El rey de España Carlos IV. Pintura de Francisco de Goya. Real Academia de la Historia, Madrid. (Wikipedia).

Luis XVI rey de Francia. (Wikipedia).

Maria Antonieta y sus hijos. Pintura de Elisabeth Vigée-Lebrun, 1787. Château de Versailles. (Wikipedia).

El general Antonio Ricardos, hacia 1793-1794. Óleo sobre tela. 112 x 84 cm. Francisco de Goya. Museo del Prado, Madrid. (Wikipedia).

Carlos IV a caballo. Francisco de Goya. 1799. Museo del Prado, Madrid. (Wikipedia).

El general José de Urrutia y las Casas, hacia 1798. Óleo sobre tela. 200 x 133 cm. Francisco de Goya. Museo del Prado, Madrid. (Wikipedia).

El general Jacques François Dugommier (1738-1794). Pintura póstuma de 1836, de François Bouchot. Château de Versailles. (Wikipedia).

Dominique-Catherine, Marqués de Perignon (1754-1818) . Pintura de Philippe Auguste Hennequin. Château de Versailles. (Wikipedia).

Barthélemy-Louis-Joseph Schérer, (1747-1804). Pintura de Paulin Jean-Baptiste Guérin. (Wikipedia).

Pierre-François Augereau en el puente de Arcole, 15 de noviembre de 1796. Pintura de Charles Thevenin. Château de Versailles. (Wikipedia).

Manuel Godoy, Duque de Alcudia, el llamado Príncipe de la Paz. Pintura de Antonio Carnicero. Museo Romántico, Madrid. (Wikipedia).

La Girona del siglo XVIII (II).

La Guerra de los Pirineos o Gran Guerra. (I)

1. Antecedentes y orígen.

La Gran Guerra, también conocida como la Guerra de los Pirineos, Guerra del Rossellón o la Guerra de la Convención formó parte de las Guerras Revolucionarias Francesas, y enfrentó el Reino de España y la Francia revolucionaria, entre los años 1793 y 1795. De hecho, el nombre de Gran Guerra no es demasiado adecuado teniendo en cuenta las dimensiones reales del enfrentamiento comparativamente con otros; la subjetividad de los que la prepararon y vivieron hizo creer que, efectivamente, seria una gran guerra.

El orígen de la Gran Guerra hay que buscarlo en la revolución francesa y la oposición de la corona española a todo lo que sucedia en el pais vecino. A pesar de las resistencias que se producian dentro de la monarquia de ir a la guerra, la ejecución del rey de Francia Luis XVI el 21 de enero de 1793, después de un intento fallido de Godoy para salvarlo, creó una atmósfera favorable a la intervención militar. Per todas partes crecia la animosidad hacia los revolucionarios franceses, incitada, entre otros por los refugiados franceses (1) y por la Iglesia católica, debido sobretodo al anticlericalismo que profesaban los revolucionarios.

Ejecución de Luis XVI de Francia. (Wikipedia)

Los componentes de la exaltació ciudadana, considerando que seria una guerra patriótica y religiosa, y también a favor de la monarquia y el antiguo régimen, provocó un impulso irrefrenable, probablemente más que en cualquier otro lugar en Catalunya, deido especialmente a les campañas de propaganda reaccionaria que llevaban a cabo los emigrados de la revolución.

Desde la Convención se consideraba que ante los disturbios de Barcelona de 1789 y otros incidentes, encontrarian simpatías en Catalunya y en el Pais Vasco, se añadirían a la revolución, y cumplirian el objetivo que se habian fijado de eliminar los Borbones y liberar España del viejo orden.

El 7 de marzo de 1793, la Convención declaró la guerra a España, y el 23 del mismo mes España lo hizo a la Convención, a la vez que se decretaba el alistamiento voluntario. Girona, que se sabia campo de batalla inminente, se declaró a favor de la guerra de forma incondicional y, como plaza fuerte, en febrero y abril de 1793 enviaba misivas al ministro de Estado solicitándole la capacidad de defensa que no tenía; faltaban cañones, armas, municiones, tropas (2) . No obstante las peticiones repetidas, Girona tuvo que afrontarlo con los mínimos de que disponía.

