"Una de las figuras más típicas de Girona es la del Tarlá, un muñeco que colgado de una a otra parte de la calle de la Argenteria, da vueltas durante determinados días del año. Se trata de un muñeco con cabeza de madera y cuerpo de tejido, relleno de serrín.
Su vestimenta ha cambiado durante el paso de los años, últimamente, y desde hace mucho tiempo, va adornado como una especie de juglar, con campanillas a las puntas del sombrero. Tiene unos brazos rígidos, articulados por la espalda, y las manos están fijadas a una barra (antes de madera, ahora de hierro) que se puede hacer girar mediante una manecilla que actúa desde uno de los balcones en los que reposa la barra. Antes, actuaba durante las fiestas de la Argentería, sobre el 28 de agosto, día de san Agustín, patrón de la calle.
Últimamente, las fiestas de San Agustín ya no se celebran y, con el objetivo de conservar la tradición, se cuelga durante las fiestas de primavera de la Rambla y Argentería, alrededor de san Jorge.
La leyenda que justifica su actuación es bien conocida de los gerundenses: En una época en la que la pesta era uno de los temores colectivos más arraigados, por sus mortales consecuencias, un pequeño brote de aquella terrible epidemia se manifestó en la calle de la Argentería donde, como reza su nombre, habían los obradores de los plateros (sinónimo de joyeros) de la ciudad de Girona. Para evitar los posibles contagios al resto de la ciudad, la calle fué puesta en cuarantena y cerrada a cal y canto por sus dos extremos con un cerramiento hecho de cañas, que también se puso en las puertas y ventanas porqué se creía que impedian la transmisión de la pestilencia. Y durante todo el tiempo en el que los vecinos se vieron obligados a permanecer aislados, sin poder salir hacia los otros barrios, las largas horas de tristeza y aburrimiento fueron amenizadas por la actuación de un personage popular llamado el Tarlá, que hacía piruetas en medio de la calle, como los acróbatas del circo. Para recordar el simpático personage, se construyó posteriormente un muñeco que, colgado de una barra giratória, imitaba las volteretas de su antecesor de carne y hueso.
La figura del Tarlá se convirtió en algo muy querido por los gerundenses por su carácter alegre y nada protocolário y ha sido siempre en Girona símbolo de alegría y diversión."...
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