Retrato de Carlos II, a los veinticinco años, por Carreño (1685). (Wikipedia). |
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La Girona del siglo XVIII (I).La situación de la ciudad. El entorno histórico. El siglo XVIII, para Girona, se abre y se cierra con dos guerras: la guerra de Sucesión a la corona española y la Guerra Gran contra la República francesa. Entre los dos conflictos la población gerundense experimenta un considerable crecimiento, paralelo a un período de modesta prosperidad, en buena parte debida al consumo de la numerosa tropa instalada en la ciudad y al flujo de renta de los propietarios y rentistas de la tierra, eclesiásticos y nobleza local. No obstante, este desarrollo gerundense no alcanza las cotas de otras villas del entorno gerundense y del resto del Principado.El sector comercial de la ciudad, en este período, aún tenía una débil implantación, y dependía básicamente de enriquecerse con la especulación de arrendamientos y monopolios alimentarios. El sector manufacturero fracasó. Se produjeron caídas económicas por los destrozos de las inundaciones y las pérddidas directas que ocasionaron, elemento que tuvo, además del efecto directo, otro indirecto de desmoralización de la sociedad gerundense. Además de estas situaciones, la guerra con Francia de principios del siguiente siglo XIX, supusó una importante caída demográfica y económica para muchos gerundenses. Girona durante la Guerra de Sucesión (1705-1714) El conflicto internacional de la guerra de Sucesión estalló como consecuencia de la muerte sin descendendia del último rey hispánico de los Habsburgo, Carlos II. Éste nombró su sucesor al nieto del rey de Francia Luis XIV, Felipe de Anjou, lo que provocó la oposición del imperi austríaco, Inglaterra y Holanda, que se enfrentaron a los ejércitos español y francés a partir de 1702.El 14 de enero de 1702 tuvo lugar en Barcelona el acto solemne de clausura de las cortes en las cuales Felipe V juró las Constituciones, al cabo de un siglo de inexistencia de cortes concluídas. A pesar de esta adhesión institucional al rey borbón, la sociedad catalana se decantó, tres años después, por el archiduque, en parte, por el amplio sentimiento antifrancés que se había originado durante las últimas décadas del anterior siglo XVII, consecuencia de las repetidas y constantes ocupaciones del territorio, la última en 1697, y en parte por la existencia de un proyecto económico mercantil e industrial incompatible con los intereses franceses y también político, basado en el constitucionalismo catalán. En la canalización del descontento político influyó un sólido partido austriacista formado por burgueses importantes, nobles y eclesiásticos, pero también tuvo su peso el aspecto económico materializado en el cobro de los servicios votados en las Cortes, lo cual provocó notables protestas en Girona y Vic, fiscalización agraviada a partir de 1704 por los métodos absolutistas del virrey Velasco ante las Constituciones. Por otra parte, la popularidad del último virrey de los Austria, Georg von Hessen-Darmstadt, el príncipe de Darmstadt, fué un elemento indiscutible de atracción de simpatías hacia esta dinastía. Finalmente, el soporte internacional, con la firma del pacto de Génova y la llegada de la armada aliada el verano de 1705, al mando del almirante Sir George Rooke, acabaron de decantar a los indecisos a favor del archiduque e hicieron posible el alzamiento del pais y la toma de Barcelona en octubre de 1705. En general, la actitud de los municipios ante este hecho fue de espectación, si bien la denominada revuelta de los vigatanes, iniciada en 1704, había conseguido movilizar un contingente importante. La política llevada hasta sus últimas consecuencias por el Consejo de Ciento, tuvo una especial incidencia en las poblaciones con una guarnición militar importante, como era el caso de Barcelona y Girona, que se entregó al archiduque el 12 de octubre. Estas ciudades, con Lleida y Tarragona, fueron las últimas en capitular. Los municipios, que no actuaron jamás unánimemente, alteraban su posicionamente hacia uno u otro candidato según la presión exterior que recibiesen (1), de los avatares de la guerra y del balance de fuerzas de los dos partidos. En septiembre de 1705, poco antes de la toma de Girona por los austriacistas, el militar francés Recco avisaba a sus superiores que el número de gente armada para defenderla era reducido y que su buena voluntad áun es menor, por lo cual no podemos fiarnos en absoluto; las autoridades locales procuraron preparar la defensa ante un posible ataque austriacista, sin encontrar el soporte de la población ni de las cofradías. Al final, la presión del noble Ramón de Belloch y Esteve Andreu, unos de los contribuyentes más importantes de Girona, que habían traído un mensaje del archiduque para la ciudad, hicieron decantar las autoridades hacia una entrega pacífica (2).
