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Las tradiciones y el costumario
El santuario de la Virgen de los Ángeles se encuentra a uns doce kilómetros de la ciudad, y a una altura de unos quinientos metros en el término de San Martí Vell (1). Este santuario tenía una iglesia espaciosa con dos capillas a la derecha, dedicadas a la Inmaculada (2) y a San Antonio Abad (3), y otras dos a la izquierda dedicadas a la Virgen de los Dolores y a la del Rosario. Detrás del altar mayor había un largo corredor, con las paredes cubiertas materialmente de ex-votos de toda clase, que conducia a la capilla donde en un monumental templete se venerava la imagen de la Virgen.
Esta Virgen era denominada de los "Ángeles" por haber sido encontrada junto con dos imágenes de angelitos que se ven a sus pies. Dice la tradición que, allá por la decimoquinta centúria, unos campesinos de los alrededores observaron que cada sábado en este lugar, al oscurecer, se veian unas extrañas luces, una de las cuales resplandecia más que las demás (4). Como les pareciera cosa prodigiosa fueron a manifestarlo al obispo de Girona, el cual mandó hacer excavar el lugar señalado, donde se encontró un escondrijo y dentro la imagen de la Virgen junto con las de dos ángeles, y una tela o Santo Lienzo, en el que estaban pintadas las tres figuras.
Se construyó seguidamente una capilla en el paraje (5) que, en el transcurso de los siglos y después de una serie de vicisitudes producidas por las guerras y otras calamidades (6), se convirtió en un magnífico santuario, reconstruido por última vez durante la primera mitad del siglo XIX.
A esta Virgen se le atribuye un milagro que ha sido transmitido por el cancionero popular; el asunto del cual se explica también en otros lugares y regiones (7).
Desde tiempos inmemoriales había la costumbre gerundense de ir al menos una vez al año a este santuario para hacer las devociones a la Virgen, y no eran pocos, mejor dicho, pocas, las que acudian descalzas en cumplimiento de promesas. Cierto es que eran muchos los qui acudian el día 8 de septiembre, diada de la Virgen encontrada, pero muchos también eran los que lo hacian durante el verano y el resto del mes de septiembre.
Se acostumbraba a ir en grupos más o menos numerosos, llevando la comida que se preparaba la noche anterior. Al clarear el día iban a llamarse los unos a los otros, y, ya reunidos, marchaban hacia el Valle de San Daniel, por las Pedreras, o por el Galligants, siguiendo camino por la Fuente de los Leones y la "casa de les figues" (higos), o por la Fuente d'en Lliure, de aguas ferruginosas, lugares donde era de rigor desayunar.
Se tomaba el camino por la subida de Vilarroja y pasando por valles y senderos, subiendo y bajando, los grupos, acostumbrados por la antigua costumbre de hacer las mismas paradas, como rigiendose por un programa único, iban avanzando. El camino era largo y soportable, porqué no se tenía prisa. Se hacía despacito, cantando y contando, respirando aires de bosque y montaña y relevándose en el transporte de los atillos de minestra, por bien que muchas veces eran las pacíficas burritas de San Daniel las que transportaban la carga en unas banastas en las que colocaban también a los niños para que no se cansasen en las subidas.
Según la temporada, los excursionistas se entretenian buscando madroños, piñas, setas o castañas, que de todo había, y bastante, por estas montañas. Era de rigor tirar unas piedras al árbol centenario de "la casa de les figues", un inmenso alcornoque de tronco carcomido que se encontraba no demasiado lejos de la masia de este nombre, y que tenia la virtud de hacer casadores a los jóvenes que de esta manera se enteraban de los años que les faltaban para cambiar de estado, según el número de piedras que habian conseguido suspender en las ramas del árbol casamentero.
Después de tres o cuatro horas se llegaba a la cima. Los vientos allí son constantes y siempre murmuran los tétricos cipreses que conducen al santuario. Se oía misa en caso de haber llegado a tiempo; si no, se rezaban unas oraciones y seguidamente se iba a venerar a la Virgen en su "camaril", y después a pasar revista a los centenares de ex-votos de toda clase que colmaban las paredes, provocando los consiguientes comentarios (8).
Imagen del Santuario en un grabado al boj antiguo.
Después se salía a contemplar el magnífico panorama que se gozaba desde esta cima, prodigándose las exclamaciones que reflejaban la alegría del espíritu. Y todo el mundo intentaba adivinar los innumerables pueblos y villas que desde allí se divisan. La mirada alcanza desde el Cabo de Creus hasta las costas de Calella, y desde el Puigmal hasta la villa de Begur, comprendidas las poblaciones de Banyoles, Figueres, Castelló, Roses y Torroella, así como una infinidad de pueblos microscópicos desparramados entre extensiones inmensas de cultivos, viñas y olivares que a menudo cruza un tren que parece de juguete. Por una parte, el fondo azul del Mediterráneo con la silueta de las islas Medas, por la otra las soberbias montañas del Canigó y del Montseny, del Món y de Rocacorba, con sus ermitas, y los riscos del Far y de Santa Magdalena.
