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La tradición de la quema de las Hogueras de San Juan se suele relacionar y vincular, por su coincidencia con el solsticio de verano, con toda clase de ritos, costumbres y tradiciones ancestrales.De hecho, la terminologia empleada en esta fecha, está enraizada en antiguas costumbres celebradas en nuestra tierra; por ejemplo, durante la noche coincidente con este solsticio, los romanos salian al campo para recoger la grama negra, es decir, la verbena, hierba medicinal la obtención de la cual esta noche comportaba venturas y riqueza. La costumbre, según Amades, estuvo tan enraizada, que se extendió hasta hoy para dar nombre a la verbena de San Juan. Las fiestas y costumbres de la noche de San Juan recuerdan mucho las palílias romanas, las fiestas en honor de Palas, que había sido la divinidad del fuego, y también de los prados y de los rebaños. Durante estas fiestas se creia que las aguas y las hierbas tenían virtudes, y se encendían hogueras que, según Ovidio, la gente saltaba tres veces, con el objetivo de obtener salud y felicidad. El mismo Ovidio relata que el día de la fiesta de Palas, dos pastores, entreteniéndose en rascar dos trozos de madera de higuera puntiagudos, hicieron saltar una chispa, y así fué descubierto el fuego, que fué dedicado a la diosa y fué tomado en sentido ritual y sagrado. Probablemente, en la antigüedad, los fuegos de San Juan se encenderían de una forma ritual y ceremonial. Amades menciona que el cristianismo en un principio combatió las hogueras, por que eran restos de paganismo. El concilio de Constantinopla de 680 condenó duramente prenderlos. No obstante, la costumbre estaba tan enraizada que no fué posible extinguirla; los clérigos cristianos lo aceptaron y cambiaron su sentido. Durante los siglos de la Edad Media, las fiestas de San Juan se caracterizaron tanto por el encendido de grandes hogueras, como por procesiones por los campos, con antorchas encendidas, el sentido de las cuales era la purificación del aire y el calor solar, gracias a la cual las simientes germinarían y las cosechas serían abundantes. En nuestras tierras, con muchas variantes, había la costumbre de lanzar algunos objetos a las llamas: desde hierbas, hasta cacharros viejos. Una tradición muy enraizada, vivida por muchos gerundenses actuales, era la de coronar la hoguera, preparada unos días antes por los chiquillos de cada barrio, con un muñeco, vestido con las ropas que los vecinos habían donado, y que era inmolado con el resto de la pira. Esta había sido construída por los muchachos que habían ido pasando por las casas solicitando Teniu res per Sant Joan? (¿Tenéis algo para San Juan?). La gastronomia relacionada con esta festividad tiene como eje central las cocas de bizcocho y fruta confitada, pero también se toman de recapte, de chicarrones, piñones y muchas otras clases. Antiguamente, las cocas para esta diada eran redondas con un tajo en medio, lo cual se podría relacionar con algun antiguo rito solar. Hoy en día, las dimensiones estándar suelen ser canónicas, es decir, el doble de largo que de ancho. El otro elemento característico de esta noche es la pirotecnia. Los niños empiezan a participar en la fiesta desde pequeños blandiendo bengalas y lanzando bombetes -las denominadas cebes (cebollas)-, explosivos que se activan por percusión contra el suelo, del todo inofensivos. A medida que crecen, los padres les permiten hacer uso de explosivos de mecha cada vez más potentes. Empezando con las piules y tracas inofensivas y acabando con petardos y cohetes más potentes. La noche se llena de truenos, fuentes de luz y el cielo de cohetes pirotécnicos de muchos colores diferentes. Bibliografía básica. |
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