El Santo. Tradiciones y leyendas

Desde tiempos inmemoriales los gerundenses fueron manteniendo una especial devoción por este santo que acabó siendo su Patrón. La esplendidez con que celebraban su festividad es conocida desde el siglo XI, y a lo largo de las centúrias de historia de la ciudad se encuentran una serie de relaciones entre el Patrón y los patrocinados, como pocas veces se ha visto, y que realmente enternecen.

El fervor de los gerundenses hacia el Santo se fué intensificando con el tiempo, manifestado con la ampliación de su culto y fomento de su devoción, con la veneración de sus altares que cada vez eran más bellos, con la construcción de nuevos sepulcros por considerar pobre y anticuado el existente, y halagarlo de mil maneras, llegando tan lejos la pasión que por él se sentía que acabaron nombrándolo generalísimo.

San Narciso (1), al que Oliva, obispo de Vic y abad de Ripoll, a principios del siglo XI calificaba de "flor del Paraíso" y "estrella matutina", se le ha venerado siempre en la Colegiata, donde desde tiempos inmemoriales dos cirios y una lámpara ardian constantemente en su altar. Era considerado hijo de la ciudad, extremo no comprobado, donde llegó a la dignidad de obispo de los cristianos gerundenses que tenían que practicar sus ritos en la clandestinidad. Para huir de una persecución (2) marchó con su diácono Félix hacia tierras germánicas, a Augsburgo, donde permaneció nueve años, en el transcurso de los cuales obró la conversión de la cortesana Afra y de sus familiares. Después regresó a Girona donde fué ejecutado en otra de las represiones decretadas contra los cristianos, el día 18 de marzo del año 307.

Cuentan las crónicas que después de su violenta muerte sus diocesanos recogieron el cuerpo y lo preservaron de cualquier profanación. Así se mantuvo mucho tiempo, hasta que allá por el siglo VIII, cuando la ciudad fué liberada por las huestes francas de Carlomagno, fué encontrado (3) y expuesto a la veneración popular, junto con su diácono Félix y el de numerosos compañeros de martirio.

En el siglo XIII su cuerpo íntegro e incorrupto seguía guardado y venerado en la Colegiata, iglesia de Santa María extramuros, en un sarcófago que en el año 1285 fué profanado y mutilado por la soldadesca francesa de Felipe el Atrevido cuando asediaron la ciudad. En 1328 se llevó a cabo el solemne traslado y depósito en el sepulcro gótico que se puso en el altar de Santa Afra, que costeó Guillem de Socarrats, canónigo de la Colegiata. En el siglo XVII continuaba el cuerpo manteniéndose íntegramente y sin presentar muestras de corrupción, y en el siguiente, con fecha de 2 de septiembre del 1792, se le trasladó solemnemente al sepulcro de plata repujada y cincelada de la magnífica y nueva capilla que se construyó en el lugar en el que se encontraban los claustros del templo (4).

Una última vez, el 16 de noviembre de 1803, fué sacado el cuerpo del Santo para depositarlo procesionalmente en el Archivo de su cofradía por el tiempo que durasen las obras necesarias para sacar las humedades de la capilla, a donde fué retornado el día 29 de enero del año siguiente.

El favor del Santo se pudo comprobar en todas cuantas ocasiones, por causa de guerra o peste, se vió amenazada la ciudad, ya mediante moscas venenosas, ya por misteriosas luces (5), que de tales formas manifestaba su protección, e incluso cuando el 9 de febrero de 1581 cayó la centella que decapitó el campanario de la Colegiata cuando fueron a solicitar su intercesión lo encontraron con las manos elevadas implorando desde su sepulcro de mármol la celestial clemencia para su protegida ciudad (6).

Es comprensible pues que su fiesta fuese siempre celebrada con la máxima solemnidad. Se le rendían honores de oficio doble de pontífice y mártir. Desde muy antiguo en el Breviario y Misal gerundense habían figurado textos litúrgicos para la celebración de su fiesta, no solamente en la ciudad, sinó incluso en todo el obispado. Durante el pontificado de Pio IX se impuso la ordenación dels rezo y de la misa para dar prestancia a la fiesta y para constituir el texto oficial; también se compusieron himnos en los que se loaban el celo, la gloria y el martirio del santo obispo, así como antífonas, los responsorios y otras piezas del oficio y la misa. Era costumbre que el 29 de octubre el Capítulo y la clerercía catedralicios bajasen procesionalmente a celebrar el solemne oficio de pontifical, al cual asistía oficialmente la Corporación municipal, la cual costeaba ocho cirios de seis onzas para el altar del Santo que ardían en este día.

