Restos de construcción romana en la Porta Rufina, en la parte norte de la actual plaza de Santo Domingo.
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La Girona anterior a Gerunda En los alrededores del lugar que mucho más tarde ocuparía Girona, durante el paleolítico inferior, hace unos treinta mil años, ya se han detectado restos de los primeros pobladores; a pesar de no haber encontrado restos humanos, sí se han sacado a la luz pruebas de su actividad en forma de herramientas trabajadas en piedra en yacimientos al aire libre y en cuevas. La persistencia de actividad humana posterior, durante el neolítico, se ha documentado en los yacimientos de Montilivi y la Creueta, y también en otros lugares del llano de Girona. En la montaña donde se encuentra situada la "Girona antigua" no se han encontrado, al menos de momento, restos antiguos que explicasen la existencia de un poblado íbero, a pesar de que sus características responderían a este tipo de asentamientos: situación sonre un lugar elevado, cerca de un terreno llano y rico en agua. Los poblados ibéricos de los próximos enclaves de San Julián de Ramis y de la Creueta (el Puig d'en Rovira),y otros un poco más alejados, repiten estas características. Los habitantes del territorio gerundense en la época anterior a la dominación romana, parece, pertenecería a la tribu de los indigetas, tribu asentada en el Empordá, pero algunos autores apuntan a los ausetanos, instalados en la comarca de Osona. La fundación de Gerunda En el seno de las guerras de Sertorio (82-72 aC), hacia el 77 aC Pompeyo edificó un oppidum (plaza fuerte amurallada) sobre la Via Heraclea (la futura Via Augusta) para defenderla y luchar contra el sedicioso Sertorio, de la facción de los populares, que se había levantado en armes en la Hispsnia romana contra Sila, de la facción de los optimates y que controlaba el poder en Roma. De esta fundación bajo-republicana no hay ningún texto antiguo ni inscripción, pero sí evidencias arqueológicas. La existencia de Girona en esta ruta está documentada en uno de los cuatre vasos de palta denominados Apolinares encontrados en Vicarello (Lacio, Itália), en el que figuran todas las mansiones o paradas del camino entre Gades (Cádiz) y Roma. Gerunda está situada entre Acquis Voconis (posiblemente la actual Caldes de Malavella), y Cilnianam (Cerviá de Ter, o sus alrededores). Es entonces, por estas necesidades militares, que los ocupantes romanos fundaron la originária Girona, que se denominaba en aquellos momentos Gerunda, la etimología de la cual aún no se ha clarificado, aún cuando, según algunos autores, podría significar "entre el Undarius", nombre que recibía en lengua íbera el actual rio Oñar. Uno de los pocos textos clásicos en el que se menciona el nombre de la ciudad, Geographiké Hyphigesis de Claudio Ptolomeo (siglo II dC), nos transmite claramente el nombre de la ciudad, Gerounda/Gerunda. Plinio el Viejo (muerto durante la erupción del Vesubio el 79 dC en las playas de Pompeya), en su Naturalis Historia, también menciona el nombre de la ciudad: Nunc per singulas conuentus reddentur insignia praeter supra dicta. Tarracone disceptant populi XLI , quorum cebelerrimi ciuium romanorum Dertosani, Bisgargitani, latinorum Ausetani, Ceretani qui Iuliani cognominantur, et qui Augustani, Edetani, Gerundenses, Iessoniensis, Teari qui Iulienses, stipendiariorum Aquicaldenses, Aeronenses, Baeculonenses. (Ahora, convento por convento, se expondran las cosas significativas excepto las dichas anteriormente. Cuarenta y dos pueblos conducen a Tarragona, los más célebres de los cuales son los Dertosanos, Bisgargitanos, de derecho romano, los Ausetanos, Ceretanos, que son llamados Julianos y Augustanos, los Edetanos, Gerundenses, Iessonienses, Tearis, que son denominados Julianos, de derecho latino, y Acquicaldenses, Aeronenses y Baeculonenses, estipendarios). La nueva ciudad de Gerunda, seguramente, se debía nutrir de los antiguos habitantes del poblado de San Julián de Ramis que, según parece, fueron obligados a trasladarse al oppidum gerundense. Así, la Girona romana se erigió como un baluarte defensivo de la entrada de la Via Augusta en Hispánia y se convirtió en un centro importante de la región, con la articulación de un ager romano alrededor de la urbs gerundense. En suma, ambas unidades formaban la civitas de Girona, la pieza esencial y básica de la organización territorial romana. De hecho, la civitas, la ciudad, era una idea abstracta que comprendía dos aspectos concretos y, para la época, indivisibles: la urbs, la ciudad própiamente dicha, a menudo rodeada de murallas perimetrales, y el ager o territorium, el territorio circundante que alimentaba la urbs. En este espacio se encontraban las villae, casas de cultivo, pastos, cultivos, y los elementos extractivos necesarios. Aún cuando Gerunda se encontraba en el interior y alejada de la costa, disponía de una buena conexión con el puerto romano de Empúries, primer bastión romano en el nordeste peninsular, colonizado durante la Segunda Guerra Púnica al lado del asentamiento griego que ya existía en el lugar. Sillería en la puerta bajo-imperial de la Torre Gironella La mayoría de los indicios de que se dispone, inclinan a pensar que el perímetro amurallado de la ciudad no debía cambiar durante la paz provechosa que va desde las guerras civiles de principios del siglo I aC hasta la segunda mitad del siglo III dC; no obstante, en algunos puntos, fueron desmontadas para facilitar la relación con el ager y con los pequeños núcleos habitados que iban apareciendo fuera del recinto..
