Antiguas tradiciones gerundenses relacionadas con la muerte

Según indica J. Gibert, en el trabajo referenciado en la bibliografia, este día empezaba litúrgicamente en el punto de las dos de la tarde del 1 de noviembre, pero el extraordinario mercado de este día imposibilitaba a la mayoria de gerundenses poder rendir el tributo acostumbrado a sus muertos en el cementerio.

Este día, también era conocido como día de los Muertos, y más antiguamente como día de las Ánimas. La asignación de esta conmemoración al mes más triste del año, cuando la naturaleza finaliza su ciclo de esplendor e inicia el amortecimiento del otoño e invierno, y en que todo invita a la tristeza, la severidad y el recogimiento, fué por decisión de la iglesia católica, por considerarlo más adecuado, en contraposición a la celebración que en épocas mucho más antiguas se hacía en mayo, con danzas y canciones.

Representación de ánimas del Purgatorio, según la simbologia tradicional. Azulejo pintado. Producción de las fábricas de Valencia.
Segunda mitad siglo XIX.

La memoria de los difuntos se honraba con un novenario que se celebraba en la iglesia, que cubría el altar mayor con trapos negros y se representaba plásticamente el Purgatorio con figuras de las ánimas rogando entre llamas purificadoras. Los cultos que se llevaban a cabo eran los habituales en otros logares: tres misas de difuntos por la mañana, novenario con sermón por la tarde, y canto de "lamentos" y responsos. Unos y otros, entre el montaje fúnebre del altar, a la cera amarilla, el túmulo, las calaveras y otros emblemas mortuorios que guarnecian los templos, acababan de imponer una lóbrega severidad.

El anuncio de la muerte

Los gerundenses observaron en todas las épocas un gran respeto por los difuntos. Hasta el sigli XIX, en balcones y ventanas, unas cortinas negras que se alquilaban o prestaban (1), anunciaban el hogar donde acababa de morir alguien, ante la cual nadie pasaba sin decir al menos "Dios lo haya perdonado".

Si el difunto pertenecía a una cofradía o tercera orden, lo que era habitual, por la mañana del día del entierro un "andador" con larga vestidura negra, cuello blanco y cubierto con sombrero de teja, lo anunciaba en cada esquina después de unos toques de la campana que llevaba: "Devotos cofrades de la Virgen del Rosario, rezad un Padrenuestro y una Avemaria por el alma de tal que ha pasado de esta vida a otra. Tal haréis, tal encontraréis delante de Dios". Y esto lo iba repitiendo tantas veces como fuesen las asociaciones religiosas a las que hubiese podido pertenecer el finado. Esta costumbre de hacer anunciar las defunciones por un "andador" era general en toda Cataluña. En Girona había ordenanzas de la cofradía o gremio de los sastres y peleteros, del año 1387, que ya lo especifican (2), los agremiados o cofrades al oilo cesaban su trabajo y ya no lo reprendían hasta el día siguiente del entierro.

El transporte de los muertos

El baúl era transportado en unas parihuelas por dos sepultureros, seguido indispensablemente por los familiares, amigos y vecinos, fuese cual fuese su sentimiento (3). Las cajas eran blancas para los niños adolescentes, negros para los mayores. El obispo Dou, fallecido en 1673, decretó por sinodal que los homebres muertos antes de los catorce años, y las mujeres antes de los doce pudiesen ser enterrados como párvulos; si habían cumplido la edad, o si se habían casado, tenian que ser enterrados como adultos.

El transporte de los cadáveres en coche al cementerio data del año 1855 (4). El Ayuntamiento instaló el primer servicio en el edificio de las Águilas en la Plaza de Santo Domingo. Dos de los "bòtils" de la Dehesa hacían de "lechuza"; eran los que llevando unas correas en la mano entraban en la casa mortuoria vistiendo una levita negra, pero sin el "tarot" que dejaban en el coche.

En tanto como el cadáver se encontraba en la casa se cerraban las puertas y ventanas, y la gente que vivían en un piso cerraban los batientes de la escalera. Las famílias que tenían palcos abonados en el teatro las enlutaban durante las representaciones de la temporada.

El lujo de los entierros consistia en conseguir que fuesen muchos los sacerdotes y religiosos que cantasen responsos, e incluso en los que se hacían por "el amor de Dios" asistía la cruz alzada con sus sacerdots, y a menudo algun canónigo, los cuales honoraban la pobreza con sus oraciones. Hasta mediados del siglo XIX las mujeres no iban a los entierros. Los "duelos" se despedían cerca del portal del Carmen, desde donde al paso o al trote de una pareja de caballos negros se conducía el cadáver al cementerio (5).

Entierro en el cementerio de Girona. Grabado antiguo.

