La Archicofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, tiene su orígen en el año 1568, y es la más antigua de las que existen en Girona. Su fundación se documenta en la reunión que tuvo lugar el 5 de octubre del referido aó, en los claustros del Carmen, en que se redactaron los estatutos, que fueron aprobados, por Real Privilegio, el 24 de octubre del siguiente año de 1569. Con la modificación de estos estatutos que se introdujo en el año 1684, se determinó que los cofrades debian ser treinta y tres, como los años que vivió Jesús. El 20 de mayo de 1699 se unió a la Archicofradía de la Degollación de San Juan Bautista.
Carles Rahola, en "La pena de muerte en Girona", menciona que en el siglo XVI [sucede] un hecho tan remarcable como es la fundación de la Purísima Sangre, en virtud del Real Privilegio datado en Barcelona el 24 de octubre del 1569. Esta Cofradía tenía la piadosa misión de asistir a los reos desde que eran puestos en capilla hasta que eran enterrados.
"Item ordenaren y suplican los dits devots -leemos en los estatutos de la Cofradía- que tota hora y quant se seguirá que en dita ciutat de Gerona sia tingut y obligat en anar ó enviar dos Frares de dit monastir (del Carmen) ó altras personas habils é idoneas en las carcers ahont dit sentenciat estará pres, y aquell aconsolar, assinistrar, e encaminar y confessar, e finalment no dexar ni desempararlo fins hage mort corporal, e lo andemá que lo tal patit haurá, si fer se porá, e com no, lo mes prop següent dia que fer se puga, fer celebrar per los Frares de dit Monastir del Cárme y per la ánima de aquell un aniversari cantat, e tres missas baixas, per la charitat dels quals bona obra, aniversari e missas dits Majorals e Priors hajan de donar y pagar al dit Monastir del Cárme, e del bens de dita Confraria tretze sous". ("Item ordenamos y suplican los dichs devotos que toda hora y cuando se seguirá que en dicha ciudad de Girona sea tenido y obligado a ir ó enviar dos Frailes de dicho monasterio (del Carmen) u otras personas hábiles é idóneas en las cárceles donde dicho sentenciado estará preso, y consolarlo, preparar, y encaminar y confesar, y finalmente no dejar ni desempararlo hasta que haya muerte corporal, y al día siguiente que el tal haya sufrido, si se pudiese hacer, y como no, el más próximo siguiente día que hacer se pueda, hacer celebrar ppr los Frailes de dicho Monasterio del Carmen y por el alma de aquél un aniversario cantado, y tres misas bajas, por la caridad de las cuales buena obra, aniversario y misas dichos Mayorales y Priores hayan de dar y pagar al dicho Monasterio del Carmen, y de los bienes de dicha Cofradía trece sueldos")
Notificada la sentencia al reo, era asistido espiritualmente por quien él mismo designaba; pero los administradores de la Cofradía cuidaban, a sus expensas, de darle lo que pidiese o necesitase para comer.
Cuidaban también los administradores de poner un trapo negro con las insígnias de la Cofradía en cada portal de la ciudad y en otres lugares públicos, como señal que debía ejecutarse una sentencia de muerte y se pediria limosma por las calles. Con lo que se recaudaba por caridad se pagaban los gastos producidos por razón de la asistencia temporal al sentenciado y, en caso de haber sobrante, se celebraban misas y se sufragaba el funeral que al día siguiente de la ejecución se cantaba en la capilla y al cual eran invitados los oficiales y los soldados de la guarnición.
El dia de la ejecución, poco antes de salir el condenado, se exponía el Santísimo Sacramento en la capilla de la Cofradía, y después los administradores, portando el Santo Cristo, con hachas encendidas y vestidos con túnicas i capirotes, iban a buscar al reo para acompañarlo así al lugar del suplicio.
