Por la mañana se llevaba a la chiquilleria, vestida con sus mejores galas, a cualquiera de las iglesias de la ciudad a bendecir las palmas adquiridas el día anterior. Antiguamente, no obstante, los pequeños gerundenses solamente llevaban ramos de laurel, puesto que las palmas no eran demasiado conocidas. Antes de ir a la iglesia, cuando no se había hecho la víspera, pasaban por casa de los padrinos, los cuales acostumbraban a colgar del ramo rosquillas, frutas del tiempo y rosarios, que con los años se convirtieron en rosarios de azúcar, cruces y otras golosinas para regalo del portante.

Eran muchos los que iban a la Seo. La ceremonia de la bendición (1) tenia lugar a las nueve y media, en medio de la algazara que armaba el mundo infantil que alzaba sus palmones y ramos. También acostumbraban a acudir los hostaleros o "becos" de la ciudad, llevando ramos del laurel que luego utilizarian en sus estofados.

El obispo, sentado de cara al pueblo, después de la solemne bendición repartia palmones a los capitulares y a la corporación municipal, y ramos de laurel a la clerecía baja de la Seo (beneficiados, ordenantes, sacristanes, etc.) (2). Después tenia lugar una procesión que salía del presbiterio. Abria la marcha el porrero precediendo la cruz cubierta de morado y guarnecida con hojas de palma, con un séquito inmenso enarbolando palmas y laurel (3), y se dirigian hacia los claustros, cuya puerta se cerraba seguidamente. Cerca de la puerta, desde dentro, la Capilla cantaba por tres veces una composición a cuatro voces hecha en el siglo XVI. Mientras la procesión daba la vuelta a los claustros y al encontrarse con la puerta cerrada, el portante de la Cruz le daba tres golpes con el extremo inferior, al mismo tiempo que la gente menuda embarullaba gritando a pleno pulmón:

Abrid, abrid
Abrid que queremos entrar.
El gallo, el gallo
el gallo de la Pasión.

repicando las losas con sus palmones que acababan por deshilarse y convertirse en una especie de escoba.

Se abrian las puertas y de nuevo la procesión entraba en el templo, antes de ir hacia el altar, daba la vuelta al Coro (4).

Seguidamente se celebraba el solemne oficio durante el cual cantaban la antiquísima "Pasio", según San Mateo (5). El canto era largo: el "pretor" llevaba la voz cantante, preguntando, y "Jesus" respondia con breves palabras. Fué a finales del siglo XV que se decidió que el "Pasio" fuese cantado por tres chantres (6), antes lo leia uno solo. El diácono pronunciaba las palabras "quae dicuntur sine cantu", y los otros dos pronunciaban el resto. Agradó tanto la innovación, que el obisbo Juan Margarit determinó que en adelante fuese cantado por tres chantres (7).

Mientras, la chiquilleria con sus acompañantes había ido desfilando para visitar a los parientes y sobre todo a sus padrinos, ya que era de rigor que éstos hoy les ofreciesen el tortell (rosco) tradicional que solia ser grueso y de grandes dimensiones, naturalmente según las possibilidades de cada uno (8).

Al llegar a sus respectivos domicilios, después del paseo, ataban los palmones horizontalmente en la parte exterior de la baranda del balcón, y las palmas verticalmente en uno de los lados, por ser antigua creencia que las palmas bendecidas preservaban de los rayos y de toda "mala cosa"; es muy reciente la costumbre de llevarlas a la iglesia para adornar el "monumento" del Jueves Santo. También con las hojas se hacian cruces que se clavaban en las puertas y ventanas.

