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El ambiente antiguo de Semana Santa.En lo que se refiere a las tradiciones históricas de Girona durante los días de la Semana Santa, Gibert señala que todo el recogimiento cuaresmal se extremaba en este período de Pasión, sobre todo el jueves y el viernes denominados Santos. En los tiempos medievales se suprimía y se retiraba de las calles todo lo que podia ser motivo de escándalo, y durante estos días el Call judío era escrupulosamente cerrado para evitar excesos por parte de los fanáticos exaltados. Aún a mediados del siglo XIX se recogían las mujeres de los burdeles para encerrarlas en un convento hasta el día de Pascua. Era tanto el rigor con que los antiguos gerundenses guardaban la austeridad y el recogimiento, sobre todo en los dos días Santos, que consideraban que ni tan siquiera les estaban permitidos los goces conyugales. Durante el Jueves y el Viernes Santos, en tanto como Nuestro Señor estuviese presente en el "Monumento", el silencio tenia que ser casi absoluto. Toda clase de trabajo tenia que cesar; incluso los cotidianos domésticos. Se reducía el transito de vehículos a lo más imprescindible, se prohibía toda clase de música, de calle o de casa, cantos (1) y juegos, se ataban los martillos de las campanas de las iglesias, y como que no se permitía el juego ni en los cafés ni en los hostales, estos estaban obligados a cerrar. Incluso la chiquilleria tenia sus juegos silenciosos, dado que se les tenia terminantemente prohibido alborotar porque "Nuestro Señor estaba muerto", diciendoles que ni tan siquiera los pájaros cantaban en estos días de luto. Como que no podían gritar ni correr, a fin de no ofender a Nuestro Señor en los días de su Pasión, jugaban a "sellos". Sentados en el suelo, con las piernas cruzadas y formando un círculo, volteaban los recortes ilustrados de ciertos envoltorios de caramelos que se hacían en estos días, con el vacío producido por el golpe seco dado con la palma de la mano, con lo que no solament su juego era totalmente silencioso, sino que también hacian sufrir a los demonios con los golpes que daban al suelo. Durante los dos días Santos no tocaban las campanas, sino la matraca, un instrumento de madera que al rodar martilleaba con un sonido parecido a timbales con sordina que se oía a gran distancia. Los días de vigilia eran cuatro, y algunas famílias piadosas los ampliaban con el lunes y el martes que los precedian. Siguiendo esta costumbre, el matadero municipal no sacrificaba animales durante el miércoles, el jueves y el viernes; las carnicerías tenían las puertas cerradas. Pero en cambio, eran pocas las famílias gerundenses que a principios de esta semana no hiciesen buñuelos, postres de rigor en estos días, que solian comerse en cantidad desde el miércoles. ![]() Las ProcesionesPero lo que Girona celebraba con más esplendor y animación eran sus procesiones. La ciudad entera tomaba parte: obreros, menestrales y burgueses, elemento oficial y eclesiástico, con sus agrupaciones gremiales y asociaciones diversas, con los "misterios" -las figuras de los cuales se balanceaban como muertos galvanizados-, con las banderas y los estandartes, y a la luz de centenares de hachas de cera, recorrian las calles hasta bien entrada la noche, ofreciendo un espectáculo tan severo como imponente y majestuoso. Un escritor dijo que las procesiones pedían callejones estrechos y empinados, y plazas de poco espacio, porque las dos hileras de luz que serpetean en la oscuridad produzcan el efecto mágico que toda ceremonia piadosa y sincera debe producir. Por esto Girona podia presumir de tener un marco adecuado, y no hoy sino que figurarse el maravilloso espectáculo de las tradicionales procesiones bajando hacia el Galligants con el fondo de Sobreportes o remontando hacia la Catedral por la famosa calle de la Força, a la luz de las antorchas y de los fuegos de las hachas que en estas noches oscuras de marzo o abril aun se encendian a mediados del siglo XIX. La Procesión del Jueves SantoEl jueves era el día que los gerundenses dedicaban a visitar los "Monumentos", tanto los de las iglesias de la ciudad, como también los de algun pueblo vecino, com Santa Eugenia y San Daniel. La costumbtr era visitar una veintena, y como mínimo una docena; en el año 1882 solamente había dieciseis monumentos. Ir