Detalle de la fachada principal de la iglesia de San Félix, una de las obras artísticas más importantes del siglo XVII.

La antigua canónica de San Martín Sacosta se convirtió en la residencia de la compañía de Jesús.

Detalle de la fachada principal de la iglesia de San Félix, una de las obras artísticas más importantes del siglo XVII.

Detalle de la fachada de las Águilas, el Estudio General, del cual se colocó la primera piedra en 1561.

Entrada al edificio de la Casa de la Ciudad; al fondo, entrada a la sala donde deliberaba el Consejo municipal, en la plaza del Vino.

La calle de los Ciudadanos, residencia de muchos linages nobles.

Claustro del monasterio de San Pedro de Galligants, habitado en la época per una docena de monjes.

Vista nocturna de la fachada de la Catedral.

Detalle de la fachada principal de la iglesia de San Félix, una de las obras artísticas más importantes del siglo XVII.

Monumento al destacado jurista de Olot Joan Pere Fontanella.

Fachada principal y campanario de la Catedral.

Detalle del rosetón de la fachada principal de la Catedral.

Puerta de entrada al edificio de las Águilas, plaza de Santo Domingo.

Detalle del tejado del monasterio de San Pedro de Galligants, habitado en la época por una docena de monjes.

Vista nocturna de la escalinata de la Catedral.

La Girona del siglo XVII (I).

La situación de la ciudad. El entorno histórico.

En esta época, Girona, urbanísticamente, no presentaba demasiados cambios desde la época bajo-medieval; estaba completamente amurallada y dividida por el rio Oñar en el sector llamado de la Ciudad -el más poblado(1)- y el del Mercadal; al norte, los burgos de San Félix y de San Pedro de Galligants, y más allá, fuera muralla, los barrios de Pedret y del Puente Mayor. Al sur, quedaba el barrio del Carmen.

Durante el siglo XVII, se viven en Europa grandes convulsiones: la Guerra de los Treinta Años, las luchas por la hegemonia entre las coronas española y francesa, las revoluciones y levantamientos de los años cuarenta y las agresiones del imperialismo francés de Luís XIV en la segunda mitad de siglo, y todo esto combinado con una considerable reducción de la producción agraria y manufacturera, las caídas demográficas de las ciudades, las consecuentes mermas de la actividad comercial, y, además, periódicas hambrunas y epidemias.

Este panorama ha sido calificado por algunos historiadores como una crisis general europea, situada entre dos períodos de natural crecimiento, los siglos XVI y XVIII, a pesar de que otros argumentan que ni todo el siglo se vió afectado de la misma forma ni tampoco todas las regiones europeas tuvieron la misma trayectoria.

En Catalunya, el período de expansión posterior a la crisis bajo-medieval continuó hasta bien entrado el siglo XVII; según Busquets i Simon, es en el período central de la centúria que Catalunya entra en un ciclo depresivo con un punto de referencia claro en la gran pandemia de peste del 1650-1652.

La regresión general del comercio mediterráneo a partir de 1620 enlazada con una serie de malas añadas en los camps que provocaron una carestía considerable en 1629-1631, y la Guerra de los Segadores y la lucha por la hegemonia de Europa entre España y Francia, que convertieron Catalunya en un continuo campo de batalla entre 1635 y 1659, provocaron la gran caída económica y demográfica del período. A partir de 1680, en cambio, se aprecia una recuperación demográfica y del sector agrícola especializado dedicado a la exportación: la viña, la almendra y la avellana, y la fabricación de aguardiente.

No obstante, esta evolución general del Principado no es de plena aplicación a Girona; las guerras con la Francia de Luis XIV imposibilitaron cualquier recuperación. El alzamiento de 1640 representó una resistencia a la nacionalización castellana de la Monarquia, durante la época del conde-duque de Olivares, y al aumento de los impuestos a las provincias periféricas para financiar los enormes gastos de los Áustrias. Esta tendencia se materializó con la entrega de Catalunya a la Francia de Luis XIII y Richelieu. Este proceso provocó una larga guerra que diezmó y enpobreció el Principado, y que finalizó con la mutilación de Catalunya por los acuerdos del Tratado de los Pirineos de 1659.


