Mossé ben Nahman, conocido también como Nahmànides, Ramban y Bonastruc ça Porta -el judío de los cuatro nombres- nació en Girona en 1193-1194 (el 4954 del calendario judío) y murió en Haiffa, probablemente en 1270. Es la figura más indiscutible de la Cábala y la Aljama gerundenses; Eduard Feliu le define como un intelectual enraizado a su tierra y a su tiempo. Estudió medicina y filosofia, pero es conocido especialmente por sus trabajos en el campo de la Cábala y los comentarios al Talmud.

Poca cosa se sabe de su infancia, excepto que era nieto de Isaac ben Reuben de Barcelona y pariente de Benvenist ça Porta, baile de Barcelona, y de Rabí Ionà Gerondí. Sus mestros fueron Rabí Iehudà ben Iagar y R. Ezra ben Menahemo R. Azriel ben Selomoh (probablemente los dos), que l iniciaron en el círcule de cabalistas de Girona. Recibió una cuidadosa educación talmúdica tanto de la escuela hispano-hebrea como de la francesa; reunió la herencia talmúdica de Ishaq al-Fasi y la de Rasí.

A los 16 años, en 1210, inició su actividad literaria componiendo un suplemento a las Halakot de al-Fasi; esta obra iba precedida de un poema en arameo, lengua que, conjuntamente con la hebrea, utilizaron el Talmud y otros importantes obras judías. También en defensa de al-Fasi escribió, contra Zerahía Haleví de Lunel, el Séfer Zehitt (Libro de la defensa), y, contra Rabí Abraham ben David de Posquières, el libre Milhemot ha-Sem (Guerras del Nombre divino).

Admirador de Maimònides, se opuso a sus tendencias intelectualistas y derivó hacia cuestiones de la Cábala, dentro de las cuales compuso un musta gab para ser recitado el primer dia del año. Este musta gab es la muestra más antigua de poesia cabalística peninsular. Algunas otras obras cabalísticas suyas son Osar ha-hayyim ("Tesoro de la vida") y Derasah ("Investigación"). Igualmente, escribió diversas obras didácticas, entre las cuales destacan Iggueret ha-qodes ("Epístola de la santidad") y Torat ha-adam ("La Lei del hombre"), y Iggeret ha-Musar, carta ética dirigida a su hijo.



Fragmento de El judío de los cuatro nombres. Óleo sobre tela, 60 x 90 cm. Colección particular, Nueva York.

Intervino en dos disputas bien diferenciadas: una, interna del judaísmo, a raiz de la problemática con las ideas de Maimónides, polémica que empezó cuando Salomón ben Abraham de Montpeller y sus discípulos pidieron a los rabinos del norte de Francia que anatemizasen las obras de Maimónides y sus lectores, polémica que se extendió por las comunidades catalanas. Maimónides había intentado, en la Guía de perplejos y en el Libro del conocimiento fundir la filosofia griega con la religión judía y con este objetivo insistía en el carácter incorpóreo de Dios y en la necesidad de interpretar en sentido alegórico y como metáforas las expresiones antropomórficas que había en la Biblia. Cuando la obra, inicialmente escrita en árabe, llegó a tierras hispanas, fue fácilmente asimilada dentro de la tradición; los judíos hispanos eran cultos y conocían las ciencias profanas y la filosofía, lo mismo que sucedió en la Provenza.

En cambio, en el norte de Francia, solamente se estudiaba el Talmud, y se consideró la novedad sospechosa y peligrosa. La guerra ideológica estalló, no obstante, en la Provenza, cuando Rabi Selomoh de Montpelier y sus discípulos Abraham de Girona (tío de Ramban) y David ben Saul propusieron que las dos obras de Maimónides mencionadas fuesen prohibidas; esto fue considerado una afrenta a un tan gran talmudista y fueron excomulgados en Provenza.

Fueron a buscar ayuda a los rabinos del Norte de Francia, y estos publicaron un edicto excomulgando a los lectores de las obras; entonces David Qimhi pidió la excomunión de los rabinos franceses y se produjo un auténtico caos religioso. Bonastruc intervino solicitando cordura a los dos bandos, en una epístola que serenó, en parte, los ánimos. En una segunda epístola pedía a los rabinos de Francia parar el edicto, alegando que Maimónides, cuando asimiló la filosofía, había hecho un bien al judaísmo.



Fragmento de La poesía de Bonastruc. Óleo sobre tela, 45 x 66 cm. Colección particular, Nueva York.

La otra disputa, de defensa del judaísmo frente al cristianismo, fue impulsada por Jaime I segun consejo de Raimundo de Penyafort quien queria obtener la conversión de los judíos mediante el convencimiento dialéctico. Las disputas ideológicas entre judíos y cristianos eran frecuentes en la época, disputas que a menudo se celebraban en el Palacio Real.