Se comía en el vasto comedor del parador, presidido por un grandioso ex-voto con el incendio ocurrido a finales del siglo XIX en los Porches d'en Rosés, en Girona, o mejor acampados al aire libre, forma que tanto complacía a aquella gente demasiado obligada a la atmósfera de una ciudad amurallada. Después de haber hecho la siesta debajo de algún árbol, o en cualquier sombra, se volvía a visitar la Virgen para despedirse. Era costumbre dirigirle esta oración:
Adiós, Madre de Dios,
yo me voy, Vós os quedáis,
os quedaís en la capilla,
yo me voy a mi casa,
si acaso muero por el camino,
ayudadme a bien morir.
O su variante siguiente:
Adiós, Madre de Dios,
Vós quedáis en la capilla,
yo me voy a mi casa.
Si me sucede algo por el camino,
ayudadme a bien morir;
si jamás puedo volver
que mi alma se pueda salvar;
si me viene algun mal pensamiento
valgame el Santísimo Sacramento.
que se repetia tres veces, seguidas de un padrenuestro.
Y después de haber adquirido algunos recordatorios para obsequiar a las amistades, se iniciaba el retorno a casa, menos cargados y camino abajo, con la euforia consiguiente de una buena comida y de un descanso del espíritu que se traducía en cantos y risas. Se entraba en la ciudad al anochecer llevando triunfalmente ramas de madroño, o de castañas erizadas, muestra aparatosa de una alegre jornada pasada en las verdes montañas de los Ángeles.
En la ciudad se celebraban las fiestas de las calles Albereda y Peso de la Paja, y anteriormente las de la Força y calle de los Caldereros (8).
(Texto extraído y adaptado de J. Gibert, "Girona. Petita història de la ciutat i de les seves tradicions i folklore", Barcelona 1946).
Notas
(1) - Según la tradición, la primera capilla que existió en este lugar, denominado antiguamente "montaña de Pujols", fue edificado hacia el año 55 por uno de los primeros discípulos de San Lázaro, cuando éste, con Santa Marta, Santa Magdalena y San Maximino predicaban el Evangelio por tierras de Provenza. A finales del siglo III habitaba esta capilla un sacerdote llamado Esteve, que es quien bautizó a los cuatro mártires de la Pera, picapedreros en Girona. Aún cerca del santuario hay una fuente, llamada "de los Cuatro Mártires", porqué en ella, según tradición, fueron bautizados. Volver al texto
(2) - También era denominado "Del Santo Lienzo" por haber unas pinturas que lo reproducían. Volver al texto
(3) - Antes se llamaba de los "Cuatro Santos Mártires". Volver al texto
(4) - En recordatorio de este hecho existia la costumbre de encender cada sábado una hoguera en un lugar bien visible. Volver al texto
(5) - El terreno lo donó Guillem Llach, en 1417. Volver al texto
(6) - Quemada por los napoleónicos el 31 de mayo de 1809, no quedó más que un montón de ruinas y algun paño de pared. La imagen, no obstante, se había bajado con anterioridad al pueblo de San Martí Vell, desde donde fue nuevamente trasladada al santuario que se reconstruyó en 1814. Volver al texto
(7) - Un perpiñanés fue injustamente acusado de haber asesinado a un viandante cerca de la Laguna de Salses. Condenado a muerte a pesar de sus protestas de inocencia, al ser colgado se rompió por tres veces la soga debido a la intercesión de esta Virgen a la que había implorado el reo, quien, absuelto, acabó haciéndose fraile después de haber cumplido su voto de recorrer pueblos y villas proclamando el milagro en edificación del poder de la Virgen. Volver al texto
(8) - Entre las mil escenas originales y trágicas, se veía una que representaba una casa en la que dieciseis esbirros de Felipe V sorprendieron un capitoste barcelonés. El catalán, después de haber saltado por la ventana, encaró su arma a los perseguidores y con una descarga mató a los dieciseis, cada uno de ellos con una bala en la cabeza. Volver al texto
(9) - En honor a la ultramarina Virgen del Cobre, la imagen de la cual regaló un vecino, desde bien entrado el siglo XX celebraban hoy la fiesta algunas calles del barrio del "Carril". Se llamaba de la "Habana pequeña", sin conocerse exactamente porqué, diciéndose que este nombre lo sugirió "el americano" que regaló la imagen y sufragó la fiesta de aquel barrio que consideraba su segunda Habana. Volver al texto
Para saber, y ver, más:
El Santuario de los Ángeles. Imágenes del Santuario, las panorámicas y el entorno.
La Historia. Historia, vicisitudes y evolución del santuario de la Virgen de los Ángeles.
El monolito conmemorativo de los 150 años de Renaixença catalana.
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Grabado antiguo que muestra una excursión familiar al Santuario de los Ángeles.

Madroños. Imagen obtenida en la Casa de les Figues.

Grabado antiguo que muestra una imagen de la Virgen de los Ángeles.

Corteza de un alcornoque, en el Santuario de los Ángeles.

Actual imagen del Santuario de los Ángeles.


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