De la celebración solemne de la festividad del día se tienen datos documentales desde mediados del siglo XI. A finales del siglo XVI, el obispo Cassador trasladó la celebración de la fiesta al día 18 de marzo, fecha en que, según el Martirologio romano, murió mártir, en el momento, parece, en que celebraba la misa (7). Pero años después, al ver su sucesor Arévalo de Çuaço como disminuia el fervor del culto, lo restableció de nuevo al día 29 de octubre, imponiendo, pero, la obligación de honorarlo también en aquel día (8).

Su capilla estaba imponentemente iluminada, y a todas horas la llenaba un gentío para ir devotamente a ver el cuerpo incorrupto rodeado por el color rojo de una gran cantidad de pequeñas manzanas dentro de su sepulcro de plata, que solo anualmente, en el día 29 de octubre, se mostraba al pueblo fiel. Y secular era la costumbre de repartir entre los devotos unos pedazos de algodón que se habían puesto en contacto con el cuerpo del Santo, en la herida que se le veia en la pierna, cerca del tobillo; este algodón se guardaba para aplicarlo a los enfermos de cualquier grave dolencia, y muy especialmente para la sordera y el dolor de oido.

San Narciso era un santo medicinal. A toda hora era invocado por los gerundenses porque veían en su Patrón la panacea de sus males y dolores. Él lo curaba todo, preservaba de todo. Por esto era implorado para la fiebre, para los huesos rotos, para la sordera, para las hernias, para heridas, para guerra, par hambre y para peste, para poca agua y para demasiada agua, es a decir, tan grande era la fe que le tenían que hacia él se dirigía todo el mundo ante cualquier necesidad. Esto se evidencia en sus numerosos gozos del setecientos y del ochocientos:

Vos que alcanzáis a los calenturientos
y al que se encuentra malherido...

Cojos, contraídos, con cualquier enfermedad,
Herniados, Presos i Lisiados
de diversas enfermedades,
Dios por Vos los ha curado...

Contra peste, hambre y guerra
sois protector especial
y de seco temporal
guardad los frutos de la tierra.
De sordera y todo dolor
curad si sois invocado...

Uno de los flagelos que a menudo ha sufrido Girona ha sido el de las inundaciones, algunas de ellas catastróficas. San Narciso debía proteger la ciudad y preservarla de las inundaciones, y por esto se le cantaba:

Las avenidas domáis
del rio con vuestra potencia,
concedid vuestro favor...

E incluso, desde muy antiguo, fué invocado por los marineros y pescadores de la Costa Brava en sus momentos de peligro en los temporales de la mar, y agradecidos le obsequiaban con ex-votos, barcos en miniatura, que colgaban en su capilla. Claramente lo expresan los gozos setecentistas:

en señal de que en la Mar
obráis también maravillas
delante de vuestro Altar
se muestran unas Naves viejas,

Para curar llagas era suficiente con untarlas con aceite de la lámpara que contínuamente ardía delante de su altar, pero eso sí, era necesario dar nueve vueltas al sepulcro del Santo -por el camerino y presbiterio- portando un cirio o candela encendidos, y cambiándolo por otro a cada vuelta que se daba. Lo mismo era necesario para prevenir o curar las hernias, y el 29 de octubre se veía a muchos padres y madres llenos de fe que imploraban la curación de sus hijos llevándolos en brazos para que cumpliesen con la devota impetración; las candelas se iban sustituyendo por otras que se encendían a cada vuelta que se daba, en el preciso momento de pasar delante del sepulcro del Santo que el 29 de octubre permanecía abierto, y unos monaguillos las iban recogiendo para utilizarlas para su culto.

