La calle del Arco, situada perpendicularmente entre la calle Ciudadanos y la calle de las Herrerias Viejas, muy cerca de la plaza del Vino, es una de las mas cortas de Girona. A lo largo de su escaso trazado, tanto desde una punta como desde la otra, se cruza un primer porche abovedado, un patio interior a cielo abierto, y un segundo porche, lo que le da una simetria reversible muy curiosa.

Es una calle minúscula, humilde, sin grandes portaladas antiguas, sin edificios de reminiscencias señoriales, a pesar de su privilegiada situación cerca de otros que sí los muestran. No obstante esta ausencia de magnificencia, tiene el encanto de los callejones porchados, el gran invento que hace mas transitable una ciudad en caso de lluvia. Así se entendió en una época, y grandes ciudades europeas, como Turín, conservan un tramado de aceras porchadas que permiten circular por una gran parte de la zona antigua de la ciudad sin necesidad de abrir un incómodo paraguas.

Este lugar es testigo de todos los acontecimientos que tienen lugar en la calle Ciudadanos: desde los actos en la calle con motivo de la Diada del 11 de septiembre a la procesión del Viernes Santo, pasando por los encuentros de gigantes o la celebración de los Mercados de Artesanos durante las Ferias de San Narciso; todo el pulso ciudadano pasa por delante de esta calle.


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