A las tres de la tarde tenia lugar en la Seo la curiosa y solemne ceremonia de la Adoración de la Veracruz, conocida vulgarmente con el nombre de "Papus". Los capitulares iban en procesión al presbiterio, y mientras descendían lentamente el "bacalao" hasta que, como un telón, tapaba el altar. Mientras los oficiantes se revestian con los ornamentos sagrados y los turiferarios con las moradas dalmáticas, tapándose todo el rostro con amplios velos negros, un ir y venir de lucecitas detrás de la blanca tela hacía presentir que allí se preparaba alguna cosa muy particular. En el Coro, mientras tanto, cantaban el "Vexilla regis prodeunt" (9), y en el momento en que llegaban al "O Crux, ave spes unica", se elevaba el velo como un telón y, entre nubes de incienso, se contemplaba una escena insospechada: un canónigo, con el rostro cubierto de negro, absolutamente inmóvil, sostenia la Veracruz que presentaba a los asistentes; en actitud adorante, formando un semicírculo y sin moverse, estaban los otros capitulares, de rodillas y con la cabeza gacha, y los monaguillos, estáticos, sostenían en segundo término grandes candeleros encendidos, y, a cada lado, hacia el fondo se veían trofeos de atributos de la Pasión. Y, mientras, en la nave del templo resonaba el emocionante cántico del "Vexilla Regis", a cuatro voces, a las últimas notas del cual volvia a descender lentamente el velo, cocultando detrás suyo el sorprendente cuadro plástico (10).

Las "Cuarenta Horas"

Poco rato después tenia lugar el comienzo de la función denominada de las "Cuarenta Horas".

Esta devoción tomó éste nombre porque en su orígen se exponía el Santísimo Sacramento cuarenta horas sin interrupción, en memoria de las que el Cuerpo del Cristo estuvo en el sepulcro. Se inició en Milán en el año 1556, y fué autorizado en Roma en 1560. En la Seo gerundense empezó a celebrarse en el año 1586 durante los días de Domingo de Ramos y Lunes y Martes Santos, introducida por el fraile capuchino fray Miguel de Rivera, a cargo del cual estuvo la predicación cuaresmal de aquel año. Girona fué la primera ciudad de España en la que se instauró esta función religiosa (11).

Más o menos, desde entonces se ha celebrado como hasta ahora, pero en su orígen tenia lugar en la capilla del Sacramento, conocida por la de la Virgen de la Esperanza, hasta que en el año 1843, en consideración a su poca capacidad, dispuso el Capítulo que se hiciese en el altar mayor, engalanando el presbiterio con ricos damascos y disponiendo el altar en forma de tabernáculo profusamente iluminado. En el crucero del templo, el "clos", colocaban, sobre las losas alfombradas, tres filas de asientos formando una U, destinados a las personas invitadas; una suntuosa silla de brazos era el sitial de la presidencia de cada hora. Los invitados se repartian los turnos de una hora cada uno, los cuales empezaban con un sermón a cargo de un orador de gran prestigio, y finalizaban a los acordes de una música sacra que ejecutaba la Capilla de la Seo. Empezaban a las tres de la tarde del dia de hoy, para acabar a las diez de la mañana del Martes Santo (12). Una procesión llevaba bajo palio al Santísimo a las "Cuarenta Horas" (13), y seguidamente empezaba la primera de ellas destinada al obispo y a su Capítulo.

Por allá 1718, cuando aún no habían sido suprimidos los antiguos municipios, la primera hora era la del obispo y Capítulo, la segunda la del Veguer, la tercera la del baile, las cuatro horas siguientes para cada uno de los cuatro jurados, y las treinta y tres restantes para los colegios y gremios, y también para las mujeres de cada una de las demarcaciones en que estaba dividida la ciudad. La última hora acostumbraban tenerla los frailes capuchinos, los cuales iban procesionalmente con la cruz alzada.

Años después se fué personalizando la invitación, se dió entrada a los aristócratas y personas de distinción, lo que determinó la paulatina exclusión del elemento popular del lugar de honor en la Función.

La fecha más antigua que se conoce de la distribución de las horas de adoración, que ordenadamente iba a cargo del Consistorio, es del año 1621 (14) y hasta 1639 se iba siguiendo el epígrafe "las mujeres de las calles", o sea que estaban incluídas en una lista de los invitados las mujeres a las cuales correspondia un turno para representar las de su barrio. Dos años más tarde las mismas horas fueron asignadas a damas de alcúrnia, con el aditamento de "y las otras señoras y mujeres", cosa que se siguió haciendo hasta el año 1782, en que ya de forma definitiva fue excluído el elemento popular y la invitación quedó circunscrita a las damas de cada demarcación. En 1797 el honor de la hora fué vinculado a una sola persona, aún cuando conservaba el carácter de representante del barrio, hasta que en 1839 se rompió la costumbre de respetar esta representación y desde entonces la invitación tuvo un carácter meramente personal.