El número de milagros que el Santo cumplió con los gerundenses es verdaderamente extraordinario. Aún en el siglo XVIII se registraban en un libro titulado "Libro de memorias de las cosas de mi Señor San Narciso", que se guardaba en la Colegiata. En él se leian estas palabras: "...de los Milagros y grandes Maravillas que Dios ha obrado y obra por intercesión de mi Señor San Narciso, antes de su traslación y después, son innumerables, y así este libro, no describe otro, que lo de las moscas, que mataron a los Franceses, que no serian suficientes diez cargas de papel para escribirlos todos". Y de estos milagros y maravillas han salido, naturalmente, las leyendas del Santo. La más conocida es la denominada de "las moscas", ocurrida en el sitio que en el año 1285 el propio rey francés Felipe III el Atrevido puso a Girona. Durante uno de los asaltos a la ciudad los franceses ocuparon la Colegiata y algunos de los guerreros profanaron el cuerpo del Santo arrastrándolo y tirándolo a un estercolero, de donde lo recogió un humilde carpintero gerundense que se lo llevó a su casa y lo puso dentro de una caja que construyó para guardarlo mejor. No es necesario decir cual sería el asombro del buen menestral cuando vió salir de un agujero de la caja un numeroso enjambre de moscas de todos los colores que tomaron la dirección del campo francés donde con sus picotazos venenosos causaron una tan gran mortaldad, que obligaron al resto del ejército a levantar el sitio ante el gran daño que se había producido y del cual resultó víctima incluso el mismo rey francés (9).

Este milagro parece que se repitió en el año 1653 cuando la ciudad fué asediada por las tropas del general Pléssis Bellière y del mariscal de Hocquincourt, los gerundenses llevaron el sepulcro del Santo a la muralla, y todo el mundo vió salir enjambres de moscas que atacaban a la caballeria francesa y mataban muchas bestias y hombres (10). En 1684, cuando el sitio del mariscal del Bellefonds, los Jurados hicieron levantar acta de como fué vista en la mano del Santo una mosca verdosa, alargada y delgada, con una especie de listas bajo las alas. Y de nuevo en 1710, cuando los Jurados fueron a implorar protección para conjurar el peligro de un nuevo sitio, se animaron al ver como algunas moscas distintas de las corrientes habían aparecido en el algodón colocado en la herida de la rodilla; esto les dió confianza y ánimo, y en agradecimiento ordenaron funciones y ceremonias.

Por esto San Narciso se convirtió en el de "las moscas". A lo largo de la historia gerundense le complació manifestarse mediante estos insectos esgrimidos como un arma para dar firmeza a los gerundenses en los momentos críticos y de peligro.

Otra leyenda relacionada con las moscas dice que en el año 1653 se había establecido en Valencia un francés de oficio carpintero el cual tenía de aprendiz un gerundense. A menudo el gabacho bromeaba con su dependiente hablándole de las moscas de San Narciso, y una vez que éste fue a Girona a visitar a sus familiares, le pidió: "cuando vuelvas traeme una mosca de las de San Narciso, ya que deseo ver alguna, y me haré con ella un recordatorio". Accedió el gerundense a la impertinencia, y al volver de regreso recordó lo que maliciosamente le había pedido su patrono. Cogió la primera mosca que atrapó, la puso dentro de una caña que tapó con un corcho, y la presentó a su patrono. "Tened, hé aquí la mosca de San Narciso", dijo el gerundense dándole el canuto. El francés lo destapó, salió la mosca, fué picado en la mano y cayó como tocado por un rayo.

San Narciso fué nombrado oficialmente Protector y Patrón de Girona en el año 1387 substituyendo al que lo había sido hasta entonces, San Félix. Cumplía sobradamente con sus obligaciones de Patrón y Protector (11), probando que era celoso de su cargo, pero por esto queria que su fiesta fuese religiosa y fielmente guardada por sus patrocinados y protegidos, y no permitía ninguna infracción. Era tradición que un panadero establecido en el Mercadal quiso trabajar la noche de su festividad, y vió como la pasta se le volvia de un rojo sangriento, y que no volvía a tomar su color normal hasta que invocó al Santo prometiéndole desagraviarlo. Amades precisa que este panadero tenía su establecimiento entre la plaza del Mercadal y la del Molino. Y no solamente en la ciudad, sino también en el obispado, como lo evidencia otro hecho ocurrido un 29 de octubre en la villa de Perelada, en la cual un molinero que quiso moler en tal día vió como el trigo es convertía en serrín; cuando fueron a comprobar las muelas y el trigo hubo el convencimiento de que "aquello" no podía ser otra cosa que la manifestación del Santo que se empeñaba en no querer que se trabajase en su día y esto hizo que el obispo de Girona decretase que en adelante la fiesta fuese observada en toda la diócesis.

Contar todos los milagros seria de nunca acabar. En mayo de 1660 un francés devoto tenía un hueso como relíquia de San Félix. Cuando vió que unos conocidos suyos visitaban el cuerpo del Santo Patrón aplicaban unos rosarios a la llaga de su pie, pidió permiso para hacer lo mismo con la relíquia, la cual, de blanca que era, se convirtió en un color rojo vivo como de sangre, sin que el cristal del relicario quedase mojado.

