El llamado Puente de Piedra sobre el ríoOñar es lugar de paso obligado entre la ciudad moderna del Ensanche y el Barrio Antiguo. También es, al mismo tiempo, un excelente mirador para contemplar las casas del río, que reflejan en las aguas sus colores, y, al fondo, las dos siluetas que lo presiden: el campanario de San Félix y el de la Catedral.

A menudo pasan debajo de sus arcos, grupos de patos silvestres, que habitan la pequeña isla formada en la desembocadura de la acéquia Monar, justo al lado del puente, gaviotas, gavianes, chorlitos y otros habitantes alados, además de las famosas carpas del Oñar.

Construido en 1856, durante el reinado de Isabel II -una inscripció en bronze en su lateral así lo testifica-, está formado por una sóbria estructura de tres arcos rebajados, apoyados en dos pilares, diseño del arquitecto Constantino Germán.

Lugar de paso habitual, también lo es para los acontecimientos ciudadanos: desfiles de gigantes y cabezudos, los reyes de Oriente, manaies, nazarenos y pasos de Semana Santa, durante la procesión del Santo Entierro el viernes santo... Ademas de ser un buen mirador, también es un excelente lugar para ser contemplado desde otros lugares, como la carcana plataforma de la plaza de Cataluña.

Periódicament se utiliza para instalar tenderetes de artesanos -sábados y festivos señalados-, en los que se puede encontrar desde elementos textiles, cristal, cerámicas, hasta cestos de mimbre o sillas de espadaña.
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