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Ceremonial de Semana Santa del Ayuntamiento de Girona a mediados del siglo XIX
Basado en el Protocolo "Apuntes del Ceremonial que debe observar el Excmo. Ayuntamiento de Gerona en todos los actos públicos a que concurre, escrito por Joan Petit i Massanet, publicado en 1861, y conservado en el Archivo Histórico Municipal de Girona, Joaquim Pla i Dalmau publicó en 1994 un estudio histórico sobre las ceremónias de Semana Santa de esta época (el período comprendido entre 1822 y 1861). El autor del Protocolo mencionado, según Pla, estuvo unos cuarenta años al servicio de la Corporación gerundense en el cargo de Portero Mayor, que equivalia a Maestro de Ceremonias. La primera función descrita por Petit es la del Domingo de Ramos, con la bendición de las palmas. Relata que la Corporación se reunirá en la Sala Capitular y se dirigirá al Altar mayor pasando por el interior del Coro y llegará al Altar formando, los regidores, dos filas y presididos por el Alcalde. Sigue detallando los momentos en los qué han de arrdillarse, sentarse y ponerse de pie, saludar y darse la Paz. También indica que si en el Oficio hay sermón, la Corporación municipal se pondrá el sombrero desde el principio hasta el Ave Maria. Pla aclara que el hecho de que los miembros de la Corporación Municipal tuviesen la prerrogrativa de poder permanecer cubiertos en el interior de la Iglesia en unos momentos determinados de los oficios divinos respondia a un privilegio pactado con el Capítulo Catedralicio gerundense como reconocimiento de ayudas o compensaciones recibidas de parte del Municipio. En una Concordia de 21 de noviembre de 1662 ya figura este derecho, confirmado en 1709. Seguidamente, Petit se refiere a la Bendición de las Palmas própiamente dicha. Indica que, después de los canónigos y beneficiados, el Alcalde pasará al pie del Altar i tomará la palma que le ofrezca el sacerdote, besando primero la palma y, después, la mano del sacerdote. Antes, el Alcalde se habrá quitado el guante de la mano que ha de llevar la palma. Si el que entrega la palma es el obispo, se besará primero la palma, después el anillo episcopal y finalmente la mano del prelado. Seguidamente, y por orden, los regidores debían hacer lo mismo que el Alcalde. Inmediatamente después tenia lugar la procesión de palmas, acabada la cual la Corporación volvía al Presbiterio. Pla aclara que el derecho de la Corporación a ocupar un lugar en el presbiterio, del lado de la Epístola, había sido motivo de larguísimas discusiones entre el Capítulo y el Ayuntamiento -esto ya en tiempos de los Jurados-, y de sucesivas Concordias. Pla asegura que en los años sesenta del siglo XX aún seguían estas discusiones. Durante el Canto de la Pasión, los prohombres municipales estaban de pie con la palma en la mano; una vez finalizada la ceremonia, los porteros recogían las palmas, que serían entregadas en los domicilios de los consejeros y el Alcalde. También le llevaban una palma al Gobernador, al Secretario y al Tesorero, que Pla supone se refieren a cargos municipales. Las funciones del día de Ramos seguian por la tarde, en la Catedral, funciones en las que el Protocolo exigia que asistiesen un mínimo de nueve componentes del Consistorio: seis de los cuales para llevar el tálamo y tres para acompañar con hachas la procesión capitular. Para portar las varas del palio se establecia el siguiente orden: los dos regidores de menos categoria formaban la pareja de primera fila, seguian los de más categoria para las varas centrales, y la pareja de regidores de más importancia portaban las varas finales. Pla puntualiza que el tálamo que utilizaba el Municipio fue hecho en Barcelona en el año 1806, en sustitución de otro más antiguo de 1617. En la noche del día de Ramos la Corporación municipal asistía a la Hora Santa en la Catedral, donde se reunía la Corporación en la Sala Capitular con el predicador que haubiese de pronunciar el sermón de la Hora Santa. A la hora en punt el Ayuntamiento salía precedido por los maceros o porteros, los regidores repartidos en dos hileras, y el Alcalde y el predicador presidiendo el cortejo. Cerraban la procesión los alguaciles. En esta ocasión, la Corporación no subía al Presbiterio, sino que ocupaba los bancos dispuestos en las dos bandas de la Via Sacra, la que unia el Coro de la Catedral con el Altar Mayor, espacio que, popularmente, en tiempo de Semana Santa se denominaba "el