En 1263, el rey le designó representante de las comunidades judías de la Corona para intervenir en una controversia con Pablo Cristiano, dominico y judió converso. En Barcelona, y en presencia del rey, nobles, prelados y gente del pueblo, y durante cinco largas sesiones, del 20 al 24 de julio, en las que Bonastruc mantuvo los mismos puntos de vista que había defendido en una obra anterior, Séfer ha-Qeulah (Libro de la Redención): Israel será redimido en el futuro; las profecías mesiánicas de Isaias y Daniel no se habían cumplido aún; la redención mesiánica tendría lugar entre 1358 y 1403.

Acabada la disputa, Bonastruc escribió en hebreo una relación, Wikkuah ha-Ramban (La disputa de Ramban) o Milhémet Hobalt (La batalla obligada), algunos pasajes de las cuales fueron considerados ofensivos para la religión oficial. Las consecuencias de este enfrentamiento se materializaron en la orden del rey (28 de agosto de 1263) de recoger y quemar públicamente, por blasfemos, los escritos del rabino, entre otras represalias. En 1265, el palacio del rey fue otra vez escenario de una segunda controversia del mismo tipo. En esta ocasión el rabino gerundense no aceptó participar en ella sin haber solicitado la inmunidad de expresión.

A pesar de haber obtenido del rey i de su confesor y consejero, Raimundo de Penyafort, previamente, amparo para expresarse libremente, (Quapropter Nos Jcobus, Dei gratia, Rex predictus, concedimus tibi Bonastrugo de Porta, magistro Judaeo, quod de praemissis vel aliquo praemissorum in posse alicuius personae non tenearis, tempore aliquo, respondere, nisi in posse nostro et presentia), sus adversarios le prepararon la asechanza de hacerle entregar por escrito, al obispo de Girona Pedro de Castellnou, un acta de las intervenciones que había hecho durante la controversia. Con aquel documento en la mano, fue llevado ante el tribunal real acusado de blasfemia; el rey se limitó a castigarlo con dos años de exilio y la quema de su libro. Los acusadores de Mossé ben Nahman, no satisfechos con el castigo, apelaron a Roma y al rey; éste último, obedeciendo las indicaciones del papa Clemente IV, condenó a Bonastruc al exilio definitivo.

A la edad de 72 años, Mossé marchó para siempre de Girona. Primero fue a Castilla, después a Provenza, período que duró tres años, y finalmente, en 1267 se embarcó hacia Palestina donde enconró una Jerusalén devastada después de la invasión mogola de 1259-60 y entonces ocupada por los mamelucos. Allí reorganizó la vida judía, habilitando una sinagoga y haciendo llevar los rollos de la Ley que habían sido guardados en Siquem.

Posteriormente fue a Acre, donde se estableció y se rodeó de alumnos. Allí llevó una intensa actividad intelectual: finalizó su libro sobre la Torá, Torat ha-adam, Iggeret ha-Musar, carta ética dirigida a su hijo, un comentario a Rut de carácter alegórico e histórico, Sosdn Sodot (Libro de secretos), y otras cartas y obras. A los 76 años murió; sus restos reposan en Haiffa, cerca de la tumba de Iechiel de Paris.

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Obras de Bonastruc ça Porta.

Durante los tres años que duró su estancia en Israel, Nahmànides mantuvo correspondencia con sus parientes que había dejado. Poco después de su llegada a Jerusalén dirigió una carta a su hijo Nahman, en la que describía la desolación de la tierra palestina. En una carta posterior desde Acre aconsejaba a su hijo la humildad, que consideraba la primera y más importante de las virtudes. En otra, dirigida a su segundo hijo, que ocupaba un cargo oficial en la corte de Castilla, Nahmànides recomendaba el rezo diario de plegarias para combatir cualquier inmoralidad.


Las fotografías corresponden a una colección de catorce óleos sobre tela, de Fèlix Xunclà, sobre la vida de Bonastruc ça Porta. Colección particular, Nueva York.





Rabino con las filacterias (tefillin) y el talit. Dibujo de Fèlix Xunclà, extraído de "Girona. Guia del Call", 1995.



El recuerdo de Nahmànides. Óleo sobre tela, 46 x 55 cm.



La pascua de Nahman. Óleo sobre tela, 46 x 55 cm.



La llegada a la Tierra de Israel. Óleo sobre tela, 46 x 55 cm.



La poesia de Bonastruc, de Fèlix Xunclà. Óleo sobre tela, 46 x 55 cm. Colección particular, Nueva York.



Portada d'Iggeret ha-Kodesh, popularmente atribuída a Bonastruc. (Wikipedia)
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