Asalto de las tropas de Felipe V a Barcelona, el 11 de septiembre de 1714. (Wikipedia).El partido del archiduque contó, desde el primer momento, con una considerable representación de eclesiásticos que colaboraron en la difusión de la causa austriacista, de palabra o mediante impresos, y organizando el partido, estableciendo contactos, preparando reuniones en conventos e iglesias, pero también militarmente, como en 1706 cuando fueron movilizados 110 religiosos regulares para defender la muralla del convento de Santo Domingo, organizados en tres compañías, con sus cabos, a las órdenes del abad de San Pedro de Galligants. Esto se organizó en ausencia del obispo Miguel Juan de Taverner i Rubí, quien, a su regreso, hizo indagaciones para castigarlos. Hasta 1710 la ciudad permaneció bajo la obediencia del archiduque (3). El 14 de enero de este año el Archiduque llegó a Girona con el objetivo de alentar a los catalanes a resistir, en una situación difícil, provocada tanto por la guerra como por las penalidades económicas que comportaba. El duque de Noailles, instalado en Cervià el 14 de diciembre de 1710, ya preparaba el sitio de la ciudad. La guarnición de Girona, de 2.000 soldados, debía enfrentarse con las tropas de Noailles, con 18.000 hombres.Los franceses empezaron por cortar el suministro de agua de la acequia Monar, que provocó la parada de los molinos, y esta sequía y la penúria de alimentos, provocaron que el gobernador de la ciudad, el conde de Estatenbach, decretase la venta libre de alimentos sin limitación de precios, y tuvo que pedir un préstamo a la ciudad, de 1.000 dineros, para pagar a la tropa. A pesar de que el general francés Du Bruelh, el 21 de diciembre, comunicaba a París el propósito de resistencia de la ciudad (4), el 29 de diciembre capitulaba el fuerte de Montjuïc. Esto permitió que Noailles emplazase baterias de artilleria en el Puig d'en Roca, desde donde bombardeó la ciudad, ataque solamente parado por las fuertes lluvias y la crecida del Oñar del 9 al 12 de enero, que inmovilizó las tropas francesas.
El 11 de septiembre de 1714. Óleo d'Antoni Estruch, 1909. (Wikipedia).La ciudad capituló el 14 de enero de 1711, con un balance de 400 muertos o heridos y 200 prisioneros en el ejército austriacista, y de 348 muertos y 512 heridos en el francés. El día 25 fueron firmadas las capitulaciones, mediante las cuales los ciudadanos que habían sido movilizados no serían castigados, y los habitantes que quisieran salir de la ciudad, tendrían dos meses para hacerlo. Se decretó la libre circulación de moneda francesa, que comportó la entrada masiva de moneda falsa procedente del Rosellón. La situación para los gerundenses se convirtió en, aún, más crítica, por las contribuciones y las estadas de los hombres de armas establecidos en Girona, Banyoles y otras villas, temiendo una movilización importante del pais para recuperar Girona. En la primavera, la provisión de las tropas francesas ofrecia aún más dificultades por las acciones de miqueletes en el Empordà, que controlaban la zona sin que el ejército los pudiese eliminar. A principios del verano, el ejército francés sufría deserciones y hambre, o acababan viviendo de limosna; los enfermos y los muertos aumentaban. El conde de Fiennes decía, a finales de julio, que no sabía de donde sacar un préstamo para la guarnición y la caballeria, dado que ya había obtenido, con muchos problemas, 12 o 13 mil libras de la gente del pais. En abril de 1712, el general Wetzel, al frente de las tropas austriacistas, asedió la ciudad, sitio que se prolongó hasta finales de año. En esta ocasión, el hambre fué el peor enemigo tanto de los gerundenses como de las tropas ocupantes francesas; unos y otros intentaban salir de la ciudad para apaciguarla. El 15 de diciembre el mariscal Stahremberg casi consiguió entrar en la ciudad, asaltando con escalas la muralla, pero fuñe rechazado por los defensores de la ciudad. Unos días más tarde, la llegada de un refuerzo francés de 20.000, comandados por el duque de Berwick, ocasionó la retirada de las tropas austriacistas y el levantamiento del sitio de la ciudad.