El ejército de Catalunya se preparó en abril de 1793, formado por 25.000 hombres y un centenar de piezas de artilleria, comandado por el general Ricardos. Un estallido antirevelucionario en Sant Llorenç de Cerdans, que solicitaba ayuda, provocó que el ejército atravesase la frontera y que iniciase la ocupación del Rosellón. A pesar del aspecto de esta intervención, el objetivo de la corona española no era ocupar ni segregar ningún territorio de Francia, sino solamente presionar al gobierno republicano con la finalidad de que reinstaurase la monarquia y volviese al antiguo orden.

Mapa del Roselló, 1745. Philippe Buache, Carte de France divisée suivant les quatres departements de Messieurs les secretaires d'État. (Wikipedia)


2. Campaña de 1793.

El primer año de campañas se caracterizó por el éxito, en general, del ejército español que, a pesar de sus insuficiencias, que abocaron en victorias francesas en la Cerdaña y otros valles de los Pirineos, consiguió la ocupación del Vallespir, el Conflent y buena parte del Rosellón, excepto de la capital Perpiñán.

La acción de Sant Llorenç de Cerdans del mes de abril de 1793 se materializó en la intervención de tres columnas con un total de 4.000 soldados, procedentes de Maçanet de Cabrenys, comandados por el general empordanés Joan Escofet y por el conde de La Unión. Después de alejar los 700 revolucionarios que querian atacar Sant Llorenç, en menos de un mes, el ejército habría conquistado el valle del rio Tec y dominado todo el Vallespir.

El 20 de abril, en la batalla de Ceret, el general Ricardos derrotó a las tropas de Gautier Kerveguen, a las órdenes del general Matthieu La Houlière. Esta batalla significa la ocupación española del valle del rio Tec en su progresión para la toma de Perpiñán. El general Matthieu La Houlière, que no soportó la humillación de la derrota, se suicidó, y el ejército francés de los Pirineos se separó en dos, el ejército de los pirineos occidentales, mandado por el general De Flers y el ejército de los pirineos orientales, mandado por el general Joseph Servan.

El grueso del ejército español había entrado en Francia por la zona del Pertús, defendida por el Fuerte de Bellaguarda, comandado por el teniente coronel Dubois Brulé. El sitio duró tres meses, pero finalmente el 23 de junio la plaza fué rendida. Este mismo mes también se habían entregado los castillos de La Guardia, en Prats de Molló y Los Baños en Arles. Durante mayo y junio tuvo lugar una ofensiva en dirección a Perpiñán, con victorias en el Mas Deu, sobre las tropas francesas de Luc Siméon Auguste Dagobert el 19 de mayo, y Tuir.

La batalla del Mas Deu significó la consolidación de la toma de posiciones del ejército español en su progresión por la toma de Perpiñán, cortando las comunicaciones de las villas del sur con la ciudad, y posibilitó la ocupación de Argelers, Elna, Cervera y asedió las otras plazas fuertes de la parte costera: Sant Elm, Cotlliure y Portvendres. Durante las semanas siguientes también cayó en poder de los españoles Vilafranca de Conflent, y el Valle del Tet, entre muchos otros pueblos.

Regimiento de Husares Españoles, organizado en Sarrià de Ter durante la Gran Guerra. Uniforme de 1794 y estandarte de 1803. Dibujos de Joaquim Pla i Dalmau


El 17 de septiembre los franceses del general Louis Charles de La Motte-Ango vencieron a las tropas de Antonio Ricardos en la batalla de Parestortes, al norte de Perpiñán, lo que significó el final de la progresión española en el Rosellón, y el 22 tuvo lugar la batalla de Trullàs, en la que Antonio Ricardos venció, con los refuerzos enviados por el conde de Osuna y el Conde de La Unión, las tropas portuguesas y de la armada británica que operaba en las costas mediterráneas, el ejército francés de Luc Siméon Auguste Dagobert y tuvieron 3.000 muertos y 1.500 prisioneros.

Al día siguiente, a pesar de la victoria conseguida, se inició la retirada del ejército español hacia El Voló, debido a la falta de soldados, a la necesidad de asegurar las comunicaciones con España y a los 15.000 soldados de refuerzo obtenidos por el ejército francés. En la contraofensiva los franceses reconquistaron, entre otros, Banyuls y Elna, la franja costera y sitiaron el campo de El Voló.