clos". El Alcalde y los regidores de más categoria ocupaban los sitiales más cercanos al Altar mayor. El Portero Mayor acompañaba al Predicador hasta el púlpìto y, cuando terminaba el sermón, volvía a acompañarle, con el orden antes señalado, a la Sala Capitular, conjuntamente con el Ayuntamiento. Dos dias más tarde, el Martes Santo, a las ocho menos cuarto de la mañana, debían reunirse en las Salas Capitulares un mínimo de nueve regidores para asistir, portando el palio, a la reserva del Santísimo, procesión que salía del Altar y finalizaba en la capilla del Corpus, dando una vuelta por toda la nave de la Catedral. Joaquim Pla puntualiza que aún cuando Petit no lo mencione, hay que suponer que, después de la ceremonia del Martes Santo, por la mañana, los ediles que habían asistido al acto se reunían en un desayuno de hermandad en alguna chocolateria de debajo de los porches de la plaza del Vino. Almenos así lo hacían sus sucesores un siglo más tarde. El Jueves Santo se celebraba el Oficio, con la particularidad que no se daba la Paz. La Corporación -regidores, porteros y alguaciles- tomaban parte en la comunión. Para ir a comulgar formaban de dos en dos, todos los miembros sin guantes ni espadín. Sobre este punto Pla amplia que el espadin constituye un privilegio en favor de los miembros de la Corporación Municipal gerundense. Si, en un principio, solamente lo portaban nobles y militares, después se extendió su uso a todos los miembros de la Corporación "por el hecho de ser regidores". Confirmado por carta de Carlos III al Ayuntamiento de Girona de 11 de abril de 1770. Con anterioridad ya existia este privilegio, que se hizo extensivo al Secretario de la Corporación y alguaciles en 1724. En el año 1848, y para unificar los modelos de espadas, el Ayuntamiento adquirió diecisiete espadines con puño de plata, del model que aún se conserva. Estos espadines se llevaban colgados del cinturón con un "tahalí" morado. Durante la consagración de los Santos Óleos los regidores podían permanecer sentados. Finalizado el Oficio, se celebraba la procesión de traslado del Santísimo al Monumento, ocasión en la que el palio era llevado por sacerdotes, y la Corporación acompañaba la comitiva portando hachas y cirios. Cuando llegaban a la capilla de Santa Magdalena, los ediles se paraban y esperaban que el Bordonero les acompañase a rendir la visita al Monumento, que se montaba entre el Coro y la puerta principal, del lado de la puerta. Durante la tarde del Jueves Santo, la Corporación salía del Ayuntamiento y visitaba los Monumentos del barrio del Mercadal. Cuando se rendía la visita al Monumento del Hospital de Santa Catalina, era costumbre que los regidores hiciesen una visita a los enfermoss que estaban ingresados en el mismo. De retorno al Ayuntamiento, el Alcalde designaba tres miembros del Consistorio para representar la Corporación en la procesión del Jueves Santo, que tenía lugar en la noche, organizada por la Cofradía de la Purísima Sangre, que salía y volvía a la iglesia del Carmen. Los regidores tenian que llevar espadín y la cruz de los Sitios. Referente a la Cruz, Pla amplia que la Cruz de los Sitios de 1808-1809 se estableció, después de la la Guerra de la Independencia, pra otorgarla a los defensores de la ciudad. Hacia 1851, habiendo muerto la mayoría de los defensores, el Ayuntamiento solicitó a la Reina Isabel II el derecho aque sus regidores la pudiesen llevar, por tal que no se perdiese su utilización. La Reina concedió esta gracia. Esta Cruz se llevada sujeta por una cinta carmesí alrededor del cuello y sobre la camisa. Por la mañana del Viernes Santo la Corporación salía del Ayuntamiento para seguir la visita de los Monumentos de las iglesias situadas a la derecha del Oñar. Se procuraba llegar a la Catedral a las nueve y media, para descansar una rato en las Salas Capitulares. Petit indica textualment que "Cuando se sepa que se halla un poco adelantado el Passio, pasarán al Presbiterio haciendo un saludo al Altar y a los celebrantes, y al llegar al banco, que deberá estar recubierto con un paño negro, hincarán la rodilla saludando hacia el Altar...". Cuando llegaba el momento de la adoración de la Cruz sin guantes ni espadín, los ediles en dos hileras seguian a los canónigos y beneficiados haciendo las tres genuflexiones reglamentarias. Petit añade que "...y deben echar alguna moneda en la bandeja al tiempo de adorar...". Acabada la adoración de la Cruz, los regidores