También hubo variaciones respecto al orden y el número de horas destinadas al Consistorio. Preferidos el obispo y el Capítulo para la primera hora, a los que no se invitaba porqué su hora era invariable e intransferible, las cuatro siguientes estaban reservadas a los Jurados. En 1717, se interpuso la personalidad del gobernador militar de la Plaza, pronto sustituída por la del Corregidor, cargo creado en 1716 para la presidencia de los principales municipios catalanes, suprimida la institución de los Jurados por R.C. del 13 de octubre de 1718. Al año siguiente se reservó el nuevo Consistorio las cuatro horas que correspondían a aquella, asistiendo, de dos en dos, los ocho regidores que lo componían. Esto duró hasta 1770, en que se suspendió la Función por haberse opuesto las autoridades a la innovación decretada por el obispo de interrumpir las horas de adoración durante la noche por considerar poco decorosa la asistencia de mujeres, ante los excesos e inmoralidades que se producían en los rincones del templo. El obispo Lorenzana autorizó de nuevo su celebración en 1776, pero con la condición que fuese respetada la disposición de su antecesor (15). Desde entonces la Función se interrumpió durante la noche (16). Suprimidas pues las seis horas nocturnas, el Ayuntamiento no tuvo otro remedio que renunciar a cinco de ellas, reservándose una que es la que fué conservando. Salía en comitiva de la Sala Capitular junto con el predicador designado, el cual iba en medio; al llegar a los asientos destinados a la Corporación, el portero mayor, o el más antiguo, acompañaba, precediéndolo, el sacerdote hasta el púlpito, al pie del cual se esperaba hasta que acabada "la hora", le acompañaba de nuevo hasta los regidores, y juntos, volvían a la Sala Capitular, donde se despedían. En 1834 el Ayuntamiento acordó que se pusiese en la puerta de los Apóstoles la lista de los oradores sagrados que predicarian en las "Cuarenta Horas".

Todos los años, durante la Función de "las horas", la multitud que iba y venia animaba contínuamente las viejas calles que llevan a la Seo. Las "Cuarenta Horas" se fueron celebrando después en otras iglesias. Los devotos gerundenses compraban unas hojas indicadoras que clavaban detrás de la puerta de las casas para saber en todo momento donde podrían ir a cumplir con esta devoción.

Extraído de "Girona. Petita història de la ciutat i de les seves tradicions i folklore", de J. Gibert. Barcelona, 1961.


Notas

(1) - La bendición de los ramos es muy parecida a la estructura externa de la misa, sin el Santo Sacrificio, pero con Introito, Epístola, Gradual, Evangelio, Prefacio y "Sanctus". Era un recuerdo de las primitivas reuniones litúrgicas de los cristianos. Volver al texto

(2) - El ceremonial exigía que los regidores permaneciesen de pie durante la bendición, hasta que finalizaba la distribución de los palmones a los canónigos, entonces, sentados, esperaban que los beneficiados y los demás subiesen al presbiterio para recibir los ramos de laurel. Acabado, los porteros iban ante el altar, y al llegar al último escalón, saludaban a las corporaciones y volvían a ocupar de nuevo su sitio. Entonces el alcalde iba a hacer la misma reverencia desde el último escalón, y pasando al pie del altar, tomaba con la mano desenguantada el palmón que le daba el obispo, o el sacerdote, y lo besaba así como también la mano que se lo ofrecía. Detrás de él seguian, haciendo lo mismo, los otros regidores. Volver al texto

(3) - La artística palma que llevaba el obispo, obsequio de las monjas beatas, se colocaba después en el balcón principal del Palacio Episcopal donde permanecia todo el año. Volver al texto

(4) - Al llegar al presbiterio, el portero mayor recogía las palmas del alcalde y los regidores y los colocaba al lado del banco. Volver al texto