a seguir "monumentos" equivalia a exhibir la creencia y a dar fe de ciudadania por lo que se refiere a personas mayores, y, en cuanto a los chiquillos, venia a ser com una especie de declaración formal de mayoria de edad. No hay que decir, pues, con que ilusión ellas y ellos se ponian las indumentarias consentidas, delatoras además de una mundanidad rigurosamente reglamentada e intervenida. Y los hombres distinguidos se vestían severamente de negro, con sombrero alto y enguantados también de negro, llevando a airear una serie de piezas de ropa que no salían del armario durante el resto del año. Entre todas la iglesia del Carmen era la más visitada, no solamente por su céntrica situación, ni tampoco porque se venerase en ella el "Cristo de la Sangre", expuesto en la capilla de la Cofradía, sino porque ya se podian ver los "misterios" que saldrían en la procesión de la noche, colocados cada uno en una capilla. Uno de ellos, el del Santo Sepulcro, estaba custodiado por cuatro inmóviles "manaies", los legionarios del manípulo romano que precedia la solemne procesión, a los que por primera vez podia contemplar la chiquilleria. También era de rigor que se llevase a los chiquillos a la parroquia del Mercadal para que viesen y se compadeciesen de unos pobres pajaritos atados a las ramas del árbol del "misterio" de los hortelanos. En el monumento de la capilla del Hospicio, durante muchos años, se podian ver unas figuras de legionarios romanos de dimensiones mayores que el natural. ![]() El Santo Sepulcro custodiado por los Manaies, delante de la iglesia del Carmen. Fotografia: Fargnoli. Publicada en el programa de Semana Santa del año 1960 Durante algunos años del último cuarto del siglo XIX hubo un contingente de "manaies" a caballo organizado por el platero Paco Murtra, quien instauró esta innovación. A cargo del manípulo era la guardia del Santo Sepulcro en la iglesia del Carmen, ir a recoger el pendón de la Cofradía a casa del pendonista, en el balcón de la cual se había exhibido durante el día, y también el "misterio" de la Oración en el Huerto, del gremio de los hortelanos, que se encontraba en la iglisia del Mercadal. Por la noche, en dos hileras, los "manaies" precedian la procesión con la estrepitosa estridencia de las lanzas repicando con fuerza, acompasadamente, el empedrado de las calles al son de una antiquísima marcha de flautas, acompañadas de timbal, que todos los gerundenses conocían y bisbiseaban (2); los chiquillos miraban de reojo el paso de la hueste barbuda, y los más pequeños se acurrucaban en las faldas o en los regazos maternales. ![]() La procesión denominada "del Santo Entierro", se formaba en la iglesia del Carmen donde había la Cofradía de la Sangre que era la que la organizaba. Salía hacia las nueve de la noche, cuando lo permitían las múltiples maniobras para hacer salir el "misterio" a causa de la estrechez de la calle. Los "misterios" consistian en una peana o plataforma de unos dos metros de altura por tres de largo y un y medio de anchura, que sostenia las imágenes de tamañoa natural que constituían el "paso". El basamento, o "mulassa", en algunos era de madera tallada; los atributos del gremio o el escudo de la cofradía a la que pertenecian estaban aplicados en la parte anterior o posterior de la peana, decorando armoniosamente el conjunto; a menudo una especie de baranda con un festón de arabescos contorneaba el perímetro superior, en los vértices de la cual había un farol octogonal con cristales blancos o de color. Toda la parte inferior de este túmulo moviente, donde se escondían los portantes del "misterio", estaba ceñida por gualdrapas de tejido o de terciopelo negro, con bordados o sobreañadidos de flecos, cordones y emblemas. Lo llevaban varios hombres alquilados, guiados por un conductor, pero que en otros tiempos fueron los mismos devotos los que se ofrecian a portarlo, voluntariamente, para cumplir alguna promesa. Cada uno de los "misterios" gerundenses pertenecía a algún gremio o cofradía las insígnias del cual ostentaba, e iban acompañados por los agremiados vestidos con vesta negra y cubiertos la testa y el rostro por un alto y puntiagudo cucurucho (3). Había algunos de muy antiguos, y de mérito. En la procesión de hoy salían nueve, por el siguiente orden: Los antiguos PasosLa Oración en el Huerto.