A finales de octubre tuvo lugar lo que se denomina la expedición a Roses por parte de los franceses y que acabó en un total fracaso. En el mes de noviembre desembarcó a Roses un ejército de 5.000 soldados portugueses llegados para ayudar a los españoles. En el mes de diciembre cayeron en poder de los españoles las plazas fuertes de Cotlliure y Portvendres, y a finales de este mes la línea se estabilizó siguiendo el curso del rio Tec. Toda la zona al sur de este rio permaneció en poder de los españoles. Como consecuencia en aquel momento, el ejército español controlaba los castillos de los Baños, La Guardia, Vilafranca, Sant Elm, Portvendres, Cotlliure y Bellaguarda. La llegada del invierno impuso, no obstante, la detención de los combates y el fin de la campaña.

3. Campaña de 1794.

Finalizada la campaña exitosa de 1793, se inició el declive. La detención de los combates fué aprovechada por los franceses para reforzar sus tropas. Además, el general Dagobert fué sustituído por el general Dugommier, vencedor del sitio de Tolón de agosto del año anterior. Poco después murió el general Ricardos, cuando se encontraba en Madrid para pedir refuerzos a Godoy, y seguidamente también murió su sustituto, el general O'Reilly.

Finalmente fué nombrado capitán general del ejército del Rosellón el conde de La Unión, Luis de Carvajal y Vargas. El estado del ejército español, era tan deplorable que el conde de La Unión se negó tres veces a asumir el mando debido a la falta de tropas y a su indisciplina. Los soldados regulares no eran suficientes para hacer frente a las tropas republicanas, y optó por militarizar el Principado y resucitar el somatén.

El ejército ahora ya se situaba a la defensiva. En enero ya es temían posibles desastres cuando empezase la campaña de 1794. La incapacidad del gobierno español, al no dar órdenes ni recursos para tomar las plazas fuertes de Perpiñán y Salses fué desastrosa. En el mes de abril se hizo oficial el levantamiento del somatén y a primeros de mayo, efectivo. En aquellos momentos 23.000 soldados españoles tenían delante suyo unos 66.000 soldados franceses.

Una a una fueron cayendo en la Cerdaña y en el Rosellón las plazas conquistadas en el año anterior. Entre el 30 de abril y el 1 de mayo se libró la batalla del Voló, que dió la victoria francesa al general Jacques François Dugommier, contra las tropas españolas de Luis Firmin de Carvajal, Conde de La Unión, que tuvieron que retirarse a Sant Llorenç de la Muga. El 1 de mayo el ejército español se retiró en desorden del Rosellón por el coll del Portell, único que no estaba cortado por el ejército francés. La huida de las tropas españolas del Rosellón se detuvo solamente en Figueres. Por la parte de la Cerdanya cayeron Puigcerdà y La Seu d'Urgell.

Los meses siguientes fueron momentos terribles para Girona. Como menciona Lluís Maria de Puig (op. cit.), la ciudad tuvo que acoger dentro de sus muros numerosos soldados y vecinos de los pueblos del Empordà, con toda la impedimenta de la guerra, lo que dejó las calles de la ciudad intransitables. Constituyó un verdadero caos, con alza de precios, falta de alimentos, muertos, enfermos, fugitivos desesperados y mujeres asustadas.

En el mes de mayo se rindieron a las tropas republicanas Cotlliure y Portvendres, donde el general de la Unión contaba con 400 nobles franceses de la Legión Panetier, y se abandonaron los castillos de Sant Elm, Los Baños y La Guardia. Solamente quedaba el castillo de Bellaguarda, completamente asediado, donde resistían 1.000 soldados.

El frente se estabilizó en una línea que iba de Sant Llorenç de la Muga, donde había una importante fábrica de munición, la fundición de San Sebastián, hasta el cabo de Creus, y en medio se encontraba el monasterio de la Virgen del Roble, abandonado, convertido en centro del mando del ejército español. El día 6 de mayo los franceses tomaron Sant Llorenç de la Muga y su importante fundición. El 19 se intentó la reconquista, pero ésta acabó en fracaso.