La demografía

Durante el siglo XVII la demografía gerundense, presentó un período de clara regresión; después del crecimiento experimentado durante la segunda mitad del siglo XVI, en buena parte debida a la corriente de inmigración, especialmente de orígen francés, pero también a unos índices de natalidad que llegaron a su punto más alto durante las dos últimas décadas del siglo anterior, fueron seguidos por una etapa de estancamiento y una caída contínua a lo largo del siglo XVII, que se inició en la década de los años cuarenta.

Gráfica de la población en la Girona del siglo XVII. Bautismos en la Parroquia de San Félix. Índice 1600-04 = 100. (Datos extraídos de "Girona al segle XVII")


A este movimiento regresivo contribuyeron, simultáneamente, diversos factores: caída de las actividades comerciales y artesanales, la grave carestía de 1629-1631, la suspensión de la llegada de gentes de la otra parte de los Pirineos, la profunda crisis de 1640-1660 consecuencia de la Guerra de los Segadores, y la gran peste de 1650, que ha sido considerada la de mayor intensidad después de la famosa Peste Negra de 1348. El bache demográfico provocado por esta pandémia, que en situaciones más favorables se hubiese llenado con quince años de repoblación forastera, tardó más de setenta años en recuperarse.

En base a los datos que Busquets y Simon exponen en Girona al segle XVII, y Castells en Els segles XVI i XVI, en 1631, momento a partir del cual se inicia la caída, había en Girona 1.292 fuegos laicos y 204 eclesiásticos, aproximadamente unos 6.000 habitantes, nivel de población ligeramente inferior a los máximos del siglo anterior y al inicio del XVII; en 1639 1.183 fuegos, y en 1651, los fuegos laicos habían bajado hasta 884, después de dos años de calamidades: en veinte años se había producido un decrecimiento del 31,5 por ciento.

Durante el último tercio del siglo, a diferencia de otras comarcas y ciudades de Catalunya, tal com se ha expuesto en el apartado anterior, las guerras frustaron la recuperación (2). Por otra parte, el carácter militar y defensivo que adoptó la ciudad obstaculizó notablemente los progresos de la sociedad civil.


La caída económica

El último tercio del siglo XVI en Girona se caracterizó por una notable actividad en la construcción del Estudio General en la plaza de Santo Domingo, el ensanche de la plaza de las Coles o la construcción de grandes residencias, aún cuando se apreciaban síntomas de que la base productiva y financiera de la ciudad estaba entrando en una grave crisis (3).

Para mantener la financiación de sus operaciones, el Consejo de la ciudad inició grandes emisiones de moneda de vellón con un bajo contenido en plata, con un valor nominal muy superior al de la propia moneda; entre 1599 y 1617 salieron de la ceca de Girona 241.000 libras, lo que equivalía a más de cuarenta veces el presupuesto anual del municipio. Pronto se produjo la consecuencia: una considerable alza de precios y una pérdida considerable de competitividad, la depreciación del vellón y el acaparamiento de las monedas de oro y plata (4).

Moneda de la época del alzamiento contra Felipe IV de Castilla

La industria textil, expansiva durante el siglo XVI, ya a principios del XVII empezó su declive: los comerciantes barceloneses, mercado muy importante de la producción gerundense, buscaban los productos más baratos de la traperia rural de sus alrededores o de otras comarcas -la Anoia, Osona, la Garrotxa- para neutralizar la competencia de los tejidos extranjeros. Así, la salida tanto barcelonesa como mediterránea de los tejidos de la ciudad se convirtió en bastante problemática, y los capitales invertidos se reorientaron hacia actividades de rentabilidad más asegurada; los mercaderes, en particular, adquirían mansos y granjas de los alrededores de la ciudad, y dedicaban sus rentas al arrendamiento de derechos señoriales. El resultado fué la descapitalización de la manufactura, y la consecuente desindustrialización de la ciudad.

Durante la segunda mitad del siglo, las guerras y las invasiones francesas, -contínuas-, agravaron la situación: los sitios y destrucciones, los alojamientos de los soldados de los Tercios y las contribuciones, los gastos para rehacer las fortificaciones y murallas, la huida de comerciantes y mercaderes hacia lugares más seguros (5). Girona, que antes de finales del siglo XVI, conjuntamente con Barcelona y Perpiñán, era uno de los núcleos urbanos más dinámicos del Principado, en 1700 era una ciudad débil y exhausta, completamente al margen del resurgimiento económico catalán de finales del XVII.