De "San Narciso" fué denominado el portal de Sobreportes durante la edad media. Le estaba dedicada la capilla del castillo de Montjuïc y una capilla en la Seo, que anteriormente había sido de San Andrés, el primer beneficio de la cual databa del año 1227. Una campana de la Seo y otra de la Colegiata llevaba su nombre, y muchas de las campanas de las otras iglesias de la ciudad llevaban grabada en relieve su imagen. Se le veneraba en muchos lugares del obispado, así como también en Barcelona y en Valencia, en la primera lo era en la capilla de San Julián de la iglesia de Santa María del Mar, en una imagen de plata de la cual se apoderaron los napoleónicos en el año 1808; en Valencia tenía un altar en la capilla de San Vicente, en la Seo, donde se veía una pintura representando el milagro de las moscas, y, además, una campana de las de la torre del "Miquelet" llevaba su nombre desde el año 1436. También era el patrón de los campesinos de El Alguer, en la isla de Cerdeña, donde se le cantaban gozos en que se decía:

De Girona gran prelado
que gozáis del Paraíso
rogad por nos San Narciso,
a la altísima Trinidad


Notas

(1) - Propiamente, el verdadero nombre del santo obispo no era Narciso sino Arciso. No obstante, este nombre, por prótesis, como los de Elmo, Hou y otros, se convirtió en Narciso, como los otros en Telo, Tou, etc. Volver al texto

(2) - Con esta escapada se relaciona una antiquísima tradición gerundense. La de que el Santo había vivido en la casa número 5 de la calle de San Narciso, en la cual se abrió una capilla, donde en el ámbito de la ventana había marcada la huella del Santo, pero en dirección contraria a la que tomó cuando huyó de sus perseguidores. Volver al texto

(3) - La fecha del hallazgo fué la de un 27 de septiembre de no se sabe qué año. Volver al texto

(4) - Toda ella es de mármol jaspeado en blanco y negro. Cuentan de una vez que un viejo pastor que llevaba a pastar el rebaño por la montaña de San Miguel, vió algo que relucía en gran manera a los rayos del sol. Se acercó curioso y se sorprendió al encontrar una piedra de grandes dimensiones. Lo contó a los conocidos, y ante la sorpresa de todo el mundo se descubrió una cantera de mármol del más fino.
Como que enconces ya se habían empezado las obras de la nueva capilla de San Narciso, se ordenó utilizar aquel mármol del cual empezó pronto la extracción. La veta parecía inagotable. Cuando la capilla fué terminada, no fué posible encontrar ni un solo trozo más de mármol. En vano se buscó por toda la montaña. Jamás se ha encontrado mármol ni nadie ha visto relucir nuevas piedras en aquella montaña prodigiosa.
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(5) - Cuando el sitio de 1684 por Bellefonds la protección del Santo se manifestó con unas luces que recorrían el tejado y la bóveda de la iglesia con la particularidad que en la noche del 22 de mayo apareció otra luz en la bóveda de la capilla del Santo i después en el altar. Aquellas luces se repitieron los días 23 y 24, y volvieron a salir antes de empezar el combate que en este día dió la victoria a los gerundenses. Siete banderas francesas que fueron encontradas en el suelo se convirtieron en el trofeo del Santo.
El 19 de julio del mencionado año, el Duque de Bournonville, virrey de Catalunya, vino a Girona con su corte para asistir a la solemne consagración de San Narciso como vencedor en la victoria obtenida contra los franceses de Luis XIV. Con fecha de 2 de febrero de 1685, con motivo de esta victoria, el rey dictó una R.C. comisionando al obispo de Girona para que hiciese ofrenda al Santo de una lámpara de plata de 954 onzas, cosa que se hizo ceremonialmente el día 23 de mayo; lámpara y banderas se las llevaron los franceses imperiales en 1809. Y en el concilio celebrado en Tarragona el 6 de mayo del mismo año, en agradecimiento al Santo se decretó que el 29 de octubre no solamente fuese considerado día de precepto para oir misa en el obispado de Girona, sino en toda Catalunya.
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(6) - V. Domènech: "Historia General de los Santos del Principado de Cataluña". Girona. 1630. Volver al texto

(7) - La fecha del 18 de marzo de 307 es la que da el dicho Martirologio. No obstante se ha escrito que dentro de su primer sepulcro se encontró un pergamino en el que constaba que el Santo y 360 de sus diocesanos fueron ejecutados en el año 297. Volver al texto