Felipe V de Borbó impone el Toisón de Oro al duque de Berwick. Óleo de Jean Auguste Ingres. (Wikipedia).En la última fase de la guerra, la resistencia catalana y la oposición a Felipe V luchaban solos; las firmas de los tratados de Utrech, de 1713, y de Rastatt, de 1714, propiciaron la retirada del soporte al archiduque Carles por parte de los aliados, Inglaterra y Austria. Solamente quedaban Barcelona, Cardona y alguna otra zona que los miqueletes y los somatenes ocupaban eventualmente. La capitulación de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 representó el final de la guerra y la integración efectiva de Catalunya en una España centralista y unitaria, de clara influencia francesa, según el concepto acuñado por el nuevo monarca. El Decreto de Nueva Planta de 1716: las consecuencias La derrota militar de Catalunya implicó una integración política sin condiciones en la nueva monarquía borbónica. Una de las primeras medidas emprendidas por la corona fué la anulación de las libertades y privilegios de los catalanes, instituída mediante el Decreto de Nueva Planta de 1716, en el que se concretó, entre otros, un nuevo plan económico basado en la imposición de un nuevo sistema fiscal, el Real Catastro, que gravaba la riqueza de cada uno en lugar de aplicar la tributación indirecta tradicional. La cantidad estipulada inicialmente fué muy alta, lo que provocó situaciones dramáticas en una posguerra que se había alargado muchos años.También se liquidó el Estudio General o Universidad de Girona, en el edificio de las Águilas, en un intento de imponer la administración y la enseñanza de la lengua castellana, como base de la nueva división territorial se sustituyó la Vegueria por el Corregimiento, y a partir de la segunda mitad del siglo, se nombraron obispos foráneos a Girona. En un entorno más local, en octubre de 1718 se promulgó una Real Cèdula en la que se establecían las disposiciones relativas al gobierno municipal, con el objetivo de uniformizar su funcionamiento e, incluso, lo que se refería al ceremonial y protocolo: se abolió la antigua vestimenta de los consejeros, jurados, cónsules y paeres, y se sustituyó por el "traje moderno español", se determinó la precedencia en los asientos entre los regidores, privilegiando la alta nobleza, caballerps, ciudadanos honrados y los que tuviesen privilegio militar, entre otros. Todo iba encaminado a hacer desaparecer cualquier signo de identidad diferencial local o territorial: la denominación de jurado, propia del país, fué sustituída por regidor, propia de Castilla, i se daba un papel preponderante al Corregidor, quien presidía las reuniones del Ayuntamiento, y en su ausencia, era sustituído por el teniente de rey o alcalde mayor. El control de país que se había mostrado rebelde al nuevo orden también se materializó en una estrecha vigilancia del movimiento de la población, depuración de responsabilidades y control de las armas; en marzo de 1719 Tiberio Caraffa, corregidor de Girona, prohibió a los habitantes de la ciudad y de su corregimiento abandonar sus hogares durante más de veinticuatro horas; si tenian que hacerlo por necesidades profesionales o personales, tenian que conseguir una licencia especial justificativa. La intención de uniformización absoluta de la monarquía también se materializó, por ejemplo, en una carta de la Real Audiencia comunicando la orden del rey por la cual debían cambiarse el nombre de los oficios que tradicionalmente se habían practicado en Girona, y se les conminaba a hacerlo rápidamente, dado que, a pesar de las disposiciones reales, se seguía empleando las denominaciones antiguas. Se prohibió a nobles y otros personajes llevar armas, interdicción que no fué levantada hasta 1760, momento en el que, según el rey "no han cesado los cathalanes de dar pruebas nada equívocas de lealtad, fidelitat i amor a la monarquia", y que les otorga el permiso porqué está seguro que "están ansiosos de emplearlas ellos y sus descendientes en defensa y servicio mío y de los míos". (Mencionado por Ramón Alberch, "La Girona del set-cents").
Reinado de Fernando VI. Ardite, 1756. Acuñación catalana. (Wikipedia).Notas Bibliografia |
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