La política y las instituciones

En Catalunya las ciudades estaban organizadas de forma más parecida a las italianas y mediterráneas que a las de Castilla. En Girona los habitantes estaban divididos en tres categorías, ciudadanos de mano mayor -ciudadanos honrados, médicos y juristas-, de mano mediana -mercaderes y artesanos- y de mano menor -miembros de diversos oficios-, rango impuesto por la profesión y especialmente por la fortuna.

El gobierno municipal disponía de dos instituciones. Los Jurados, que formaban el ejecutivo y ostentaban el cargo por un año. Al frente del gobierno municipal había el Jurado en jefe, que tenía que ser necesariamente un ciudadano de la mano mayor, quien gestionaba un equipo de seis jurados, hasta 1576 en que fueron reducidos a cuatro. El Consejo General representaba a todos los gerundenses. Integrado por ochenta prohombres, en el año 1564 fué reducido a sesenta, de los cuales 6 eran nobles, 18 ciudadanos honrados, 18 mercaderes y 18 menestrales.

Además de los Jurados y del Consejo General, el municipio disponía de unos consejos menores o comisiones especializadas; así, en Girona había los consejos de peste, de guerra, de tienda, de la mesa de cambio, de estudios. Otros cargos eran los mostassaf, los responsables de los mercados, de las pesas y medidas, del precio y la calidad de los víveres; el clavario o tesorero; los auditores de cuentas; el sobrepuesto de obras; los mensajeros y embajadores de la ciudad, etc.

En lo que se refiere a las instituciones públicas de asistencia y caridad, y desde la época medieval, se estructuraban básicamente alrededor de la Pia Almoina del Pan de la Seo y diversas instituciones hospitalarias. En el siglo XVII, el funcionamiento y distribución de rentas de la Pia Almoina se reorganizaron y dotaron de nuevos estatutos (6). Una cuantificación del colectivo de pobres en la Girona de la época la da las estimaciones de los Jurados gerundenses en el año 1639, en que se tuvo que afrontar una talla extraordinaria para hacer frente a los gastos de la guerra con Francia, en la que informan que se tendrá que deducir "del número de fuegos de dicha Universidad, diez por ciento para los pobres y miserables".

Hasta 1645, la institución hospitalaria más importante fué el Hospital de Santa Catalina, edificado a principios del siglo XIII en la ribera izquierda del Oñar, aproximadamente donde hoy está situado el Mercado del León, institución que cumplía funciones médicas y de asistencia a peregrinos y vagabundos, recogía niños huérfanos o abandonados, etc; en esta fecha disponía de más de ochenta camas.

Durante la Guerra de Separación de Catalunya, en 1653, el comandante militar decidió su derribo, argumentando que por su posición extramuros del Mercadal había servido de cabeza de puente para las tropas francesas en su sitio de la ciudad. En mayo de 1666 se inició la construcción del nuevo hospital, que corresponde al actual edificio de la calle Pompeu Fabra, las obras del núcleo principal del cual, incluída la capilla de Santa Catalina, finalizaron en 1679. A la inauguración de las dependencias, el dia de los Santos Inocentes de aquel año, asistieron "los religiosos, las cofradías con las banderas, gigantes, dragones, águila, y los señores jurados consistorialmente con las trompetas, dos coblas de músicos, y la música sorda".

Las instalaciones asistenciales de la época se completaban con el Hospital de la Misericordia, inaugurado el 12 de febrero de 1637, para niños y viejos desprotegidos, que llegó a tener más de 120 internos, y, a extramuros de la ciudad, el denominado Hospitalet dels Belitres -"belitre" significaba vagabundo- que acogía temporalmente mendigos y personajes marginados. En el Hospital de la Misericordia se atendió a los apestados de 1650; entre julio y noviembre de este año el contagio se llevó a la tumba cerca de 1.000 víctimas, entre habitantes de la ciudad y personas de paso.


La iglesia gerundense.

La diócesis de Girona era uno de los nueve obispados integrantes de la Tarraconense, con Tarragona, la archidiócesis, Barcelona, Lleida, Tortosa, Urgell, Vic, Solsona y Elna; este último trasladó la residencia del obispo y la catedral a Perpiñán, en la iglesia de San Juan Bautista, en 1609. El obispado de Girona era modesto dentro del conjunto de los catalanes; el de Tarragona, que tenía unas rentas de 22.000 escudos anuales, era el más rico. Girona tenía 6.000, aún siendo una de las diócesis más pobladas, con casi 70.000 habitantes, una extensión de 4.700 km2 y 348 parroquias.