volvian a ceñirse el espadín y permanecían de pie mientras se llevaba a cabo la procesión de la Santa Espina. Finalizado el acto, se trasladaban al Monumento, donde cada regidor encendia un cirio, y tomaba parte en la reserva. Siguiendo la costumbre, después del Oficio de Viernes Santo, la Corporación y el Capítulo catedralicio iban a la iglesia de San Félix a visitar la tumba de San Narciso. Realizada la visita se volvía al pie de la escalinata de la Catedral, donde se despedían los dos capítulos con una reverencia y el Cabildo catedralicio subía la escalinata; mientras, la Corporación municipal iba al antiguo convento de Capuchinos -hoy Museo de Historia de la Ciudad, y antes Instituto de segunda enseñanza-, donde se disolvia la representación municipal. Pla hace notar que, por lo que se desprende de los "Apuntes, la Corporación municipal no participaba en la Procesión del Viernes Santo que la Cofradía de la Pasión y Muerte organizaba, y que salía desde la iglesia de San Félix. Pla finaliza su trabajo amb unas "Advertencias" que incluye Petit en el documento mencionado. En una de ellas dice "Cuando el Excmo. Ayuntamiento sale en Corporación de las Casas Consistoriales para ir a algún acto público, al llegar a la plaza el Portero Mayor indica a los señores concejales que se quiten los sombreros permaneciendo descubiertos hasta que llegan a la esquina de la Calle Ciudadanos, donde el Portero les da aviso de que se cubran". Esta salutación, dice Pla, implica que a partir de aquel momento no era necesario saludar a nadie quitándose el sombrero de copa. Cuando la Corporación volvía al Ayuntamiento, se volvía a quitar el sombrero antes de entrar en el edificio. Pla aún relaciona otra "Advertencia", en la que se dice que "En todas las funciones a que debe asistir el Excmo. Ayuntamiento, los señores Concejales vestirán de Corte, llevando banda, cruz y espada con corbata y guantes blancos, a excepción del Aniversario de los defensores de Gerona y el Viernes Santo, que deben ser negros". Pla aclara que la "banda" que llevaban los regidores tuvo su orígen en la Real Cédula de Felipe V del año 1718, dirigida a las capitales catalanas. Esta Cédula, que dejaba sin efecto la estructura catalana de los ayuntamientos en forma de "jurados", ordenaba, además, la desaparición de las togas y gramallas que llevaban los consejeros y la sustitución per el "traje moderno español", con "insignia y divisa" que se colocaba sobre la banda de damasco carmesí. Por el contrario permitía que los porteros y maceros pudiesen seguir llevando la malla. La "banda" creemos que dejó de llevarse cuando en el año 1851 se autorizó al Ayuntamiento a llevar la Cruz de los Sitios. En cuanto al "traje de Corte", hay que entender que se refiere al frac negro con solapes de satín brillante. El frac, en francés "habbit" -y, posteriormente, frac- fue la pieza de vestir masculina que se impuso en Paris en tiempos del Directorio y del Imperio. Como suele pasar en materia de indumentaria, se puso de moda en nuestras tierras después de la invasión napoleónica. En los años veinte del siglo pasado (por XIX) constituía el vestuario masculino más corriente de la nobleza y la burgesía de las ciudades, y no era vestimenta de etiqueta sino de calle. Más tarde, hacia los años cuarenta, fue sustituído por la "levita", y pasó a ser una vestimenta propia de grandes solemnidades y fiestas. Es en este sentido que el Ayuntamiento de Girona lo incorporó como uniforme de su Corporación. En referencia a los colores de los guantes, Pla amplia que las combinaciones que se hacían con los colores blanco y negro de los guantes y la corbata de lazo se ampliaron poco después al incorporar al frac un chaleco que podía ser blanco o negro. Esto comportaba la necesidad de que, por parte del Maestro de Ceremonias, se entregase a cada regidor una relación exhaustiva de como debía vestir en cada ocasión. Pongo un ejemplo: para la función de las cuarenta horas en la Catedral se pondrá corbata de lazo negro, chaleco blanco y guantes blancos. Muchas veces algun regidor no se vestía correctamente y el problema solía resolverse con corbatas, chalecos y guantes que el Maestro de Ceremonias guardaba en el Ayuntamiento o en las mismas Salas Capitulares. Pla finaliza su trabajo dejando constancia de que, en líneas generales, el Ceremonial detallado se mantuvo hasta tiempos en memoria de los lectores. Bibliografia |
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