Artilleria Volante Española, organizada en Sarrià de Ter durante la Gran Guerra. Uniforme de 1794. Dibujos de Joaquim Pla i Dalmau


El mismo mes, el Ayuntamiento de Girona convocó a toda la ciudad y se reclutó un contingente de 100 hombres, y más tarde dos compañías más, que iban al frente con una falta total de recursos. A pesar de que el jefe del ejército francés había pedido a la Convención, y ésta lo había autorizado, que la guerra fuese a muerte, es decir, que no harian prisioneros y todo el mundo sería pasado por las armas, Dugommier y Augereau, que prosperaban por el Empordà, intentaron un discurso de atracción de los catalanes (3) ; a pesar de este intento, se lanzaron a una conquista encarnizada y tremenda.

A principios del mes de junio los franceses fracasaron en el intento de tomar el puente de Campmany, en la llamada batalla del Llobregat. A mediados de junio los franceses saquearon Besalú. Mientras, en la Cerdaña, el ejército español, fracasó en el intento de recuperar Bellver y Puigcerdà.

En el mes de julio, los franceses, procedentes de Cantallops, atacaron los alrededores de Espolla, para intentar tomar Vilartolí y San Clemente de Sescebes. Al mismo tiempo desde la montaña del Bassegoda se intentó un ataque a Sant Llorenç de Cerdans. Los dos ejércitos se enfrentaron en Lliurona, Albanyà y Vilarig. El 25 de julio el general Jacques Léonard Muller, que dirigía las tropas francesas, entró en el País Vasco ocupando Pasaia, Hondarribia y San Sebastián, donde murió Dugommier, a la espera de la orden de entrada en Catalunya

En el mes de agosto, unos 14.000 soldados y 6.000 somatenes intentaron reconquistar Sant Llorenç de la Muga, pero fueron derrotados. Finalmente los franceses abandonaron el pueblo, destruyendo la forja. También abandonaron La Salut y Boadella. El 17 de septiembre se entregó a la Convención el fuerte de Bellaguarda. Simultáneamente el ejército español intentó tomar la montaña de Mont-roig, pero la acción fracasó. En el mes de octubre los franceses intentaron tomar Las Escaulas, y llegaron a las puertas de Terrades.

A mediados de noviembre los republicanos volvieron a atacar Espolla, procedentes del puente de Campmany, y también en dirección a Pont de Molins. El 16 de noviembre una bomba mató al general Dugommier en Mont-roig; su sucesor al frente de las tropas francesas fué el general Catherine-Dominique de Pérignon. En aquellos momentos había unos 40.000 soldados por bando combatiendo en el Empordà. Aun cuando Sant Llorenç de la Muga había vuelto a caer en poder de los franceses y que el ala izquierda del ejército español había sido vencida, el centro aún resistía.

Entre el 17 y el 20 los franceses atacaron y conquistaron el monasterio del Roble, en medio de la línea defensiva del ejército español. En la batalla también murió Luis Firmín de Carvajal, conde de La Unión. Sin comandante en jefe, el ejército español se retiró en desorden hacia Figueres, de donde huyó hacia Girona. Pedro Agustín Girón, marqués de Las Amarillas, tomó el mando interinamente. Aquel día, solamente el ala derecha ganó su batalla pero, sin apoyo, finalmente se vió obligada a retirarse. La artilleria fué hacia Roses y la infanteria y cavalleria hacia Bàscara.

La real fundición de San Sebastián, destinada a la fabricación de munición de artilleria había convertido Sant Llorenç de la Muga en un centro de alto interés estratégico, y por esto había sido punto de entrada del ejército francés al iniciarse la Gran Guerra. En el Empordà, al norte del rio Fluvià, solamente las plazas fuertes de Roses y Figueres permanecieron en poder de los españoles. La mayoría de los habitantes también huyeron de sus hogares hacia territorios controlados por el ejército español. El 28 de noviembre se rindió el castillo de Figueres, sin disparar un solo tiro, con más de 9.000 soldados en su interior, 171 cañones de gran calibre y municiones y alimentos para un año.

Se consiguió crear un línea defensiva a lo largo del rio Fluvià. Al norte, ya solamente resistía Roses, con ayuda de la flota de guerra española.

A partir de aquel momento, y visto el estado de abandono en que el gobierno español había dejado a Catalunya, los catalanes tomaron el mando de la guerra. Muchos pueblos de Catalunya se negaron a alojar a los soldados españoles y muchos somatenes se negaron a aceptar las órdenes de los jefes militares españoles. Finalmente se convocó, en diciembre de 1794 en Barcelona, una asamblea de 55 diputados presididos por el capitán general José de Urrutia, hijo de un noble vasco que se había establecido en Badalona, en la masia denominada hoy Can Ruti, y que procedió a la militarización de Catalunya.