- Jesús arrodillado a los pies de un ángel vestido con túnica que le presenta el cáliz de la amargura desde lo alto de un árbol florido, en las ramas del cual se colocaban unos cuantos pájaros vivos; sus tres apóstoles predilectos dormían en el lado opuesto. Pertenecía al gremio de hortelanos y estaba depositado en la iglesia del Mercadal. La Flagelación.- Dos "sayones" azotando a Jesús medio desnudo y encongido, con la larga cabellera natural caia sobre el rostro. Pertenecía al gremio de los merceros, conocids también por los "julianos". La Coronación de Espinas.- Dos "sayones" coronaban de espinas a Jesús, sentado y medio desnudo, utilizando unas ramas. Las caras de estos dos "sayones" eran tan extraordinariamente feas y peludas, que de ellos viene la comparación gerundense "ser más feo que el (o los) judio del misterio"; se les conocía familiarmente con el nombre de Carpanta y Garlopa. Pertenecía al gremio de zapateros. Pilatos presentando a Jesús.- Detrás de una barandilla, Pilatos presentaba a Jesús, el cual iba cubierto con un manto blanco y llevaba una caña verde entre las manos atadas; detrás de él, un legionario romano armado con lanza. Pertenecía al gremio de los sastres. Jesús camino del Calvario.- Jesús, vistiendo una túnica, con la cruz al hombro; a su derecha, la Verónica mostraba la Santa Faz, mientra que Simón el Cirineo sostenía la cruz por su extremo. Pertenecía al gremio de los herreros. La Enarbolación.- Dos "sayones" estiraban una cuerda para alzar la cruz en la que estaba clavado Jesús, mientras que un tercero, detrás, levantaba una escalera de mano que apoyaba en la cruz en su intersección. Pertenecía al gremio de albañiles y maestros de obras, y antes había sido de los drogueros. El Descendimiento.- Nicodemo y José de Arimatea, cada uno desde arriba de una escalera, descendían de la cruz el cuerpo de Jesús mediante una sábana. Abajo, en actitud de recogimiento, Maria Magdalena arrodillada, la Virgen, y San Juan, cerca de los cuales había una ámfora con el bálsamo para ungirlo. Pertenecía al gremio de los carpinteros. La Virgen de la Piedad.- La Dolorosa sosteniendo en su falda el cuerpo muerto de Jesús, en actitud implorante y llevando los siete Misterios de Dolor simbolizados por siete espadas clavadas en el corazón; detrás de ella una cruz de la que colgaba simétricamente una sábana. Pertenecía a la Cofradía de la Purísima Sangre, y fué encaregado en enero del año 1660. Se lo conocía también con el nombre de "misterio de los gitanos", porque éstos sentían una especial veneración por esta Virgen. Durante mucho tiempo, cada año, en este día de Jueves Santo, detrás de este "misterio" se veía siempre una vesta alta y corpulenta en la que todo el mundo reconocía la figura del popular Pepet Gitano; era el único día que podía ir por la calle sin ser escandalizado. El Santo Sepulcro.- Dentro de un sarcófago de cristal, el cadáver de Jesús. Una gran palma primorosamente trabajada por las "monjas beatas" se inclinaba en graciosa curva sobre la urna, balanceándose en la marcha; el obispo la regalaba a la Cofradía de la Sangre, y después de la noche de Jueves Santo se la podía ver durante el año en un balcón del domicilio del presidente de la Cofradía. Este "misterio" perteneció a la antigua Cofradía de San Jorge, y después pasó a ser propiedad de la de la Purísima Sangre. En la procesión iba custodiado por cinco manaies, y a su paso los ciudadanos se arrodillaban; hasta el año 1843 fué llevado bajo palio negro. Bien entrado el siglo XVIII aún se podían ver en la procesión las figuraciones de Judas Iscariote y de "las tres Marías", representadas respectivamente por un hombre y tres mujeres adecuadamente vestidos que marchaban entre las dos hileras de congregantes; Judes iba con una cuerda anudada al cuello, repulsivo, y su paso era acogido con desprecio, e incluso algún insulto, por parte de los que contemplaban el paso de la procesión. También hasta el año 1897 figuraron los "improperios" tradicionales, los atributos de la Pasión, portados por diversos niños; desde este año asistió una notable cruz de grandes dimensiones, denominada "de los improperios", en la que habían sido reunidos todos, convenientmente distribuídos. En la procesión figuraba también el magnífico Cristo de la Cofradía por el que los gerundenses sentían una gran veneraciób. Era de mucho de peso, y era necesario