ocasiones para recordar "el entrañable amor que su Majestad tiene a los catalanes", pididiendo al estamento eclesiástico que cooperase en la obra de captación política y procurando resolver la cuestión de los alojamientos "para evitar los trabajos y excesos que de su naturaleza causan". Font: "Girona al segle XVII", J. Busquets y A. Simon. Volver al texto

(2) - "[...] como dichos soldados solo sean asistidos con un solo pan de munición y no puedan vivir de aquel, es evidente tengan que hacer y causar dichos excesos y daños, y lo mayor es que muchos de dichos soldados por causa del pocp alimento enferman y mueren en los hospitales de esta Ciudad de donde viene mucho la disminución del real ejército". Font: "Girona al segle XVII", J. Busquets y A. Simon. Volver al texto

(3) - Busquets y Simon mencionan que en una misiva que en mayo de 1675 enviaron los consejeros de Barcelona a la regente Mariana de Austria, madre del incapacitado Carlos II, reconocían que "[...] siendo señor el enemigo de Gerona, puede ir siguiendo la Província [...] cortando las plazas de Puigcerdà y Camprodon, y llegar a la frontera de Aragón y Valencia, no encontrando lugar que le se le pueda oponer". Volver al texto

(4) - Feliu de la Penya, en Annales de Cataluña describe la situación de la ciudad como caótica: "Había hallado este asedio tan desprevenida la Plaza que ni las artillerías estaban en sus puestos, ni había orden ni concierto en cuanto se ejecutó". (Busquets y Simon, op. cit) Volver al texto

(5) - Su argumento era que "habiendo esta Ciudad de volver, como así lo cree, a la obediencia de su Rey Católico por via de Paces u otramente, podía esta Ciudad ser calumniada de haberlo hecho". (Busquets i Simon, op. cit) Volver al texto


Bibliografia

- Girona al segle XVII. Joan Busquets / Antoni Simon. Cuadernos de Historia de Girona, 1993. ISBN 84-86812-33-X

- Història de Girona. Dirección, Lluís Costa Fernández. Ateneu d'Acció Cultural (ADAC), 1990. ISBN 84-404-7571-3

- La Catalunya del barroc vista des de Girona. La crònica de Jeroni de Real (1626-1683). Joan Busquets Dalmau. Publicaciones de la Abadia de Montserrat y Ayuntamiento de Girona. 2 volums. 1994. ISBN 84-7826-514-7

- El tractat dels Pirineus i els seus antecedents. Josep Sanabre. Rafael Dalmau, 1988. ISBN 84-232-0274-7

- L'oferiment de retrocessió del Rosselló a Espanya (1668-1677). Pau de la Fàbrega Pallarés. Rafael Dalmau, 1962. Depósito legal B-20545-1962

- Sant Pere de Galligans. La història i el monument. Josep Calzada i Oliveras. Diputación de Girona, 1983. Dep. legal GE-11/83.

- El sitio de Gerona en 1684. Manuel Danvila y Collado. Publicado en Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 35 (1899), pp. 355-358.


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