Se crearon unas juntas de somaten, que, en tres meses pusieron en pie de guerra un ejército de 15.000 migueletes, que con los somatenes alistados desde mayo de 1794 sumaban unos 20.000 hombres, aparte de otros catalanes que ya servían en diferentes unitades del ejército. Además, se planificó la financiación de este ejército para que no hubiesen los mismos problemas que con los somatenes mobilizados el año anterior. Esta asamblea no consiguió convertirse en una Junta que gobernase la província, pero en la práctica la que se constituyó en Girona sí que lo consiguió, tuvo un papel hegemónico y dirigió la resistencia durante el resto del conflicto.

Las unidades catalanas iniciaron una guerra de guerrillas que desgastó mucho a los franceses, con constantes ataques por sorpresa y que resultó muy efectiva. Mientras, el ejército español, formado en aquellos momentos por unos 70.000 hombres, se encontraba en un estado de total pasividad, sin hacer ningún movimiento que permitiese aligerar el sitio de Roses o ganar posiciones.


Notas

(1) - Lluís Maria de Puig, en "Girona, guerra i absolutisme" menciona que muy particularmente en Girona había esclesiásticos fugitivos de la revolución que, solamente en la ciudad, sumaban unos cincuenta, y que no paraban de clamar en favor de una contrarrevolución reaccionaria para la cual los gerundenses tenían especialmente orientado su estado de ánimo. El número de inmigrates, de todas clases, pronto fué tan alto que la gent se procupó y empezó a desear su retorno, con una aversión creciente hacia todo lo que era francés. Volver al texto

(2) - En la "Gaseta de Madrid" figuraba la relación de donantes de la ciudad, como, por citar algunos de ellos, el "Cabildo de la Santa Iglesia de Gerona" que aportaba 40.000 reals cada año, del producto de sus prebendas, mientras durase la guerra. Josep Pérez de Tolosa, presbítero de Girona, daba sus rentas que le tocaban por su dignidad de sacristán, también por el tiempo que durase la guerra. Francisco de Lás (Delás) y de Silvestre, regidor, gratificó tres de los veinte voluntarios ofrecidos por el Ayuntamiento de la ciudad, y también ofrecía al rey sus dos hijos. El obispo de Girona contribuía con 10.000 reals; en 1794 se donaron 72.000 y más tarde 75.000 más, anuales. Hay que destacar que no todas las donaciones gerundenses aparecian en el diario oficial de Madrid, donde se anotaban muy pocas de catalanes. En el mes de noviembre de 1793 el Ayuntamiento de Girona se dirigió al director de la Gaseta doliéndose de que aún no se habían publicado muchas ofertas hechas por Girona en mayo; la reacción fué una respuesta que no esperaba: "Se habría pasado y que si les interesaba la publicación podien repetir la oferta". Extraído de Lluís Maria de Puig, "Girona, guerra i absolutisme". Volver al texto

(3) - Dugommier y Augereau pensaban, erróneamente, que encontrarían un campo abonado a la propuesta de separación de Catalunya de España con un convencimiento basado en dos razonamientos: que "Catalunya estaba madura para la revolución" y que el catalán "es enemigo del español". La República Francesa se declaró favorable a "hacer de Catalunya una pequeña república independiente bajo la protección de Francia", propuesta que no fué en absoluto seguida por los catalanes. Extraído de Lluís Maria de Puig, "Girona, guerra i absolutisme". Volver al texto




Bibliografia

- La Girona del set-cents. Els límits d'una transformació (1700-1792). Ramon Alberch / Josep Quer. Quaderns d'Història de Girona, Ayuntamiento de Girona, 2001. ISBN 84-95187-31-0

- Girona, guerra i absolutisme. Lluís Maria de Puig. Quaderns d'Història de Girona, Ayuntamiento de Girona, 2007. ISBN 978-84-8496-045-4

- Guerra y propaganda a finales del siglo XVIII. José Felipe de Olivé y el "Correo de Gerona" (1795). Manuel-Reyes García Hurtado. Universidad de A Coruña, Facultad de Humanidades, 2003.

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