que los portadores fuesen de gran corpulencia, lo que hacía que muchas veces la Cofradía tuviese que hacer la vista gorda respecto a ciertas personas de conducta alocada cuando presentaban una solicitud de cofrade (4). Estos portadores vestían vesta roja, amplio ceñidor de terciopelo negro recamado de oro, con las insígnias de la Cofradía, y dicen peluca blanca rizada. Los otros cofrades, la asistencia de los cuales a la procesión era obligatoria, vestían vesta negra con faja de terciopelo del mismo color, y se cubrían la cabeza y el rostro con un cucurucho alto, cónico y muy puntiagudo; los llamaban "cucuruchos" (5). Con el tiempo fueron apareciendo vestas rojas. "Cucuruchos" era el nombre popular que se daba a los concurrentes a la procesión. Algunos de ellos, penitentes, sobretodo mujeres, iban descalzos y a menudo arrastraban cadenas más o menos largas y pesadas que llevaban atadas a la cintura o a los tobillos; había que, además, llevaban en las manos algún crucifijo o algún "improperio". Iban entre las hileras, y la gente se los miraba y hacía comentarios de conmiseración y lástima fijándose en los pies para saber a que sexo pertenecían, cuando la silueta no lo delataba. En tiempos ya alejados iban también disciplinantes, que vestían alba, y se daban golpes de disciplina hasta sangrar. Una costumbre, el origen de la cual se desconoce, era que los "cucuruchos" repartiesen caramelos a las amistades y a los conocidos que presenciaban el paso de la procesión, e incluso los tiraban a los balcones, sobretodo cuando en ellos había elemento femenino. Alguna que otra vez, como broma de mal gusto, especiaban los caramelos con tártago y los repartian aprovechando el anonimato del que gozaban con la cara tapada. Esta costumbre, surgida a finales del siglo XIX, enraizó a pesar de todas las prohibiciones que dictó la Cofradía. Recorrido de la procesiónLa procesión recorria lentamente su curso, variado según los años debido al paulatino crecimiento de la ciudad, y a su paso desde los balcones y ventanas se alumbraba con candiles. Desde el año 1894 empezó la costumbre de esparcir arena por los lugares por los que debía pasar la procesión. Aún en el siglo XVIII iba hacia La Catedral, e incluso los "misterios" entraban por la puerta de los Apóstoles y volvian a salir por la misma puerta después de haber dado la vuelta por el interior del templo. De allí se dirigía a la Colegiata, después recorria las más principales y céntricas calles de la ciudad, y girando por la de Jansana (Abeuradors) volvía a su punto de orígen; desde 1870 pasó de la plaza de las coles (Rambla) por la rampa de delante de "los arcos de los esparteros", a la bajada del puente de piedra, plaza de la Constitución (la Plaza del Vino), y calle de los Ciudadanos (6). Llegada a término, y una vez disgregada, siguiendo una antigua costumbre, la presidencia de la Cofradía organizadora obsequiaba a las autoridades asistentes con un refrigerio que tenía lugar en la gran sala de la congregación. Mientras el inmenso gentío se iba retirando a sus domicilios, e incluso a sus pueblos, dado que eran muchos los comarcanos que habían venido a la ciudad para ver el paso de la procesión solemne. Los manaies volvían a su cuartel a los acordes de una marcha (7). Aún en el siglo XVII es hacían representaciones en vivo de la Pasión y del Descendimiento de la Cruz, dentro y fuera de la Seo, como las representadas en Verges, Banyoles y Olesa. Fueron prohibidas por sinodal por el obispo fray Miguel de Pontic, aun cuando de hecho ya lo estaban desde años atrás por su antecesor. También hacia esta época la Seo permanecía abierta durante la noche para los que quisieran ir a cumplir devociones, que eran muchos; el obispo fray Severo Tomás Anter hizo cerrar las puertas. Todos los gerundenses que tenían armas de fuego en casa, las colocaban con el cañón hacia abajo, y aquellos que tenían caballerías les sacaban las guarniciones en las que habían cascabeles y campanitas. Este día iba acompañado de supersticiones y creencias, como la de que las brujas se llevaban las criaturas que las madres dejaban en las cunas solas, o la que decia que el demonio acostumbraba aparecer, y eran muchos los que aseguraban haberlo visto. La procesión del Viernes SantoHacia las ocho de la noche se efectuaba el traslado del "misterio" de la "Mater Dolorosa" de