Fachada de la iglesia de San Martín Sacosta, encomendada a la congregación de los jesuitas.

La ciudad, con 6.000 habitantes, tenía tres parroquias; la Catedral, San Félix y el Mercadal. También había la pequeña parroquia del barrio de San Pedro, que utilizaba la iglesia de San Nicolás, y la de Santa Eulalia Sacosta -denominada popularmente de Santa Lucia-. El total de clérigos y frailes en la ciudad sobrepasaba los 500; un 10% de los habitantes de la ciudad eran eclesiásticos.

En la Girona del siglo XVII había diez conventos de hombres y cuatro de mujeres, cifra que aumentó con la llegada de las órdenes de nueva fundación, jesuitas y capuchinos en 1581, agustinos en 1584, Carmen descalzo en 1591 y de San Francisco de Paula -los mínimos- en 1611. En cuant a las órdenes femeninas, solamente hubo una de nueva fundación, las capuchinas, en 1630, en la subida del Rey Martín donde se encuentran aún.

La Guerra de Separación 1640-1659 dividió la Iglesia catalana; mientras que el papa Urbano VII mantuvo una posición de neutralidad, los eclesiásticos del país tenían posiciones opuestas: los obispos eran partidarios de la fidelidad a Felipe V, y no reconocieron al rey de Francia, mientras que los canónigos y muchos religiosos, se manifestaron a favor de la separación. Muchos incluso cogieron las armas contra el enemigo.


La cultura

Como mencionan Busquets y Simon, la mejor época de la universidad gerundense corresponde a finales del siglo XVI y todo el XVII; en el año 1561 se inició la construcción del Estudio General, -el edificio de "las Águilas"- cerca de la Puerta Rufina, y en 1572 se abrieron las clases de la parte acabada del edificio. Disponer de esta institución ya venía de lejos; el municipio ya lo había solicitado a Alfonso el Magnánimo, pero el privilegio real que concedía Universidad a Girona, de 1446, no es se pudo poner en marcha en el siglo XV debido a la guerra civil catalana, la inestabilidad que sufría la ciudad, y la crisis económica. Finalmente, en 1605, Girona consiguió la bula pontificia que confirmaba el privilegio real.

El decreto real de la fundación disponía que Girona podía crear todas las facultades universitarias que quisiera organizar y pudiese sostener. En el siglo XVII, en su momento álgido, Girona tenía 17 cátedras en el Estudio General: 7 de teología, 3 de gramática, 3 de filosofía, 2 de leyes y 2 de medicina.

Detalle de la fachada de las Águilas, el Estudio General de la plaza de Santo Domingo, del cual se puso la primera piedra en 1561.


En el siglo XVII funcionaron en Girona dos imprentas, la de Gaspar Garrich y la de Jeroni Palol. Gaspar Garrich fué el primer impresor en disponer de un taller estable en la ciudad, que instaló ampliando la libreria de su padre, Arnau Garrich en la calle de la Argenteria, y que se mantuvo activo desde 1617 a 1638.

En la segunda mitad del siglo iniciaron su actividad como impresores los Jeroni Palol padre e hijo, con un taller inicialmente instalado dentro del Estudio General, que a partir de 1683 lo encontramos en la plaza de San Félix, y después en la de San Pedro. La obra más importante salida de sus talleres fué Constitutiones Synodales Dioecesis Gerundensis, del jurista Francesc Romaguera, en 1691.

En las bibliotecas gerundenses del siglo XVII se podía encontrar, además de los libros estampados en la ciudad, trabajos como Crónica Universal del Principado de Catalunya, de Jeroni Pujades, obras del sabio jurisconsulto Joan Pere Fontanella -las principales, De pactis nuptialibus, Senatus Cathaloniae-, el Resumen historial de las grandezas de Gerona, de fray Joan Gaspar Roig i Jalpí, obras del jesuita gerundense Francesc Garau, etc.

El catalán conservaba su carácter de idioma oficial del Principado y era la lengua normal en los hogares, pero también se cultivaba en el ámbito culto, tanto en la vertiente de creación como en la de divulgación: Jeroni de Real escribió en catalán su Crónica y las Advertencias. El catalán de la época no despreciaba las influencias externas, adaptando al catalán castellanismos y cultismos.


Monumentos y edificios religiosos.

