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En la historia de las ciudades a menudo se encuentran influencias y huellas bien ostensibles y, otras más insospechadas para ojos poco curiosos, que han marcado el devenir urbanístico presente. En la ciudad de Girona una de estas marcas la provocó la existencia de una comunidad judía establecida durante casi seiscientos años. A pesar del tiempo que los judíos permanecieron en Girona, tanto por motivos internos como por otros ajenos a la propia comunidad, y muy especialmente estos últimos, no se produjo su integración en el resto de la ciudad. Las diferencias religiosas, culturales, las tradiciones y hábitos, en las que se mezclaban las dos características anteriores, imposibilitaban la fusión en un crisol común ciudadano de las dos comunidades. Además, hay que tener presentes las disposiciones legales que obligaban a los judíos a permanecer en un lugar cerrado, determinado y definido: el Call o Judería. En determinados momentos se produjeron entre los judíos conversiones al cristianismo, algunas de ellas visiblemente sinceras, y otras únicamente con el ánimo de salvar la vida y, tal vez, las propiedades. Estas apostasias, según se puede deducir de algunos textos, no provocaban necesariamente la salida y abandono de Call para incorporarse en los barrios cristianos. Las autoridades eclesiásticas se quejaban de los peligros de judaización que representaba el hecho de que viviesen juntos conversos y judíos. El antiguo barrio judío, el Call, se encontraba en medio de diversos sectores bien diferenciados de lo que hoy constituye el Barrio Antiguo. Por una parte, oriental, la actual zona monumental, eclesiástica: el Palacio Episcopal, la Catedral, el inicio del acceso al Paseo Arqueológico por detrás de los ábsides. Por otra, la norte, el antiguo Mercadell y actual plaza de la Catedral, las defensas de Sobreportes y lo que había sido el antiguo burgo de San Félix, que fué anexionado a la ciudad. Al sur se encuentra el barrio medieval de los ciudadanos y los mercaderes, y finalmente al oeste, la antigua muralla que delimita, o une, las calles de la Força y de Ballesterias, el rio, y más allá, las antiguas huertas y molinos de la ciudad, el barrio del Mercadal y el ensanche de Girona. Ver Mapa La arteria principal de la zona era la actual calle de la Força, verdadera columna vertebral a la que se adherian las costillas formadas por callejones estrechos y empinados: Cúndaro, San Lorenzo, la calle cerrada de Hernández, más arriba y casi paralela, Oliva i Prats. Todo este laberinto de callejones y escalinatas desgastadas, de paredes grises de piedra y ventanas con rejas de hierro oxidado, de puertas de madera y cerrojos chirriantess, fué el hábitat durante siglos de los judíos gerundenses. La descripción que se podria hacer de un Call o judería, de sus casas, con aberturas pequeñas, ventanas reduciadas y enrejadas, cuando no decididamente tapiadas, con un suelo pavimentado con cantos rodados o adoquines que servia, a veces, de cloaca, no era exclusiva de la zona judía de las ciudades. De hecho, los judíos medievales no utilizaron ningún modo ni estilo constructivo específico, sino que se amoldaban y utilizaban el habitual en la zona donde residian. La diferencia solia ser que en el Call, a veces, el aspecto exterior de las viviendas no concordaba amb el interior, y sus vecinos, que vestian públicamente con exagerada sencillez, incluso y en algunos momentos con las ropas especiales y distintivas que imponían las ordenaciones legales, utilizaban en sus casas ropas de la mejor calidad. De la misma forma, el antagonismo externo-interno estaba presente en sus viviendas; en el interior del barrio, una serie de luminosos patios incorporados dentro de las estancias era su hábitat real; los callejones eran solamente un lugar de paso, de acceso a un verdadero laberinto de porches y jardines que accedian a sus viviendas. Si bien, en general en la época, las calles eran estrechas, es de suponer que confinados los judíos en un espacio bien preciso y limitado, sin posibilidad de ensancharlo, debian pensar en el lógico aumento de la población y por tanto de las viviendas, y en la reserva de los famosos patios interiores de la comunidad, y dejaban para la calle o callejón el mínimo espacio posible e indispensable. En la inauguración de las cases judías era costumbre tomar pan con sal como símbolo de suerte. Historia y Cultura La existencia de una comunidad judía en Girona se adentra en el tiempo hasta el año 982 en el que se tiene la primera notícia documental, si bien hasta el 1160 no se habla de un agrupamiento establecido, sino de casas aisladas. Desde entonces hasta el momento de la expulsión, más de medio milenio dejó necesariamente trazas históricas, aun cuando a los judíos no les estaba permitido utilizar figuras humanas o animales en sus representaciones artísticas, y por tanto poca cosa queda de sus improntas materiales: un par de docenas de lápidas, la importante colección epigráfica, y determinados restos en las edificaciones que ocuparon. En el momento de la expulsión, en el verano de 1492, empezaron los derribos de los cerramientos exteriores que preceptivamente tenian puertas, ventanas e incluso los callejones, por haber comprado los edificios de los judíos los ciudadanos cristianos, generalmente clérigos, por su vecindad con el Call. Seguidamente empezaron las nuevas edificaciones, anexiones y segregaciones, cambiando por tanto el aspecto, la ordenación y la fisonomia del viejo barrio. De las antiguas casas habitadas por los judíos situadas en la parte de poniente de la calle de la Força, especialmente en la parte baja, no quedó prácticamente ningun resto exterior visible de la estructura que antiguamente tenian. Los judíos, y por tanto sus comunidades, las Aljamas, eran propiedad real. Esto permitió a los judíos tener estructuras y organizaciones propias de forma paralela e independiente de las cristianas establecidas en las ciudades. Tenian sus propios regidores, secretarios, clavarios, auditores de cuentas y otros oficios y funcionarios para la administración de la ciudad dentro de la ciudad. Eran autónomos en todos los ámbitos excepto el judicial. Sus sistemas de elección de cargos, en muchas épocas transparentes y equitativos, cargos a los que podia acceder cualquiera, y de hecho lo hacían, se convirtieron en los últimos tiempos de la estancia judía en la evidencia de una élite de famílias gobernantes que se iban alternando y repitiendo en las diversas responsabilidades. Si bien la herencia material y arqueológica de los judíos gerundenses es escasa, su aportación en el campo de la cultura, en el terreno de la mística y especialmente de la Cábala, comportó para Girona el título de Ciudad Madre de Israel. Personajes como Bonastruc Ça Porta, Jacob ben Sheshet, Ezra de Girona, con su brillantez intelectual iluminaron no solamente su época, sino que la su figura les trascendió: sus escritos merecen aún nuevas ediciones y estudios. El espacio urbano que ocuparon los judíos gerundenses es visitable, reconocible, y aún, a veces, se dice que, en él se percibe la presencia del rabino que, apresurado, va hacia la Sinagoga con un rollo plegado bajo el brazo, las sandalias deslizándose sobre la piedra reluciente por la humedad nocturna, y la cabeza baja ensimismado en sus trascendentes pensamientos... (Textos extraídos de "Girona. Guia del Call", de Fèlix Xunclà, Girona, 1995). Itinerario |
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Bonastruc Ça Porta. Biografia. |
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Los judíos en Girona. Historia (I). |
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Los judíos en Girona. Historia (II). |
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El Call de Girona. Visión de conjunto. |
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La casa de Lleó Avinay. |
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La calle de Cúndaro. |
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La calle de San Lorenzo. |
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