Los cementerios

Los cementerios, en todas las épocas cristianas, han sido unos terrenos señaldos con una cruz de madera o de hierro en cada ángulo, clavada en un pilón de piedra. Este terreno gozaba de inmunidad; se imponía excomunión y anatema a aquel que se atreviese dentro de los límites señalados por las cruces, a inquietar, a sacar, o a causar vejación a cualquier persona que se encontrase allí.

En Girona hasta el año 1835 se enterraba en los cementerios parroquiales, que se encontraban fuera del templo, y no hay que decir de los conventuales que cada comunidad tenía el suyo particular. Desde tiempos remotos la Catedral tenia tres (6), la Colegiata de San Félix uno (7), y la del Mercadal otro (8).

Los judios, hasta 1492, disponían de su propio cementerio en Montjuïc. También era costumbre enterrar en el interior de los templos, lo que era tenido en gran honor, lo que en la Catedral no se hizo hasta 1331, cuando el obispo Gastón de Montcada permitió por sinodal que las dignidades eclesiásticas pudiesen escoger sepultura en los claustros, lo que más tarde se extendió a las capillas del templo (9). En el siglo XVIII se dispuso el "cementerio del Rey", fuera del portal del Carmen, donde se enterró hasta 1809, que estaba situado en el lugar en el que se edificó el casal del "Centro" republicano, al principio de la actual calle del Carme.

En 1829 se inició la construcción del "cementerio general" (10), fuera la ciudad, hacia el Onyar, y entre las montañas de Capuchinos y Montilivi, a donde fueron trasladados muchos restos de los enterrados en las iglesias conventuales y en los antiguos cementerios (11). En 1852 se transportó la famosa cruz bonita, obrada en 1723 por Agustí Sala, de Granollers, que se encontraba en la entrada de la calle de la Rutlla, conocida también como de los gitanos, porqué éstos acostumbraban a reunirse en ella para comer.

"Comidas de muerto", lutos y funerales

Hasta el último cuarto del siglo XIX estuvo enraizada en las comarcas gerundenses la costumbre de las "comidas de los muertos", que tenian lugar en la casa mortuoria entre los parientes del difunto, a su regreso del cementerio. Comian en silencio y se les entregaba después un "pan de memoria" que incluía la obligación de rezar un padrenuestro a intención del alma del difunto.

Los lutos se respetaban rigurosamente, vistiendo de negre los familiares y absteniéndose de cualquier diversión. La duración estaba totalmente reglamentada: para los padres, consortes e hijos se llevaba luto dos años, para abuelos, suegros y hermanos, un año; para otros parientes próximos, de un mes a medio año. Con el tiempo se convirtió en costumbre vestir medio luto al llegar a la mitad del período, y de permitirse alguna diversión, especialmente entre los jóvenes.

Entre los ocho y quince días tenian lugar los funerales, generalmente en la parroquia del finado. Solia invitarse a los vecinos del barrio sin excepción, y fuera de él a todas las personas incluídas en listas preparadas al efecto por un "andador" que las modificaba de acuerdo con los cambios de domicilio. La fórmula de la invitación era siempre la misma: "de parte de la família..., oss comunico el funeral de..., que tendrá lugar en.. a las...".

El cerimonial del día

El 2 de noviembre, durante todo el día, las parroquias dejaban oir el triste toque de campana doblando a muerto, destacando entre todas el lóbrego sonido de la "Bramamorts" de la Catedral. Antes la gente iban a visitar cementerios, a hacer el recorreido, pero hacia 1840 fué de rigor ir al cementerio general. Hacia 1845 se convirtió en costumbre llevar flores a los muerto, para cubrir las tombas y los nichos; en el día, un albañil del cementerio llamado Crestó, se dedicaba a vender flores que cogía en su jardín (12).

La carretera que conducía al cementerio, la actual calle del Carmen, se veía concurrida por grupos, muchas con luto, que lentamente se dirigían a él para hacer la tradicional ofrenda de flores y coronas de siemprevivas a sus difuntos. La gente que no quería ir a pie se trasladaba en tartana; los tartaneros de Salt y del Pont Major los llevaban hasta la puerta, donde eran recibidos por los sepultureros vestidos de gala, con levitón negro, cubiertos con un sombrero de plumas también negras y llevando ceremonialmente una larga vara.

En la capilla se decían misas por la mañana, y por la tarde había función con sermón, Via Crucis y responsos. Durante el día no se enterraba.

La concurrencia al cementerio era grande. La gente después de haber cumplido sus deberes con los difuntos respectivos, paseaba por el recinto, evocando, comentando y compadeciendo a los conocidos traspasados, los nombres de los cuales leían en las lápidas. Eran muchos los que después iban a visitar, e incluso a llevar flores, a la fosa común del cementerio civil, un pequeño sector exterior de la necrópolis donde eran enterrados los no bautizados, los ateos y los de comuniones no católicas, considerando de caridad rezar una oración.

La Cofradía de la Purísima Sangre pagaba una misa de requiem por los muertos de pena capital en su capilla de la iglesia del Carmen.