Plano de la Gerunda romana. La estructura política de la ciudad seguía los parámetros estándar de cualquier ciudad romana. No hay que olvidar que Gerunda era una civitas de una província lejana y pequeña, irrisória a los ojos de Roma. La ciudad se regia probablemente por el derecho latino, que no se diferenciaba excesivamente del derecho romano. En la práctica, los habitantes libres de las ciudades de derecho latino disponían de una ciudadania más restringida que los habitantes de ciudades con derecho romano. El mecanismo para obtener una ciudadania plena era el cursus honorum, la carrera política o pública. Era por éste motivo que las magistraturas romanas eran codiciadas por los ciudadanos ambiciosos, per bien que eran cargos muy caros, por tal como todos los gastos públicos que eran competencia de una magistratura eran asumidos por los fondos privados del magistrado de turno. Gerunda, en tanto que civitas romana, disponía de las instituciones habituales, como el ordo decurionum (el senado municipal, con poder legislativo, euivalente, a escala, al Senado romano), el duumvirato (dos magistrados colegiados con el poder ejecutivo, de elección anual) y el edilado (dos magistrados subordinados encaregados de los servicios públicos de la ciudad). También hay que mencionar los cargos religiosos que, en el fondo, también eran cargos políticos. El centro de la política municipal era el ordo decurionum, siempre formado por poseedores de la ciudadania romana plena. Se conserva el basamento de una estátua en el que figura la referencia de un ciudadano que ostentó las dos magistraturas electivas y también fué sacerdote del culto imperial: L. Plotio L.F. Gal | Asprenati Aed. / II Viro Flamini | Tribuno Leg. III | Gallicae | Iulia C.F. Marcia | Marito Indulgentissimo. (Júlia Márcia, hija de Caius, a su marido indulgentísimo, Lucius Plotius Asprenas, hijo de Lucius, de la tribu Galéria (que fué) Edil, Duoviro, Flamen y tribuno de la legión III Gálica).
En lo que se refiere a la otra parte de la civitas de Gerunda, el ager, hay que mencionar que era el ámbito de producción agrícola y manufacturera, donde se concentraban las villae, o sea, los centros agropecuarios de provsisión de la civitas, la mayoría, propiedad de hacendados que vivían en la urbs y delegaban la administración a sus subordinados (villicus). En la civitas de Gerunda se concentraban actividades de cereal, olivos y viñas, ganado ovino, bovino y cabrío y una moderada cantidad de tejares cerámicos. Las villae empezaron a aparecer durante la época bajo-republicana, al principio pequeñas y generalmente habitadas por sus propietarios. A lo largo del Alto Imperio, fueron creciendo, haciéndose más complejas y, en la mayoría de los casos, los dueños debían vivir en la urbs, de las rentas de sus propiedades, dedicados a la política. Las dos más importantes que se conservan son, por una parte, la situada en el Pla de l'Horta, en Sarriá de Dalt, de orígen bajo-republicano. Por la otra, la de Can Pau Birol, en Bell-lloc del Pla. En ésta se han localizado importantes mosaicos, que representan escenas de circo, fechados en el siglo III dC.
La erección de un martyrium (tumba de un santo mártir) en el actual burgo de Sant Feliu y los restos encontrados, como los del posible sarcófago del santo (siglo IV dC), evidencian la existencia de una comunidad cristiana primigénia, fuerte y poderosa (los mármoles del sarcófago son de gran calidad y hechos en Roma por las mejores escuelas de relieves). En las paredes del ábside central de la iglésia de Sant Feliu se pueden ver empotrados en las paredes seis sarcófagos de tema cristiano (de un total de ocho) que muy probablemente procedan de la antigua necrópolis que había en aquel lugar. En cuanto a la existencia de un obispo, hay documentada, en una epístola del papa Inocencio I (401-417 dC) una referencia del 404-405 dC en la que se habla del obispo de Gerunda, reprobado fuertemente por el I Concilio de Toledo. Así se conoce la existencia del obispo de Girona Minucius que, com hacía el obispo Rufinus consagraba obispos en lugares ocultos y sin la autorización del metropolitano. Igualmente, hay documentada la existencia de un palacio episcopal y una basílica, aún cuando el emplazamiento no ha podido ser definido, elementos que, sin duda, debían comportar reformas importantes en la estructura urbana. Las incursiones germánicas del 406, que se convirtieron en el preludio de la derrota del poder romano sobre el territorio no afectó de momento la península ibérica, ni más tarde, el 409, cuando suevos vándalos y alanos entraron en Hispánia por los pasos occidentales de los Pirineos; la parte oriental de la península quedó protegida. Girona no sufrió la presencia de los bárbaros hasta el 413, año en el que Ataulfo, sucesor del saqueador de Roma Alarico, penetró en la Tarraconense e instaló su capital en Barcino. El único Poder que no se desmoronó y que se adaptó al cambio fué la Iglésia, que perduró y se expandió durante aquellos años (siglos IV-VI dC). Girona continuo existiendo, conservó el obispado ligado a la sede metropolitana de Tarragona. En el ager se observaron algunos cambios de población bruscos que, en algunos casos, pueden ser considerados verdaderas regresiones en relación al período romano. El cambio más notable, fué la erección en pleno siglo III de un castellum sobre las antiguas ruinas del poblado íbero de Sant Julià de Ramis para proteger el llano de Girona y la ciudad de los numerosos ataques a los cuales se vió expuesto el territorio con la descomposición política y militar del Imperio. |
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