Mientras, el prior disponía que tocasen las campanas y que seis u ocho religiosos fuesen al lugar donde se levantaba el patíbulo, por tal que, una vez cumplida la sentencia, junto con los administradores, portando el Crucifijo y cantando o rezando a coro el "Miserere mei Deus", acompañasen el cadáver al convento del Carmen, llevado por los sepultureros en la litera de los muertos, y sin entrar en la iglesia iban a enterrarlo en la tumba que había en el interior del claustro.
Los religiosos y administradores, al llegar a la iglesia del Carmen, entraban sin subir a la porteria, acabado se reservaba el Santísimo, y, después de tocar a muerto, iban a cantar un responso sobre dicha tumba y al día siguiente se celebraba un oficio.
LA IGLESIA DEL CARMEN
Siguiendo con el mencionado texto de Rahola, más adelante, ofrece datos históricos conjuntos de la Cofradía y de la iglesia del Carmen, inseparables en algunos párrafos unos de otros. Así, menciona que la iglesia, de estilo del Renacimiento, se empezó en el año 1699. Primeramente se construyó la capilla de la Purísima Sangre; al año siguiente se acabaron las de Santa Ana y Santa Marta; en 1708 se comenzaron las obras de la de San Julián, delante de la capilla de la Purísima Sangre; en 1720 se firmó un contrato para la construcción del coro capilla de la Piedad y de San Pedro de Luxemburgo; en 1721 se abrieron los cimientos para la de San Alberto; en 1723 se empezaron las capillas de San Eloi, San Cosme y San Damian; en 1725 se construyó el presbiterio y poco después el altar y las tribunas. La bendición del templo se celebró en 1726. Las obras duraron, pues, más de un cuarto de siglo.
En el convento del Carmen, situado al lado de la iglesia, las autoridades napoleónicas instalaron los tribunales y las prisiones de la ciudad, y desde la desamortitzación de los bienes eclesiásticos hubieron las instalaciones de las oficinas del Gobierno Civil y de la Diputación Provincial (actualmente Comisaria de Orden Público y Comisaria Delegada de la Generalitat de Catalunya). En el claustro, denominado, en otros tiempos, "de los ahorcados", eran enterrados durante el siglo XVIII los cadáveres de los reos.
Según datos de Girbal, extraidas de uno de los manuscritos de la Cofradía, la tumba destinada a los condenados fue construida en 1708; pero en 1775 se construyó otra al pie de la columna angular del claustro situada delante de la porteria, cerca de la escalera principal. Como sea que en dicha sepultura había un gran número de huesos de los sentenciados, fueron repartidos y enterrados en la parte exterior del refectorie que daba al pozo del claustro. Para evitar el peligro de infección, se echaba sobre los cadáveres algunas cuarteras de cal viva.
Seguramente que la mayoría de gerundenses, a los que les son familiares las oficinas de la Diputación y del Gobierno Civil, ignoran la primitiva destinación que tuvo el claustro. Durante casi un siglo, el antiguo convento ha sido la sede de los principales organismos del Estado español. Allí se organizaron patriarcalmente las elecciones desde la restauración hasta el golpe de Estado del general Primo de Rivera, que se puede decir que cerró toda una época en la historia política de España. Dentro de un ambiente burocrático, un árbol alto y frondoso ha extendido hasta hace poco tiempo su sombra protectora sobre el antiguo claustro. Ninguna inscripción, ni el más pequeño detalle recuerda que allí hay los huesos de innumerables desgraciados, criminales vulgares los unos, víctimas de las guerras y de las revoluciones los otros".
Bibliografia
"La pena de muerte en Girona". Carles Rahola. Volumen I. Rafael Dalmau Editores, Barcelona, 1975. ISBN 84-232-0317-4.
Trabajo del Centre d'Estudis de Setmana Santa, de Clara Herranz Padres, publicado en el programa de Semana Santa de Girona, 2007. Depósito legal GI-175-98.
"Els Manaies de Girona, Joaquim Alegret i Tauler, y Santiago Pérez Moratones. Ayuntamiento de Girona, 1990. ISBN 84-8683-7-11-1.
|