El rei d'Espanya Carles IV. Pintura de José Vergara, 1789. Academia de San Carlos. (Wikipèdia). |
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La Girona del siglo XVIII (III).La Gran Guerra en Girona. (II) Incluso, el obispo y el capítulo catedralicio de Girona abandonaron la ciudad, al considerar que, com se preveia, el ejército ni podía ni quería hacer frente al enemigo y entregaría la ciudad; el Ayuntamiento comunicaba al gobernador y al rey que "la contingencia de ser invadida esta Ciudad de los Enemigos, á cuya invasión es muy regular preceda la correspondiente capitulación", e insistía una vez más en su petición de auxilio. Para agravar aún más la situación, durante el mes de enero cayó sobre Girona un fuerte aguacero, lo que provocó que el estiércol de los animales del ejército y un montón de mulas muertas por las calles hiciesen planear sobre la ciudad el fantasma de las epidemias. El sentimiento de la inmediatez del sitio hizo que las autoridades gerundenses aconsejasen a los ciudadanos que no tenían víveres para seis meses que saliesen de la ciudad. Al norte, finalizó el sitio de Roses, que había durado del 22 de noviembre de 1794 al 3 de febrero de 1795, en que, a pesar de ser abastecida de municiones y víveres por mar, la ciudad recibió la orden de evacuar la guarnición por vía marítima. A principios de marzo los franceses tomaron Besalú, que abandonaron más tarde, e intentaron tomar Banyoles. También intentaron cruzar el Fluvià por Bàscara diversas veces, pero fracasaron. A principios de mayo, el ejército español derrotó al ejército francés en Bàscara. A lo largo de los meses de mayo y junio el ejército francés intentó cruzar nuevamente el rio Fluvià, peroena las batallas conocidas como de Pontós y del Fluvià fué derrotado. La batalla de Pontós enfrentó, el 22 de septiembre de 1795, al general José de Urrutia contra el ejército francés de Barthélemy Louis Joseph Schérer, batalla que dió como resultado la captura por los españoles del castillo de Pontós y la derrota de los franceses. Debido a la escasa tropa, a los constantes ataques y a la falta de provisiones, el ejército francés se retiró y tuvo que evacuar el Empordà durante el mes de julio. El horizonte tenebroso que se había dibujado en los primeros meses del año cambió al poder frenar a los franceses en el Fluvià, con las acciones de Pontós y Bàscara. Mientras que por tierra se combatía cerca del Fluvià, por mar, la flota española atacaba los días 26 de mayo y 1 de julio los buques franceses anclados en la bahía de Roses. En la Cerdaña, el 25 de julio se recuperó Puigcerdà, y el 27, Bellver, última población de Catalunya en poder de los franceses. Finalmente el día 1 de agosto de 1795 se detuvieron los combates. El 22 de julio se había firmado la paz de Basilea que poonía oficialmente fin a la Gran Guerra. El negociador español del tratado fué el embajador de España en Polonia, Domingo Iriarte, quien, a su retorno de aquella ciudad, murió en Girona el 12 de noviembre, donde fué enterrado. Por la Convención firmó la Paz François-Marie marqués de Barthélemy.
Manuel Godoy, Duque de Alcudia, el llamado Príncipe de la Paz, por la Paz de Basilea de 1796. 1801. Francisco de Goya. Óleo sobre tela, 180 x 267 cm, Museo de la Real Academia de San Fernando, Madrid. (Wikipedia)Además, España exigía también el restablecimiento del culto católico en Francia, la liberación de los hijos de Luis XVI, y el establecimiento de una alianza contra Inglaterra. En el tratado se estableció que Francia devolvía los territorios ocupados a España y, a cambio, España cedía a Francia la parte que poseía de la isla de Santo Domingo, de la que los franceses ya controlaban la parte occidental, Haití, desde el Tratado de Ryswick de 1697 y, por tanto, se normalizaban las relaciones comerciales entre ambos paises. Carlos IV concedió a Godoy el título de Príncipe de la Paz por su intervención en el tratado, nombramiento que le fortaleció después de los contratiempos cortesanos, pero finalmente en 1798 cayó en desgracia y tuvo que dimitir, apesar de seguir en la corte.
Extraído de "Girona i les guerres del Francès", de Ramon Alberch La guerra había representado una pérdida importante de vidas humanas, pero también un gran sacrificio económico que agravó la ya muy deteriorada situación en la que Girona afrontaba el nuevo siglo. Ramon Alberch califica éste año de 1795 como el de todo el siglo de máxima mortalidad, máxima natalidad y el precio del trigo más elevado, situación que se explica por la llegada de numerosos franceses desertores de la guerra y fugitivos de la revolución. De hecho, una de las causas de la alta mortalidad registrada en la ciudad era debida a que estaba llena de soldados, heridos y enfermos; la mayoría de los muertos eran forasteros, aún cuando el descenso demográfico de la ciudad también fué muy considerable. La contribución de Girona a la guerra, con mucho esfuerzo, Lluís Maria de Puig la cuantifica, a manera de ejemplo, por la cantidad de soldados quintados, de 1793 a 1795: el partido de Girona alistó 18.660, de los cuales 1.000 vivían en la ciudad. Notas Bibliografia |
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