la Congregación de los Dolores, uno de los mejores "misterios" de la ciudad, al que acompañaban procesionalmente los congregantes desde la iglesia de la Merced a la de San Lucas, para formar parte de la gran procesión nocturna (8) organizada por la Junta de la Obra de la Colegiata, que no desmerecia en nada de la del jueves. La precedían también los manaies llevando manto azul, y, vestidos de paisano, los flautistas. Los misterios se reducían a dos: el de la Dolorosa y el del Santo Sepulcro, éste con una magnífica y antigua imagen; tres sacerdotes seguían el primer "misterio" cantando el Stabat Mater. Algunos años iba también el "Nazareno" de San Pedro de Galligants. Y naturalmente, figuraban el Cristo de "la Pasión y Muerte" y su cruz de los improperios, con los portadores vistiendo túnica morada. La concurrencia de vestas era numerosa, muchas de ellas moradas. La procesión seguía el trayecto acostumbrado, con las variaciones impuestas por el crecimiento de la ciudad. Eran muchos los gerundenses que durante la tarde del viernes habían ido a recoger los restos de los cirios que habían llevado a quemar en el "monumento" para utilizarlos para determinadas prácticas supersticiosas, y los monaguillos de la Seo y de otras iglesias, se dedicaban a vender agujas de las que se habían utilizado para adornar el "monumento", deshecho hoy, a las que se atribuían virtudes curativas. Notas (1) - El canto prohibido era el canto profano. En cambio, se cantaba una gran cantidad de canciones "de pasión", la más popular de las cuales era la conocida con el nombre de "Pasión de San Pedro". Por Cuaresma y Semana Santa, a excepción de los dos días Santos, no se oía otra en los talleres y obradores de la ciudad. También era costumbre que algunos grupos de pobres fuesen cantando estas "pasiones" de puerta en puerta. Volver al texto (3) - Hasta finales del siglo XVIII los agremiados solamente llevaban túnica negra, con con la cabeza descubierta. Había también gremios los componentes de los cuales llevaban el vestido civil, endomingados. Volver al texto (4) - Cataluña era donde los Cristos eran llevados a brazos; por todas partes se acostumbraba a llevarlos tendido y entre cuatro hombres. De aquí que fuesen convenientes cofrades jóvenes y fuertes para llevar la cruz, siempre pesada, sobretodo dado el balance que tomaba en las calles viejas y empinadas; de vez en cuando se relevaban, y se sostenia la cruz por los brazos mediante unas horquillas apropiadas que llevaban los aspirantes a portadores, que con esta misión habían de ir dos años a la procesión. Pere Prunell, conocido por "el señor Peret de las Monjas", llegó a llevar el Cristo de la Sangre durante cuarenta años seguidos. Volver al texto (5) - La mayoría de las vestas, o túnicas, eran de propiedad particular. Hacia 1888 empezaron a alquilarlas los herederos de Joan Vilà, y a principios del siglo XX lo hacían, al precio de una peseta por noche, en Casa Bonet, un establecimiento de marcos y molduras de la calle de los Ciudadanos. Volver al texto (6) - Durante mucho tiempo, y aún en buena parte de la primera mitad del siglo XIX, la procesión salía de la Seo a la caída de la tarde y seguía no solamente las caller de la parte derecha del Onyar, sino que por el puente de San Francisco paraba en el Mercadal para recorrer algunas calles. Los "misterios" se detenían en la plaza del Molino, porque no podían pasar por debajo de los porches que entonces había en esta plaza y en la del Mercadal; mientras la procesión seguia su curso hacia los conventos de Santa Clara y de San Agustín, y a la vuelta recogía los "misterios". En el siglo XVII, el paso de la procesión en el Mercadal se hacía por unas palancas que había cerca del portal llamado d'en Vila. Volver al texto (7) - Esta marcha era vulgarmente conocida con el nombre de la "marcha de los manaies cuando se van a dormir". Fué escrita por un tal Esteve Ribas, más conocido por el "mistaire de Pedret". Volver al texto (8) - Esta procesión se hacía por la mañana; pero cuando participaron la Cofradía de la Pasión y Muerte y la Congregación de los Dolores, se hizo por al anochecer, y del anochecer a la noche. Volver al texto Extraído de "Girona, petita històrica de la ciutat i de les seves tradicions i folklore". J. Gibert. Barcelona, 1946. |
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