(5) - Al empezar, el úñtimo portero recogía las palmas del banco y las volvía a repartir a los regidores, que permanecian de pie, con la palma en las manos, mientras duraba el canto. Cuando después de cantar el Evangelio volvia el sacerdote del púlpito, el portero volvía a recoger las palmas y las colocaba otra vez en el banco. Al finalizar el oficio los porteros recogían las palmas de los regidores que no habían podido asitir a la función, y también tomaban una para el Gobernador, otra para el Secretario y otra para el Tesorero. Volver al texto

(6) - Tuvo lugar por primera vez en el año 1474. Volver al texto

(7) - Desde el siglo XIX lo cantaban dos chantres y el tenor beneficiado. Los dos primeros se colocaban uno en cada púlpito, el tercero detrás de la reja del Coro. Volver al texto

(8) - Los típicos no eran de pastelería, sino de panadero, al que el día antes había que llevar los huevos y el azúcar para su elaboración. Era costumbre encargar el roscón de tantos huevos, sin más precisión. Volver al texto

(9) - Compuesto en el siglo XVI por el maestro Joan Pujol. Volver al texto

(10) - Debido a la hora en que se hacía, que era la de la comida, eran pocos los asistentes, aún a mediados del siglo XIX esta ceremonia se hacía también cada día después de vísperas, desde el sábado de la Pasión al Miércoles Santo. Volver al texto

(11) - Los gerundenses, durante mucho tiempo, no sabían de que iba. Solamente sabían que era una "cosa" que venía de Italia, pero sin saber exactamente de que se trataba. Volver al texto

(12) - Hasta el último tercio del siglo XVIII, las horas eran seguidas sin interrupción durante la noche. Volver al texto

(13) - Nueve regidores llevaban las varas del palio, y otros tres seguían detrás con hacha encendida; los porteros iban delante, precediendo a los dos sacerdotes turiferarios, y los aguaciles detrás de los regidores que portaban las hachas. El Consistorio pasaba al coro a reunirse con el Capítulo de la Seo. Volver al texto

(14) - El orden establecido era el siguiente: Obispo con Capítulo, Veguer, Baille, Jurado Jefe, Jurado segundo, Jurado tercero, Jurado cuarto, Julianes o comerciantes (cofradía de San Julián), Drogueros, Pellejeros, Pabordes de Santo Domingo, Olleros y ladrilleros, Manteros y albarderos, Blanqueros, Herreros, Beneficiados del Coro del Obispo, mujeres del Mercadal de Arriba, Mujeres del Mercadal de Abajo, Mujeres de la calle de Albereda, mujeres de la calle Nueva, mujeres de la plaza del Vino, Taberneros, Hortelanos y corredores, mujeres de la plaza de las Coles, mujeres de la calle de los Mercaderes, mujeres de la calle de las Ballesterias, mujeres de la calle de San Félix (?), mujeres de la plaza de San Pedro, mujeres de la calle de San Lorenzo, Universidad Literaria, Calceteros, Plateros, Pasamaneros y veleros, Albañiles y carpinteros, Sastres, Tejedores, Beneficiados del Coro del Capítulo, Albadiveros, Sombrereros y los Padres Capuchinos. Volver al texto

(15) - Empezaban a las cuatro de la madrugada y acababan a las diez de la noche. Por la noche, no obstante, seguía la exposición del Santísimo con unos sacerdotes de guardia. Volver al texto

(16) - Durante la primera mitad del siglo XX, los devotos de la Adoración Nocturna entraban después de la última hora de la lista del día, y pasaban la noche entre rezos y cantos. Volver al texto

Palma. 16 de marzo de 2008.

Domingo de Ramos. Grabado antiguo.

El claustro de la Catedral.

El padrino y el roscón. Grabado antiguo.

Vista actual de la capilla de la Esperanza.

Domingo de Ramos en la Puerta de los Apóstoles. 16 de marzo de 2008.

Domingo de Ramos en la Puerta de los Apóstoles. 16 de marzo de 2008.

Domingo de Ramos en la Puerta de los Apóstoles. 16 de marzo de 2008.


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