Por la noche, la cena era triste y frugal. Tampoco se celebraban espectáculos públicos ni la gente iba a los cafés. Las famílias permanecian en sus domicilios rezando por sus difuntos. A las diez de la noche se apagaban las luces de las calles, y mientras en las casas seguían las oraciones y las partes del rosario, por las calles solamente se oía la voz de los "serenos".


Notas:

(1) Después se simplificó atando un trapo negro a la barandilla del balcón, o a un saliente de la ventana.
Volver al texto

(2) A menudo se encuentra documentación de los siglos XV al XVIII que mencionan estos "andadors" y sus pregones mortuories, que tenían efecto constantmente, excepto en momentos de peste o de guerra.
Volver al texto

(3) El último de los condcidos en brazos fue un hijo del zapatero Malaret, la caja del cual fue llevada por los amiguitos del difunto.
Volver al texto

(4) El publo se resistió a esta innovación, alegando que no era adecuado que fuesen animales los que transportasen a enterrar a las personas. Pero con el tiempo se acostumbró, e incluso dió lugar al dicho "muérete, que te llevarán en coche", que se atribuye a la satisfacción postrera de la pobre gente que jamás había podido utilizarlo en vida.
Volver al texto

(5) Los que morian en el Hospital leran llevados en noche cerrada almacenados en un coche vulgarmente llamado "patera".
Volver al texto

(6) Había el denominado del "marrec", delante de la puerta de los Apóstoles, que estaba rodeado por una reja; el de los "negros" detrás del ábside, dentro de un foso amurallado, y el de "Galilea", en el lugar donde hay la gran escalinata, en el que estaba enterrado el Cap d'Estopa que el rey Pedro IV hizo trasladar sobre la puerta de la sacristía de la Seo.
Volver al texto

(7) Estaba cerca de la puerta de medidía. Una leyenda explica como las almas de los allí enterrados salvaron la vida de un viandante que siempre les rezaba, acompañándole puestas en dos filas, una vez que al volver de una feria fué acometido por unos malhechores.
Volver al texto

(8) En la plaza de Santa Susana, delante una necrópolis romana descubierta en agost de 1890 al obrir una cloaca. Seis años antes se había encontrado otras sepulturas de la misma época en el solar de la casa destinada a los estudiantes pobres, adosada al antiguo muro romano.
Volver al texto

(9) En agosto de 1893 se promovió una gran protesta en la ciudad porqué una família gerundense solicitó y consiguió una sepultura en los claustros de la Seo.
Volver al texto

(10) En el año 1854 murió en Girona el presbítero de 83 años Pedro Tornell, nacido en Olot, que fué uno de lps comisionados para a planear el cementerio y redactar su Reglamento.
Volver al texto

(11) Entre ellas las del embajador español Domingo de Iriarte, que murió en Girona el 23 de noivembre de 1795 al regresar del Congreso en el que se firmó la paz de Basilea que ponía fin a la Gran Guerra, y había sido enterrado en la conventual de los predicadores de Santo Domingo. En el cementerio general ocupa un nicho con una lápida de mármol rojo, con la inscripción prácticamente borrada. El 29 de septiembre de 1842 fué llevado, por disposición del gobernador, el sarcófago del almirante Jofré Gilabert de Cruïlles, muerto en campaña en el año 1322, que estuvo en la derribada iglesia conventual de San Francisco. En 1891 fué trasladado desde el crucero del cementerio al interior de la capilla.
Volver al texto

(12) Este personaje dió lugar a antiguas frases gerundenses, como "ir a casa de Crestó" o "llevar a alguien a la casa de Crestó", como sinónimos de cementerio.
Volver al texto


Bibliografia

- Girona. Petita història de la ciutat i de les seves tradicions i folklore. J. Gibert. Barcelona, 1946.




  • La necrópolis romana de la plaza de San Félix. El cementirio romano activo desde la época de Augusto a la bajo-imperial.

  • El cementiri. Reportaje fotográfico del cementerio de Girona.

  • El cementerio de San Daniel. Reportaje fotográfico del cementerio de San Daniel.




  • Visita al cementerio de Girona. Grabado antiguo.



    El cementerio de Girona.



    Las ánimas del Purgatorio. Grabado antiguo.



    Representación de una ánima del Purgatorio, según la simbología tradicional. Terracota. Factura sudamericana.



    Sepulcro romano, procedente de la necrópolis de Santa Susana, actualmente en el Museo de Arqueologia de San Pedro de Galligants.



    Simbologia tradicional de la muerte. Grabado antiguo.



    Relieve en el muro exterior del cementerio de Girona.



    Mosaico romano, encontrado en Pompeya, actualmente en el Museo Arqueológico0 de Nápoles.



    Relieve en el muro exterior del cementerio de Girona.



    Detalle del relieve de una tumba. Museo Madama, Turin, Italia.

    Back