Si bien los grandes monumentos de la ciudad eran góticos, el siglo XVII aportó a Girona unas cuantas construcciones barrocas: las fachadas, escaleras, portaladas y retablos caracterizan las construcciones de la época, como las fachadas de la Catedral, la de San Félix, del 1601, y la de San Martín (7).

El diseño inicial de la fachada barroca de la catedral fué obra del tracista Josep de la Concepció, un carmelita descalzo de muy buena reputación en la España del siglo XVII (8). El obispo de Girona Severo Tomás Auter encaregó la obra al arquitecto Francisco Puig, después que éste, el 24 de junio de 1680, ganase el concurso de ideas correspondiente. Poco después de haberse realizado la elección, el 12 de agosto, presentaron una nueva traza, firmada por el barcelonés Miquel Llavina, circunstáncia que abrió un debate en el seno del capítulo, entre los partidarios de uno y otro diseño. Finalmente escogieron el de Llavina, lo cual no impidió que ratificasen a Puig como arquitecto de las obras. El nombre de Llavina quedaría eclipsado más tarde por el de Pedro Costa, autor de las fases construídas el siglo XVIII.

Entre las construcciones civiles de la época destaca el puente cubierto de arco rebajado del palacio de los Agullana, de 1631, obra del mestro de casas y picapedrero Felipe Regí, y el nuevo hospital de Santa Catalina, iniciado en 1666, después del derribo del anterior fuera murallas, en 1654. Los templos conventuales, casi todos desaparecidos, aún góticos, coexistían con los de nueva construcción: la iglesia de San José del Carmen descalzp, en 1691, el nuevo Carmen calzado, en la subida de San Martín, de 1653, el de la Mercè y el nuevo de Santa Clara, dentro del Mercadal.


Notas

(1) - J. Busquets y A. Simon, en "Girona al segle XVII citan que según la talla de 1651 residían más del 60 por ciento de los habitantes; si añadimos la población del burgo de San Pedro y de los barrios de Pedret y el Puente Mayor, representa el 18 por ciento más. Las calles más pobladas eran las Ballesterias (78 famílias), los Ciudadanos y la Plaza de las Coles (la Rambla). El Mercadal, el barrio nuevo de Girona, reunía solamente el 20 por ciento de la población. Volver al texto

(2) - J. Busquets y A. Simon, en "Girona al segle XVII mencionan que En opinión, expresada alrededor de 1680, por el cronista Jeroni de Real, "querer volver la guerra por estas partes y que la dicha ciudad quiere obrar como tiene acostumbrado en servicio de su monarquía, un año otro y otro, y no es razón se le atenúen las fuerzas de manera que venga a ser como una naranja sin jugo. Y, al finalizar la centúria, Girona se hubo convertido en una ciudad arruinada, en el sentido literal de la palabra. En el Consejo General celebrado el mes de agosto de 1700, los consejeros se lamentaban "por ser tan notoria la falta de casas en esta ciutat por calquier família de todos estados". Volver al texto

(3) - J. Busquets y A. Simon, en "Girona al segle XVII mencionan que [...] en la documentación municipal se repiten expresiones como "Hoy en día los tejidos, principal trato de esta ciudad, va mucho a la ruina". A finales del siglo XVI se empiezan a detectar las características de la crisis peninsular: inflación monetaria, caída de las actividades productivas y triunfo de la competencia extranjera. Volverr al texto

(4) - Un memorial sobre la situación monetaria del Principado, hecho con motivo de las Cortes de 1626, comparaba Girona con Castilla, donde la inflación había destruído la economia durante el siglo XVII: [...] "No dejo de reparar en lo de la ciudad de Gerona donde se ve en el día de hoy el daño tan notable que causa esta moneda: porqué siendo esta ciudad después de Barcelona, la más poblada, más rica de gente y de grandes faldas, por donde era abundantísima y barata, la tienen los menudos en gran aprieto y muy empeñada". J. Busquets y A. Simon, a "Girona al segle XVII . Volver al texto

(5) - Alrededor de 1680, el cronista Jeroni de Real se lamentaba de como [...] "ha venido esta ciudad tanto a menos por ocasión de la guerra que es lo mismo que un fuego abrasador" y, según un memorial dirigido al rey Carlos II después del sitio de 1684, a los gerundenses solamente les quedaba [...] "el valor y la vida para continuar en sacrificarlas al servicio de V.M.". En el escrito se enumeraban los diferentes donativos, contibuciones y levas con qué la ciudad había servido a la Corona desde el año 1652, el coste de todos los cuales ascendían a la enorme cantidad de 130.000 libras. J. Busquets y A. Simon, a "Girona al segle XVII . Volver al texto