(8) - Esta disposición fué dictada el 24 de junio de 1601. Volver al texto

(9) - Desclot es el primer historiador que menciona el milagro de las moscas, comparando el hecho con las plagas de Egipto, y dice que los insectos eran grandes como la uña; en 1290, el autor de "Gesta Comitum" repite la idea de Desclot diciendo que eran grandes como bellotas y señala por primera vez los colores de las moscas, que en parte eran morado oscuro, en parte verdes, y en algun punto rojas; en 1334 el siciliano Speciale atribuye el milagro a San Narciso y dice que las moscas salieron de su sepulcro; Pedro Tomich, el principal inventor e introductor de las fábulas en la historia, hace las moscas blancas y dice que salieron de la nariz del Santo; Bernat Boades coloreó las moscas de azul, blanco, verde, negro y rojo y también las hace salir de la nariz del Santo; Carbonell las describe azules y verdes, y los historiadores siguientes, como Menescal, el P. Relles y el P. Roig, siguen sus antecesores, acumulando fantasías. El rector de Vallfogona, cuando en 1621 pronunció en Girona la oración fúnebre de Felipe III, entre otras cosas dijo: "Girona es célebre en todo el mundo por el milagro de las moscas en tiempos del Rey don Pedro, que saliendo del sepulcro de San Narciso,hicieron tal estrago en el ejército francés, que las moscas parecian soldados y los soldados moscas". (Bib. Prov. D. 65. Col. Sermones, núm. 6).
Históricamente se sabe que una epidemia diezmó el ejército francés que invadió Catalunya mientras estaba asediando Girona. Un documento de 1336 no dice ni una sola palabra de la mutilación del cuerpo del Santo ni del milagro de las moscas. Tampoco dice nada la lápida conmemorativa del sitio de 1285 (hoy en el Museo del Galligans). Y la acreditada obra "Grandezas de España" de Medina, redactada en 1566, dice (cap. CLV, fol. CLXIII) que de resultas de haber sido destrozada la flota francesa por la catalana de Roger de Lúria en aguas empordanesas, faltaron víveres al ejército francés, que a tanto llegaron las privaciones del asediador que murieron muchos hombres y animales, y que del hedor de los muertos resultó una gran epidemia que forzó a levantar el sitio de la ciudad de Girona.
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(10) - "España Sagrada", XLIII, páginas 317 y siguientes. Volver al texto

(11) - A Sant Narcís se le han atribuído las siguientes victorias: de Clayrà, en el Rosellón, en el año 1496; de Salses, también en el Rosellón, en 1503; la de 1675 en la cual los franceses del duque de Schömberg levantaron inesperadamente el sitio de la ciudad, y la del 20 de junio de 1808, en que de la misma forma lo hicieron los napoleónicos del general Duhesme, y fué entonces cuando los gerundenses entusiasmados con su Protector lo proclamaron generalísimo. Volver al texto


Bibliografia:

  • Extraído de "Girona, petita històrica de la ciutat i de les seves tradicions i folklore". J. Gibert. Barcelona, 1946.
  • "Costumari català. El curs de l'any". Joan Amades. Salvat editores, Barcelona. 1985. Volumen V.
  • Devoció popular a San Narciso, obispo y mártir patrón de la ciudad y diócesis de Girona. 1930. (fragmento).
    Dibujo de Joaquim Pla i Dalmau, extraído de la lámina publicada por Pla i Dalmau, 1981.



    San Narciso de las Moscas. Bronce. Objeto-joya de Salvador Dalí. Colección particular, Girona.

    San Narciso en un relieve de plato petitorio, siglo XIX. Colección particular, Girona.


    San Narciso. Xilografia antigua.

    Capilla dedicada a San Narciso, situada en la pared norte de la iglesia de San Félix, en la calle del Portal de la Barca, imagen colocada el 10 de marzo del año 1949 gracias a un donativo de Narciso Figueras Reixach. Esta escultura sustituyó otra desaparecida en 1936, durante la Guerra Civil.

    Santa Afra. Pintura del Maestro de Messkirch, ca. 1535-1540. (Wikipedia)

    San Narciso. Imagen del Programa de Ferias de 1953.

    San Narciso. Imagen del Programa de Ferias de 1956.

    San Narciso. Imagen del Programa de Ferias de 1957. Xilografia de E. C. Ricart.

    San Narciso. Imagen del Programa de Ferias de 1947. Imagen del santo impresa sobre lámina de corcho.


    Programas de la colección Bruguera-Gudayol de Girona. Somnis Antic


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