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Carles Rahola murió fusilado en Girona el 15 de marzo de 1939. Las circunstancias y los hechos que rodearon la detención y posterior condena a muerte del gran pensador, escritor e historiador y, por encima de todo, ferviente enamorado de la ciudad, durante muchos años fueron silenciados y su figura no pudo tener el reconocimiento que merecia hasta finales de los años setenta. La Asamblea Democrática de Artistas promovió en el año 1978 la instalación en la Rambla de la Libertad de una obra denunciadora del horror de la pena de muerte. La inscripción dice lo siguiente: A Carles Rahola. 1891-1939. Que no vuelva a levantarse el patíbulo en el recinto augusto de la noble y amada Girona ni en cualquier otro lugar del mundo y al dorso del monolito sigue: Asamblea Democrática de Artistas y colaboración del Ayuntamiento. 23 de abril de 1978. La escultura que corona el monolito representa dos mujeres que contemplan horrorizadas alguna cosa. Esta escultura, la realizó Torres Monsó en el año 1959, e inicialmente no tenia nada a ver ni con Carles Rahola ni con la pena de muerte. La obra -con la que obtuvo el premio Julio González- está inspirada en el horror que el escultor observó en dos mujeres que miraban como talaban los árboles de la carretera de Santa Eugenia. La pieza es de bronze y corresponde a la reducción totémica de la vida que experimentó Torres Monsó en una etapa de su trayectoria. Detrás de este conjunto se plantaron un árbol y un laurel, como símbolos de esperanza y de honor.
El 23 de abril de 1978, para presidir los actos de inauguración se trasladó a Girona, por delegación del presidente Tarradellas, el Consjero de Cultura y Enseñanza de la Generalitat, el Sr. Pere Pi i Sunyer. Lo acompañaron en el acto, el alcalde, Ignacio de Ribot, los senadores Sunyer y Ferrer y la diputada Rosina Lajo. Estaban presentes al lado del monumento, Fernando y Carolina, hermanos del difunto, y una nutrida representación de la Asamblea Democrática de Artistas. El anfitrión del acto fue el presidente de la AVRA, el Sr. Pere Ribas Culubret. El profesor Joaquim Nadal i Farreras glosó la figura y la obra del homenajeado. Se referió a la larga losa de silencio que ha pesado sobre Carles Rahola durante tantos años y que ahora, poco a poco, grácias a un ambiente de reconciliación, ha sido posible desagraviar. Habló de los trabajos históricos de Rahola en relación con la Girona del XIX, y señaló la preocupación de Rahola por su ciudad en un deseo de hacerla más justa, noble y habitable. Por último sintetizó las virtudes que adornaron la vida de Carles Rahola: «hecha de tolerancia, de respeto a la libertad y de fidelidad a sus ideas»; «precisamente por esta fidelidad cayó víctima de la intolerancia y de la incomprensión y por eso también, por suscribirlas plenamente creo llegado el momento de asumir lo que se dice al pie del monumento». Al final del acto intervino el señor Pi i Sunyer que dijo que Rahola había representado el signo de la voluntad libre de Catalunya ante los totalitarismos opresores del país y que había marcado un camino de fidelidad a todos los catalanes, pero que también había señalado el camino del diálogo y la comprensión. En aquella misma fecha se instituyó depositar flores en el monumento el Once de Septiembre y muchos gerundenses van a llevarle rosas y claveles. Fuente: Jordi Vilamitjana i Pujol, Especial Once de Septiembre, Diario de Girona. |
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