(6) - El primero de estos nuevos estatutos fué redactado el 21 de noviembre de 1628 entre los comisarios de la mencionada institución y el Capítulo de la Seo; del segundo, fechado el 23 de julio de 1629, dió fe Miquel Mascord, notario público de Girona y de los negocios de la Seo; el tercero, de 22 de diciembre de 1635, se encuentra recogido en el Llibre Groc de privilegios de la ciudad, del Archivo Municipal. Las disposiciones más relevantes de éste último comprendían los puntos siguientes: reducir a cuatro el número de comisarios de la Pia Almoina, estipulando al mismo tiempo que todos debían ser canónigos de la Seo; dedicar la cantidad anual de 310 libras a la financiación de los hospitales de Santa Catalina o de la Misericordia; y aumentar el número de dotaciones para doncellas pobres, pasando a quince dotes de 80 libras para muchachas nacidas en Girona y cuatro dotes de 50 libres para las forasteras. El estatuto de 1629 había convenido que "dados los grandes inconvenientes, escándalos y poca utilidad de los pobres de Jesucristo que se siguen de distribuir la dicha limosna en pan cocido en la casa de la dicha Almoina, se debían de aquí en adelante distribuir, no en pan cocido, sino en otra forma, a utilidad y uso de los Pobres, conforme las ordenanciones hechas por dicho Capítulo". J. Busquets y A. Simon, en "Girona al segle XVII . Volver al texto

(7) - La nueva fachada de San Félix fué diseñada por el maestro Lázaro Cisterna, picapedrero del barrio de Pedret, el mismo que edificó la fachada hecha para los jesuitas en San Martín Sacosta, de 1606 a 1610, que se parece a la anterior, por la forma del retablo, pero es más horizontal y ornamentada, con frontón roto, en medio del cual hay un relieve del santo a caballo. J. Busquets y A. Simon, en "Girona al segle XVII . Volver al texto

(8) - Este carmelita descalzo nació en Valls en 1626, pero se ignoran sus orígenes familiares. Según la investigadora Carmen Narváez, historiadora sabadellense, en su tesis doctoral leída en noviembre de 2000 en la UAB, hacia el 1655 ya fué nombrado tracista -una especie de arquitecto técnico y diseñador- de los carmelitas descalzos en Catalunya, un hecho muy sorprendente si tenemos en cuenta su juventud y que, hasta entonces, solamente había proyectado unas cuantas obras menores, como el portal del convento de San José, de Barcelona (actual mercado de la Boqueria). A partir del nombramiento, su firma aparece en múltiples proyectos, tanto en Catalunya como en el resto del Estado español. Trabajó principalmente para su orden, pero también aceptó encargos de señores u obispos, como fué el caso de la Seo de Girona. Volver al texto




Bibliografía

- Girona al segle XVII. Joan Busquets / Antoni Simon. Cuadernos de Historia de Girona, 1993. ISBN 84-86812-33-X

- Els segles XVI i XVII. La trajectòria demogràfica, de Narcís Castells i Calzada, en Història de Girona. Direcció, Lluís Costa Fernández. Ateneu d'Acció Cultural (ADAC), 1990. ISBN 84-404-7571-3

- La Catalunya del barroc vista des de Girona. La crònica de Jeroni de Real (1626-1683). Joan Busquets Dalmau. Publicaciones de la Abadia de Montserrat y Ayuntamiento de Girona. 2 volúmenes. 1994. ISBN 84-7826-514-7

- Els segles XVI i XVII. De l'aristocràcia guerrera a l'aristocràcia urbana, de Xavier Torres i Sans, en Història de Girona. Dirección, Lluís Costa Fernández. Ateneu d'Acció Cultural (ADAC), 1990. ISBN 84-404-7571-3

- Els segles XVI i XVII. L'Església i la cultura a l'època moderna, de Joan Busquets i Dalmau, en Història de Girona. Dirección, Lluís Costa Fernández. Ateneu d'Acció Cultural (ADAC), 1990. ISBN 84-404-7571-3

- El tracista fra Josep de la Concepció i l'arquitectura carmelitana a Catalunya, tesis doctoral de Carmen Narváez Cases, UAB, 2001. ISBN 84-699-8088-2

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